En un contexto donde la salud mental de adolescentes y jóvenes se ha convertido en una problemática social urgente, el Instituto Morelense de las Personas Adolescentes y Jóvenes (Impajoven) ha intensificado sus acciones para prevenir el suicidio, a través de pláticas, talleres y orientación directa en instituciones educativas del estado.

Estas actividades, impulsadas por el director general del Instituto, Rodrigo Heredia del Orbe, se realizan en el marco del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, conmemorado cada 10 de septiembre desde 2003 por la Organización Mundial de la Salud (OMS). El objetivo es claro: ofrecer herramientas de contención emocional y fortalecer los canales de apoyo institucional para quienes atraviesan momentos de crisis.

El suicidio en personas jóvenes no es un hecho aislado, sino un reflejo de problemáticas sociales más profundas: depresión no diagnosticada, violencia familiar, discriminación, adicciones o falta de redes de apoyo. En Morelos, los entornos escolares se han identificado como espacios clave para detectar señales de alerta y canalizar a tiempo los casos de riesgo.

Ante esta realidad, Impajoven ha buscado no solo informar, sino establecer vínculos de confianza entre las juventudes y las instancias que pueden ayudarlas, promoviendo el mensaje de que pedir ayuda no es una debilidad, sino un acto de valentía.

“El suicidio puede prevenirse si las y los jóvenes saben que no están solos, que existen instituciones y personas dispuestas a escucharles y orientarles”, señaló Heredia del Orbe, quien también informó que Impajoven mantiene líneas telefónicas activas para brindar atención directa: 777 313 84 60 y 777 317 90 01.

Especialistas en salud mental subrayan que hablar del suicidio de forma abierta, informada y empática es uno de los primeros pasos para combatir el estigma que impide que muchas personas pidan ayuda. Por ello, el enfoque comunitario e interinstitucional resulta esencial para construir entornos más seguros para la juventud.

En 2024, Morelos tuvo una tasa de 6.2 suicidios por cada 100 mil habitantes, apenas por debajo del promedio nacional. Aunque no se encuentra entre los estados con mayores cifras, el problema persiste y afecta especialmente a jóvenes y adultos entre 15 y 44 años, quienes concentran la mayor parte de los casos, según datos del INEGI.

La mayoría de los suicidios ocurrieron dentro de los hogares y en el 85 % de los casos, el método fue por ahorcamiento. Estas cifras reflejan más que un número: muestran una realidad silenciosa que urge ser atendida desde las familias, las escuelas y las instituciones. La salud mental sigue siendo una deuda pendiente, y su abandono puede costar vidas.

Angélica Estrada