*Unos fueron creados por gobiernos; otros por profesores, sacerdotes, coleccionistas y artistas.

*Algunos guardan piezas con más de 2 mil 500 años; otros muestran arte electrónico, inmersivo y conceptual.

* Cada uno genera memoria colectiva, actividad económica, educación informal y participación comunitaria 

Antimio Cruz

Si una persona viajara Morelos, solamente para visitar museos, al regresar a casa podría decir frases como: “Fui a visitar el castillo más antiguo del continente americano: el Palacio de Cortés, construido en 1526”; o, “Fui a Chalcatzingo a conocer la roca Puerta al inframundo, tallada por los olmecas hace 2 mil 500 años”; o, “Fui a Cuernavaca, a Casa Gaia, el único museo de México que tiene un mural sumergible creado por Diego Rivera para una alberca”, o, “Fui al Museo de Ciencias de Morelos, a mirar una esfera que gira y muestra cómo se mira el planeta Tierra desde los satélites de la NASA, en tiempo real”.

Esa visitante o ese visitante, amante de los museos, también podría decir cosas como: “Fui a Morelos porque es donde está el único Jardín Etnobotánico de nuestro país, en la Casa de la India Bonita, en Acapantzingo”; o “Allá en Cuernavaca hay un jardín público con árboles grandes, estanques y esculturas monumentales de bronce del artista Juan Soriano, en el Museo Morelense de Arte Contemporáneo”; o “Fui hasta Chinameca y Anenecuilco a conocer los muebles, la casa y la ropa con la que murió el General Emiliano Zapata”.

Las frases descriptivas ilustran que sí es posible y muy atractivo viajar a Morelos exclusivamente para conocer museos; principalmente cuando se tiene una mente curiosa y un espíritu sensible.

En esta entidad de la República, habitada por casi 2 millones de personas, existen más de 43 museos. Algunos son muy pequeños y sobreviven gracias al empeño de los habitantes de su localidad, como el Museo del Chinelo, en Yautepec, o los museos comunitarios de Chimalacatlán, Tlaquiltenango, Totolapan o Atlatlahucan. También hay recintos creados por coleccionistas, donadores o patronatos privados, como los museos Casa Gaia, Robert Brady y Papalote. Además, están los grandes museos de historia, arte y ciencia, financiados por institutos, universidades o gobiernos federal, estatal y municipales, como el Palacio de Cortés, la Ex Hacienda de Chinameca, el Jardín Borda, el Juan Soriano, la Casa de la Tierra y la Casa de José María Morelos en Cuautla, entre otros. Cada uno de ellos encierra una historia y cada uno es un regalo para la gente: por el esfuerzo altruista detrás de su nacimiento y por el enriquecimiento mental y espiritual que experimentan los visitantes atentos y despiertos.

En 2025, Morelos celebrará el Día Internacional de los Museos, como lo hacen 158 países y territorios desde 1977.

Si en 2025 el lema del Día Internacional es “El futuro de los museos en comunidades en constante cambio”, en tierras morelenses es correcto decir que el futuro de los museos comienza a definirse con cambios que cualquier visitante puede constatar, por ejemplo: la repatriación de piezas arqueológicas e históricas que habían sido robadas de Chalcatzingo y Cuernavaca; la adopción de nuevas tecnologías audiovisuales en exposiciones de arte, ciencia e historia, en Cuautla, Acapantzingo y Cuernavaca; la renovación de guiones museísticos para recordar la constante interacción de las culturas con su entorno ecológico, en Palacio de Cortés; la profesionalización cada vez más avanzada de los museógrafos, restauradores, guías y custodios, en todas las exhibiciones, y la búsqueda de construir recintos más sustentables, con energía renovable y mejor uso del agua, con el ejemplo del Museo de Xochicalco; que es pionero nacional en ese campo.

Cuatro regalos que dan los museos

La riqueza cultural es una característica de México; incluye a la comida, los festejos, las canciones y los bailes; abarca también los escenarios conservados donde ocurrieron hechos históricos que dieron forma a este tejido social; así como las prácticas e interacciones con plantas y animales, y también las obras fecundantes de artistas y creadores.

