

Apenas de asoma octubre y los campos y viveros de Morelos comienzan a teñirse de un resplandeciente naranja que se extiende entre surcos y macetas. Es la temporada de cempasúchil, que impregna el aire con un aroma dulce que anuncia la llegad de nuestros difuntos. Símbolo profundo de nuestras tradiciones, esta flor ha acompañado el lazo que nos une a la memoria de quienes ya no están.
La flor de Cempohualxochit, como se le conoce por su nombre en náhuatl, representa el camino que guía a las almas durante las ofrendas del Día de Muertos. Que cada 1 y 2 de noviembre regresan a casa para reencontrarse con sus familiares, quienes le reciben con altares llenos de sus manjares favoritos y adornados con senderos de los pétalos anaranjados del cempasúchil que, según se cree, guardan la luz del sol.
Su nombre científico es Tagetes erecta L. y, como indica su raíz náhuatl cempohualli (veinte) y xochitl (flor), se traduce literalmente como “flor de veinte pétalos”. En realidad, no se trata de una sola flor, sino de un conjunto de flores diminutas agrupadas en cabezuelas.
Esta tradición milenaria, reconocida en 2008 como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, es resultado de largos procesos culturales y presenta características particulares en cada región del país. En todas ellas, el cempasúchil ha sido un pilar para mantener viva esta festividad que honra la muerte como un reencuentro.
El colibrí y la flor
Cuenta la leyenda que Xóchitl y Huitzilin, dos jóvenes enamorados, prometieron amarse bajo la mirada de Tonatiuh, el Dios del Sol. Él partió a la guerra y nunca volvió; ella, consumida por la tristeza, imploró a Tonatiuh que los uniera en la eternidad. El dios, conmovido por su ruego, dejó caer un rayo dorado sobre ella, transformándola en una hermosa flor de color amarillo intenso. Tiempo después, un colibrí atraído por el inconfundible aroma de esa bella flor se posó sobre sus hojas. Inmediatamente, los veinte pétalos de la flor se abrieron, revelando su color radiante y aroma intenso; Era el cempasúchil, que había reconocido a su amado reencarnado en un colibrí.

