SAPAC, la crisis que viene

El cabildo de Cuernavaca autorizó este viernes al Sistema de Agua Potable y Alcantarillado (SAPAC) un préstamo temporal por nueve millones de pesos para cubrir un adeudo con la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y evitar con ello el corte de energía a pozos y las afectaciones consecuentes en el abastecimiento a los usuarios de la ciudad.

Si bien el monto es pagable por el sistema operador, “una vez que el Banco del Bienestar restituya al organismo nueve millones 086 mil 600.25 pesos, correspondientes a la garantía depositada por SAPAC en el marco del Juicio Oral Mercantil 280/2024, ante el Juzgado Quinto de Distrito, del cual ya se ha ratificado el desistimiento”, según informó el propio ayuntamiento; el requerimiento financiero vuelve a dirigir las miradas y la preocupación ciudadana sobre los problemas, nada menores que atraviesa el sistema de agua y que ven desde el colapso de la infraestructura, ahora de drenaje, hasta los conflictos laborales que se han acumulado en los últimos cinco meses.

En el terreno de los trabajadores, el director del SAPAC, Arnoldo Heredia, niega la existencia de emplazamientos a huelga, asegura que se han mejorado las condiciones laborales, pero reconoce que la administración aprieta a los trabajadores y no les permitirá “secuestrar la operatividad”. Y si bien el directivo podría tener la razón, la parte sindical y la propia representación jurídica del sistema han acudido a audiencias conciliatorias respecto a emplazamientos a huelga depositados en el Tribunal Estatal de Conciliación y Arbitraje.

Las peticiones de los trabajadores, por supuesto, impactan el delicado equilibrio financiero del organismo operador en dos sentidos; uno es la dotación de prestaciones que les habían sido suspendidas en administraciones anteriores y que representan una carga al presupuesto; y el otro la demanda de basificación de trabajadores que se representaría un aumento más o menos significativo al gesto corriente.

En paralelo, las primeras lluvias han convertido en emergente la atención a un problema que ya se conocía, pero se mantenía con atenciones solo ocasionales: la antigüedad y diseño equívoco de una parte de la red de drenaje de la ciudad ha provocado, en los primeros días de precipitaciones, la formación de por lo menos cuatreo socavones. Por lo menos en uno de ellos, según informó el propio SAPAC, la “tubería” desapareció por completo degradada por su antigüedad. Se ha encontrado también que parte del drenaje era “artesanal” y se construía a partir de la conversión de canales de riesgo en vías para la disposición de aguas residuales, lo que significa un riesgo mayor de hundimientos.

La atención a estos problemas en el drenaje, junto a los que ya se enfrentan para mejorar paulatinamente la red de agua potable, significan recursos millonarios para un organismo operador que apenas tiene para mantener su relación de ingreso-gasto de forma más o menos equilibrada.

Si a ello se suma la cantidad de tomas clandestinas que reciben agua potable sin pagar y que el SAPAC intenta regularizar, y la enorme cartera vencida del organismo, llama mucho la atención que, a diferencia de otros entes públicos que procuran modernizar y facilitar la regularización y el pago de contribuyentes y usuarios a fin de fortalecer su recaudación, en el caso de SAPAC no se ponga atención en sistemas de bancarización para facilitar la vida y estimular la regularización de los usuarios.

Como pintan las cosas, de no mejorar en muy corto tiempo, el SAPAC enfrentará, muy pronto, una crisis de proporciones mayúsculas, algo que no quiere el ayuntamiento, pero tampoco las decenas de miles de usuarios.

La Jornada Morelos