El auge de los murales en el territorio mexicano se dio a inicio de la posrevolución, gracias a los que fueron pintados en un modelo de colaboración interinstitucional. Los artistas plásticos jugaron un papel muy importante en el proceso de la reconstrucción de la nación, porque aportaron su trabajo e ideas; sus pensamientos contribuyeron a la creación y discusión de algunos grandes temas nacionales como la definición de la mexicanidad y otros problemas sociales.

En ese momento, el muralismo era un medio de comunicación que brindaba identidad a las personas que habitaban el territorio mexicano, ya que el acceso a la educación era muy complicado y muchas personas no sabían leer o escribir. Por ello, los murales que creaban fueron una de las herramientas más populares para la construcción de identidad.

Dentro de la misma línea, el artista Ricardo Guzmán Wolffer realizó una donación de 3 murales didácticos a la fundación Nuestros Pequeños Hermanos, en Cuernavaca y Miacatlán. El objetivo de estas pinturas es involucrar en esta actividad a los jóvenes y niños que habitan la fundación, a la par de demostrar que esta expresión artística aún vive en México, expuso el artista en entrevista para La Jornada Morelos.

“En los murales que he hecho para la fundación Nuestros Pequeños Hermanos hago una aportación a esa tradición nacional; mostrar a los jóvenes que el arte está fuera de las redes sociales y que sigue funcionando para todos; enfatizar en la importancia de los valores propios de la fundación y su utilidad en la vida diaria; además de establecer la importancia de la vida espiritual, esa ajena al materialismo pasivo o la existencia vacua.”, afirmó el muralista.

Decidió utilizar el muralismo debido al contexto histórico que tuvo hace 100 años: “Creo que el muralismo es una herramienta muy mexicana que durante muchos años ha servido para hacer acercar al público regular, sin importar la instrucción académica, a ciertos conceptos, a veces del estado mexicano, de entidades religiosas y hasta deportivas.”, puntualizó Ricardo Wolffer.

Él trazó un boceto de la pintura, y algunos niños ayudaron a pintar los dos murales que realizó en Miacatlán. La misma dinámica planeaba para para el mural en Cuernavaca, sin embargo, el tipo de pared y los materiales con los que contaba para este tercer lugar, resultaron demasiado difíciles de manejar tanto para él, como para los niños. Se trataba de unos plumones acrílicos especiales para grafitear que logran un efecto de tercera dimensión. Él optó por usar este material porque le dan una textura diferente al mural, en comparación de otras pinturas.

Esto no fue impedimento para lograr una obra que representa los valores de la fundación. Este mural lleva por nombre “El camino”. Está compuesto por varias líneas de 6 colores: Las rojas representan el valor de servir a los demás y a uno mismo; las plateadas significan la confianza en los demás y en uno mismo; las moradas significan la hermandad que se da al convivir con nuestros semejantes; la línea verde es la responsabilidad sobre nosotros mismos y nuestras emociones; la línea negra es la gratitud por lo que recibimos; y la línea azul es la alegría de vivir.

“Antes de llegar al triángulo, las líneas van llenas, cargadas: simbolizan lo que puede ser un peso para la persona. Cuando estos conceptos pasan a través de las virtudes teologales (triángulo: fe, esperanza y caridad) los valores se viven distinto (son livianos, confortan) hasta llegar a la figura geométrica perfecta (el círculo) que es el amor en Dios.”, explicó Ricardo Wolffer.

Esta fundación además de ayudar a niños huérfanos y víctimas de violencia intrafamiliar, los apoyan para sus estudios desde el preescolar hasta la universidad “si el muchacho tiene aptitudes”, y en caso de que no continúen sus estudios después de la prepa, buscan un trabajo relacionado a sus gustos y habilidades.

Mural diseñado y organizado por Wolffer, pintado por niñas y niños de la fundación “Nuestros pequeños hermanos” en Miacatlán. Foto: Ricardo Wolffer.

Mural donado por Wolffer en la fundación “Nuestros pequeños hermanos” de Cuernavaca. Foto: Ricardo Wolffer.

El artista y los pequeños nuevos pintores de Nuestros Pequeños Hermanos trabajando en el mural de Miacatlán. Foto: Cortesía

Malu Medina