
Clara Viviana Meza
El Día de la Candelaria no sólo es el compromiso de cumplir con la tamaliza para quien le tocó el «niño» en la Rosca de Reyes, en este siglo XXI se mantiene como un acto de fe vivo y una de las tradiciones más arraigadas que sigue reuniendo a cientos de católicos, quienes desde muy temprano visitan su iglesia más cercana para bendecir su imagen de Dios, en algunos casos restaurada, y con ropones nuevos, para mantener la proyección y esperanza en este año que comienza.
En su mayoría mujeres, ellas son quienes más acuden al llamado católico; sin embargo, también se pueden ver hombres, infancias y jóvenes, quienes van conociendo más la celebración que ha logrado pasar de generación en generación. Tal es el caso de las hermanas, de Evelyn y Valeria Romero, de 12 y 19 años, respectivamente, quienes compartieron que su prima fue quien les regaló la imagen y es el primer año que lo visten y acuden para bendecir su «bebecito».
«También trajimos al niñito que nos regalaron el año pasado; ya tenemos dos. Nos nace traerlos porque crece nuestra fe y nos hace feliz traerlos a misa; es algo bonito. Yo le agradezco a mis papás por acercarnos a la iglesia y yo invito a los jóvenes a qué se acerquen más porque nos ayuda a crecer mucho personalmente y resolver los problemas que todos los días enfrentamos», dijo Valeria Romero.
Por su parte, Fernanda Trujillo, de 27 años, afirmó que tiene cerca de una decena de imágenes del Niño Dios que tanto ella ha adquirido y que le han regalado sus tías, inclusive uno directo de Belén, las cuales coloca en una canasta para recibir la consagración.
«Me gusta traerlos porque cada año también se bendicen las velas y es algo muy tradicional. Yo soy monaguilla y les digo a mis amigas si quieren ser madrinas para que los vistan y las invito a la iglesia como una forma también de acercarlas y conozcan las tradiciones», compartió.

Por su parte, Erika Flores, de 50 años, relató que cada año se le cambia de ropón y cuando se raspa o se rompe se lleva a reparar y, en algunos casos, se le viste de santo, doctor, «o de lo que yo vea que necesito o necesité a lo largo del año para que nos bendiga en la casa y lo traigo para que nos ayude con su bendición».
«Este niño es de mi hija y ya tiene como 25 años que se lo regalé. Ella cuando tenía un año y ocho meses se quemó un poco de una parte de la cara y abajo del ojo y entre la nariz le quedó una pequeña cicatriz, misma que se le hizo a la imagen, pero como lo lleve a restaurar se le quitó un poco, pero con el paso del tiempo le vuelve a salir, así lo lleve yo a componer. No sé a qué se deba, pero yo atribuyo a que como es de ella, en mi pensamiento es una forma en la que comparten el mismo dolor», finalizó.

