

¿Te imaginas qué pasaría si unimos el arte con la tecnología? Podríamos viajar en el tiempo… aunque no de una manera física, sino a través del conocimiento y los recuerdos. Tal es el caso del artista Víctor Prados Pinto, quien gracias a sus investigaciones y experimentaciones ha logrado construir un disco con las nuevas tecnologías, y capaz de reproducirse en un fonógrafo.

El artista Víctor Prados Pinto compartiendo su archivo de experimentación para reconstruir el pasado. Foto: Malu Medina
Cuenta con un archivo de experimentación en cuanto al registro de sonido mecánico analógico. Son experimentos que él ha realizado a través de métodos sustractivos y métodos aditivos —es decir, a partir también de nuevas tecnologías— para recrear el formato de registro de sonido mecánico analógico, o sea discos de fonógrafo.
Pero ¿cómo lo logra? Investigando y experimentado a través de diferentes procesos con nuevas tecnologías: “Bueno, tengo un archivo de audio. Ese archivo de audio lo convierto en un código numérico y después lo convierto en una representación tridimensional, y con eso yo puedo generar estos discos en diferentes materiales como vidrio, resinas fotosensibles acrílico obsidiana y mucho más”, explicó. Pero eso no es todo, pues el archivo de audio se tiene que grabar de una manera especial ya que estamos hablando de conversiones, por lo que la velocidad debe estar adaptada para un fonógrafo.

Para crear estos discos, tiene que hacer un proceso de adaptación. Esta imagen es parte de dicho proceso; un paso antes de modelar en 3D. Foto: Especial

Modelado 3D para crear un disco que se puede reproducir en un fonógrafo. Foto: Especial

Arte y tecnología
Para Víctor Prados, el arte no es solo una expresión contemporánea, sino una travesía que conecta la historia con la tecnología. Su interés por los medios antiguos comenzó hace más de veinte años, en casa de su abuela, donde un mueble peculiar llamó su atención. Según Prados, a simple vista parecía parte del mobiliario común, hasta que su padre le reveló su verdadera función: era un artefacto que desafiaba a los medios dominantes del momento —televisores, radios, VHS, etc.—, un dispositivo que podía reproducir música a partir de unos discos que no eran vinilos, aunque se les parecían…
Un brinco a lo retro
Víctor cuenta, para La Jornada Morelos, un poco de la historia de estos registradores de sonido y derivados, cuya historia ha investigado y aprendido para poder realizar su arte sonoro: “eran discos gruesos, con materiales diversos según la patente”, anteriores incluso al clásico vinil, una especie de ancestros sonoros. No eran los Edison Diamond Disc de 1912, pero sí algo similar, algo igualmente asombroso. Aquel mueble escondía un fonógrafo: un aparato robusto, con una tornamesa pesada y un amplificador que se extendía como un cuerno metálico. En esa época, los objetos se fabricaban para durar. Como decía Henry Ford sobre sus automóviles, un Ford debía durarte toda la vida. Y lo mismo aplicaba a estos aparatos que, más de cien años después, siguen funcionando.
La aguja que hacía sonar esos discos podía ser de diamante, de zafiro o de otros materiales, dependiendo del tipo de fonógrafo. Pero el verdadero viaje no es solo técnico, sino histórico. Edison fue quien logró por primera vez grabar y reproducir sonido sobre un soporte: cilindros recubiertos de cera o papel tipo aluminio. Su invención permitía registrar la voz y luego reproducirla, una extensión de su teléfono, más que un dispositivo musical. Tiempo después, Emile Berliner revolucionó ese principio al diseñar el gramófono y sustituir el cilindro por un disco plano. Esa simple modificación transformó por completo la industria sonora: los discos eran más fáciles de replicar y distribuir.
Los primeros se hacían con shellac, una goma laca combinada con otros polímeros naturales, diferente al vinil que hoy conocemos. El proceso era similar al de la producción musical actual: se creaba un disco maestro y luego se generaban múltiples copias.
Reconstruir el pasado
El gramófono que marcó a Víctor fue un Edison Diamond Disc. A partir de ese objeto ha desarrollado una línea de investigación artística que él llama arqueología de medios: no solo rescatar la historia de los dispositivos, sino reflexionar sobre su impacto, usos y proyecciones. ¿Qué significa tener en tus manos una tecnología cuya función inicial no era la que terminó dándole sentido? Edison imaginó su fonógrafo como un registrador de llamadas, no como un reproductor de música. Sin embargo, otros actores como Columbia o RCA Víctor vislumbraron su potencial comercial en la industria musical, y lo reinventaron.
Ahí es donde Víctor encuentra su punto de partida: cómo un invento puede liberarse de su función original y adquirir nuevos significados. Lo mismo ocurre hoy con la inteligencia artificial —dice—: puede alimentarle con datos y lograr que Will Smith coma spaghetti, incluso puede generar tesis doctorales. La pregunta, para Víctor, en ambos casos es la misma: ¿para qué me va a servir esta tecnología? Y a partir de ahí, se abre su mundo.
En su trabajo artístico, ese cruce entre lo técnico, lo histórico y lo poético se convierte en un espacio de exploración. Porque para Víctor Prados, el arte es eso: un fonógrafo abierto, un disco que gira, una voz antigua que aún resuena y que nos mueve a reflexionar sobre nuestras tecnologías.

Fonografías atemporales: una creación de discos de fonógrafo hechos con nuevas tecnologías. Foto: Especial