Desde entonces, dice el mito, mientras existan colibríes y florezca el cempasúchil en los campos, el amor y la memoria no morirán.
Domesticación y primeros registros
Originaria de Mesoamérica, la Tagetes erecta L. es una especie domesticada desde tiempos prehispánicos. Los primeros registros de su uso datan del siglo XVI, descritos en textos coloniales como el Códice De la Cruz-Badiano, considerado el texto más antiguo de Medicina en América, escrito por el médico nahua Martín de la Cruz; el Libro de Historia Natural de la Nueva España de Francisco Hernández; y en el Códice Florentino (tomo III), de fray Bernardino de Sahagún. Donde describió sus usos en rituales funerarios y la conexión espiritual de los pueblos originarios con el ciclo de la vida y la muerte; además de detallar métodos de cultivo.
De acuerdo con el etnobotánico de la UNAM Leonardo Beltrán Rodríguez, los europeos conocieron el cempasúchil tras su llegada al continente americano y lo dispersaron por el mundo, al grado de que durante siglos se creyó que era originario de África. Por lo que también se le conoce como marigold de África, aunque su verdadero origen es mesoamericano.
Una planta con raíces
México cuenta con 38 especies nativas de cempasúchil, de las 58 especies endémicas documentadas en América, según el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP). Aunque esta flor también se cultiva, para otros usos, en países como Estados Unidos, Rusia, China, India y Holanda; México sigue siendo uno de los principales países en la producción ornamental y por su alto valor simbólico.
A nivel nacional y de acuerdo con datos del Sistema de Información Agroalimentaria y Pesquera de la Federación (SIAP), Morelos se mantiene en el séptimo lugar en producción de esta flor. Destacando Cuernavaca por sus cultivos de la flor ornamental (maceta), gracias a la abundancia de viveros. En tanto, Jiutepec, Cuautla, Emiliano Zapata y Tepoztlán concentran la mayor parte de la producción de flor de corte. También sobresalen municipios como Jantetelco, reconocido por su flor de terciopelo, así como Mazatepec, Tetecala, Temixco y Coatlán del Río, donde también se siembra el cempasúchil.
Morelos se ubica entre los cinco principales productores del país de la flor de terciopelo, o celosía, utilizada en las ofrendas por su color rojo carmín, símbolo del duelo y del vínculo con lo divino.
En el estado se cultivan principalmente dos variedades: el “clemolito”, con matices que van del amarillo pálido al anaranjado jaspeado y el “africano o marigold” de cabezuela grande y color intenso. Ambos tipos, no solo sostienen la economía de decenas de familias productoras, también representan herencia e identidad del campo morelense.
Producción de plantas en el estado
Si bien para este 2025, de acuerdo con la Secretaría de Desarrollo Agropecuario (Sedagro), la producción para flor de corte mantiene una base sólida con 50 hectáreas que generarán aproximadamente 590 toneladas, y Jantetelco concentrando 25 hectáreas sembradas de celosía; el verdadero motor económico de la temporada proviene de la flor en maceta.
Para cubrir la demanda de este ciclo, la dependencia estimó una producción que superará los seis millones de plantas en maceta. Cifra que involucra a más de 500 productores, entre ellos familias con una larga tradición en el cultivo ornamental y nuevos productores que se han incorporado a la cadena productiva.
Tetela del Monte, el corazón del cempasúchil
En los altos de Cuernavaca, al subir por las calles empinadas del poblado de Tetela, unos metros más adelante del campo deportivo, en la calle Popotla, se encuentra Tierra de Viveros, el espacio de trabajo del ingeniero Juan Gabriel Pérez Reynoso, representante del Sistema Producto Ornamental de Cuernavaca.
Quienes ya habrán ido a comprar alguna planta en los viveros de Tetela, sabrán la amabilidad con la que recibe su gente, así Juan recibió a La Jornada Morelos en su vivero. Durante la charla compartió que la producción de esta flor no solo encierra historia y tradición, sino también es fuente de vida para la comunidad.
“Gracias a esta actividad, el índice de violencia ha bajado, porque hay trabajo todo el año. Cada productor genera dos o tres empleos indirectos, y eso sostiene a la economía de cientos de familias”. Además, “los jóvenes van despertando un aprecio por la naturaleza y el campo. Muchos de ellos estudian una ingeniería y aplican sus conocimientos en los viveros de sus familias”, expresó.
Un campo capacitado
Con más de 400 productores activos del Sistema Plantas Ornamentales de Cuernavca, distribuidos en colonias como Chapultepec, Acapantzingo, Chamilpa, Ocotepec, Aguatepec, Santa María y Tetela del Monte; señala que son alrededor de unos 80 productores los que se dedican al cempasúchil. Con una producción que “supera las 800 mil plantas por temporada, solo en Tetela”.
Juan refiere que este crecimiento es gracias a un proceso de capacitación constante, dice: “Tenemos tres años recibiendo diversos tipos de cursos. Nos visitan especialistas nacionales y de otros países, y eso ha permitido que los productores aprendan y mejoren sus técnicas. Actualmente el Gobierno del estado ha venido a capacitarnos sobre producción sustentable”, añadió.
Entre los compradores que buscan el cempasúchil de Tetela el ingeniero mencionó a Taxco, Iguala, Puebla, Ciudad de México y Estado de México: “Aunque en esos lugares también producen, buscan nuestra flor porque dura más y conserva mejor su color. Los fines de semana se satura de visitantes de Cuernavaca y de todo el estado”.
Productores que rescatan el cultivo criollo
Hace poco más de dos décadas, comenta Juan, que se “estableció la siembra del cempasúchil”. Sin embargo, una de las familias pioneras en este cultivo fue la de Lidia Vázquez, que sigue con la tradición familiar desde hace 40 años: “Cuando llegamos no había calles ni agua”, comparte, “hasta que mi esposo consiguió una concesión de Aguas Nacionales para la parte alta de Tetela y así empezó el desarrollo de nuestro vivero La Macadamia”.
Para esta temporada la familia de Lidia sembró cerca de 20 mil plantas, pero las ventas enfrentan nuevos retos. A la competencia de productores de Guerrero y el Estado de México “que traen a vender su flor acá”, se suma la llegada del cempasúchil chino, más barato y de apariencia más vistosa, aunque menos resistente. “Nosotros sacamos nuestra propia semilla, lo que llamamos cempasúchil criollo o clemole. Ese todavía conserva lo nuestro, su aroma y su color, el verdadero cempasúchil mexicano”, señaló.
Frente a la competencia de afuera y de los revendedores, Lidia invito a los morelenses a comprar directamente de los productores locales que continúan sembrando la flor criolla. “Nuestro cempasúchil cuestan solo unos pesos más que la flor china, no podemos bajar más los precios porque es el trabajo de meses”, destacó.
Esta semana empieza la venta fuerte del Cempasúchil, y si buscas una flor de calidad, sembrada con cariño y de alta durabilidad, la mejor opción es la de nuestros productores morelenses. Como bien se despide Lidia y Juan “lo importante es que el sol salga para todos y que todos los productores tengamos una buena venta este año.”

Cada Día de Muertos, el cempasúchil ha acompañado el lazo entre los difuntos y sus seres queridos; guiándolos e iluminando el camino a su ofrenda. Foto: Jazmin Aguilar

Llegando octubre, los campos y viveros del estado se tiñen de naranja, marcando el inicio de la temporada del cempasúchil. Foto: Jazmin Aguilar

El clemolito es considero el cempasúchil nativo, con el que tradicionalmente se adornan los panteones. Foto: Jazmin Aguilar

Se dice que la flor de terciopelo simboliza el duelo y el puente con lo divino. Foto: Jazmin Aguilar
En Tetela también se cultivan celosías o flores de terciopelo, que representan alrededor del 10 por ciento de la producción. Foto: Jazmin Aguilar
Juan Gabriel Pérez Reynoso es representante del Sistema Producto Ornamental de Cuernavaca, invitó a comprar a los productores de Chapultepec, Acapantzingo, Chamilpa, Ocotepec, Ahuatepec, Santa María y Tetela del Monte. Foto: Jazmin Aguilar
Solamente en Tetela se estima una producción de 800 mil plantas de cempasúchil. Foto: Jazmin Aguilar
En el vivero de Lidia Vázquez puedes encontrar desde 20 pesos el clemolito en maceta chica, 25 pesos la de bola, 30 pesos la de siete pulgadas, 50 pesos el colgante y hasta 100 pesos los macetones. Foto: Jazmin Aguilar
Foto: Jazmin Aguilar

Esta temporada también beneficia a los animales polinizadores como las mariposas, abejas y colibríes. Foto: Jazmin Aguilar
Lidia Vázquez, con 40 años en el cultivo, conserva la semilla criolla de cempasúchil en su vivero La Macadamia. Foto: Jazmin Aguilar

La flor clemolito en tonos jaspeados. Foto: Jazmin Aguilar

Foto: Jazmin Aguilar

Foto: Jazmin Aguilar
Los altos de Tetela del Monte. Foto: Jazmin Aguilar