Mucha cultura nace y desaparece en tiempo breve, porque es expresión humana, viva y en movimiento. Sin embargo, hay un porcentaje de la creación cultural que se puede conservar, cuidar, compartir y transmitir a quienes llegan de lejos o a quienes vivirán en el futuro. Esa parte de la cultura generalmente habita en los museos.

¿Y cómo ayudan los museos al bienestar de la población? Por lo menos ayudan de cuatro grandes maneras:

1. Fomentan la conexión con la identidad y la historia local: Los museos actúan como guardianes de la memoria colectiva. Al exhibir artefactos, historias y expresiones culturales propias de Morelos, permiten a los habitantes conectar con sus raíces, comprender su pasado y fortalecer su sentido de pertenencia e identidad. Esto es crucial para la cohesión social y el orgullo comunitario.

2. Promueven el aprendizaje y la curiosidad: Los museos son espacios educativos informales que ofrecen oportunidades de aprendizaje para todas las edades. Despiertan la curiosidad, fomentan el pensamiento crítico y amplían el conocimiento sobre diversos temas, desde la historia y el arte hasta la ciencia y la tecnología. Esto contribuye al desarrollo intelectual individual y colectivo, enriqueciendo la vida de las personas.

3. Fortalecen el tejido social y la participación comunitaria: Los museos pueden ser puntos de encuentro y espacios de diálogo para la comunidad. Ofrecen actividades, talleres, exposiciones temporales y eventos que fomentan la interacción social, el intercambio de ideas y la participación ciudadana en la vida cultural de la localidad. Esto ayuda a construir comunidades más unidas y comprometidas.

4. Impulsan el desarrollo económico y el turismo cultural: Éste es un beneficio adicional, pues aunque no actúa directamente sobre el «bienestar» personal, la presencia de museos atractivos puede dinamizar la economía de una localidad al atraer visitantes, generar empleo y estimular el comercio. El turismo cultural no solo aporta beneficios económicos, sino que también realza el valor del patrimonio local y fortalece la imagen de la comunidad.

En Morelos, un campo de trabajo donde se opera con muy pocos recursos, pero con un gran potencial de impacto social son los museos comunitarios. Actualmente se labora para lograr la recuperación paulatina de muchos de ellos, que han sufrido impactos fuertes como el sismo de 2017 (que tuvo su epicentro en Morelos), además del confinamiento por COVID, en el año 2020, sumado a las propias limitaciones y dificultades que implica el hecho de ser recintos conservados y operados por los propios habitantes de una localidad.

La secretaria de Cultura del estado, Montserrat Orellana Colmenares, informó el 22 de abril de 2025 que la actual administración ya ha contabilizado 15 museos comunitarios, que busca apoyar para revitalizar las identidades locales:

“Por supuesto, trabajamos con los museos de sitio, que son parte de la memoria de Morelos y de las diversas transformaciones que ha tenido el estado, y aparte están los museos comunitarios, que cuentan la historia de los pueblos originarios y de las personas afromexicanas. Estamos impulsando un programa que se llama Comunal, en donde ya estamos ubicando museos comunitarios como el Museo de Amatlán de Quetzalcóatl; el Museo Regional Tlahuica, de Axochiapan, y también en Tlaltizapán hay algunos. De esta forma trabajamos para revitalizar la memoria histórica de los pueblos originarios y las comunidades afromexicanas”, detalló Orellana Colmenares, en entrevista con el programa de radio Nuestras Noticias.

Mirada panorámica

Recorrer todos los museos de Morelos es una tarea que tomaría muchos días. La diversidad y dispersión geográfica obliga a desplazarse desde la montaña y el bosque, hasta la selva seca y las regiones de cañaverales y campos de arroz. Faltarán páginas para describir detalladamente lo que cada museo morelense ofrece, aunque algunos datos importantes que vale la pena compartir con los residentes y visitantes del estado son los siguientes:

Museo Robert Brady. Es el museo con las calificaciones más altas en las guías turísticas y aplicaciones, como Trip Advisor. Es una casa colonial, con jardín, alberca, terrazas, y una impresionante colección de arte del siglo XX, que incluye obras de Frida Kahlo, Rufino Tamayo, Diego Rivera y Tamara de Lempicka. La casa, resguardada por un patronato privado, se ubica en el costado oriente de la Catedral de Cuernavaca. Fue la residencia del millonario artista y coleccionista Robert Brady. Los visitantes pueden recorrer todas las habitaciones, salas, baños, cocina y jardines, que tienen los mismos muebles y decorado usados cuando vivía el coleccionista, fallecido en 1986.

Palacio de Cortés. Es el museo más visitado del estado, con una afluencia promedio de 10 mil personas por mes. Fue residencia del conquistador español Hernán Cortés, tras la caída de Tenochtitlán. Actualmente es custodiado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). La robusta estructura militar de roca volcánica, localizada en el centro de la capital de Morelos, contrasta con sus arcos de tipo bizantino. Está cerca de cumplir 500 años, desde que inició su construcción. Fue rescatado y reabierto en 2024, tras siete años con las puertas cerradas por haber sido dañado en el sismo de 2017. Además de presentar piezas arqueológicas olmecas y tlahuicas, el recinto alberga un mural grande de Diego Rivera, que narra la conquista, independencia y revolución mexicanas.

Museo Juan Soriano. Oficialmente llamado Museo Morelense de Arte Contemporáneo, se localiza en Cuernavaca, dentro del antiguo pueblo de Amatitlán. Es un edificio moderno que alberga exposiciones temporales de arte del siglo XXI; desde dibujo, pintura y escultura, hasta instalaciones, videoarte y arte-objeto. En su jardín hay una colección permanente de esculturas de Juan Soriano, representante de la llamada Generación de la Ruptura, posterior al muralismo mexicano. Además organiza numerosos talleres, presentaciones de libros, revistas y cine-club.

Museo de Sitio de Xochicalco. Localizado frente al sitio arqueológico habitado entre los años 600 y 900 después de Cristo. Tiene una construcción innovadora, de bajo consumo de agua y electricidad; pionera a nivel nacional. Alberga objetos de esta ciudad que surgió tras la caída de Teotihuacán y en la que se realizaron importantes observaciones astronómicas y calendáricas. Entre sus esculturas impresionantes, destaca una guacamaya, una cabeza de un chapulín, felinos con la espalda descarnada y una maqueta antigua de la ciudad, tallada en piedra.

Museo ex Convento de Tepoztlán. Es uno de los representantes mejor conservados de los 12 conventos construidos por Frailes dominicos en el siglo XVI y declarados como Patrimonio de la Humanidad, por la UNESCO, en 1994. Alberga murales originales pintados en sus muros, con motivos religiosos, y en sus salas de exhibición hay muchos objetos etnográficos sobre los usos y costumbres de las comunidades actuales. Está localizado en el centro de Tepoztlán.

Museo Histórico Casa de Morelos. Esta casa del siglo XVII, localizada en Cuautla, fue la residencia del líder independentista José María Morelos y Pavón, durante el Sitio de Cuautla, en el que el ejército español estuvo a punto de acabar con los insurgentes. Además de la belleza de la casa y su jardín, el recinto guarda objetos de la guerra independentista, así como documentos e imágenes de Morelos y del posterior levantamiento zapatista, a principios del siglo XX.

Faltan renglones para detallar otros recintos valiosos como el Museo de Arte Sacro; el de Arte Indígena, el de Arte Popular, la Casa de Lázaro Cárdenas, el Papalote Museo del Niño en Cuernavaca, el Museo Calmecac de Atlatlahucan; el Museo del Ex convento en Tlayacapan; la Tallera Siqueiros, el Ex cuartel de Emiliano Zapata, y decenas más.

¿Para qué sirve un museo? ¿Y por qué las personas de Morelos deben sentir que sus museos son tesoros?

Cuando nuestro cuerpo vuelva a ser polvo y nuestras palabras ya no suenen en esta latitud y longitud del planeta, es posible que un poco de nosotros continúe en el mundo; en un museo. Quizás no habrá un recinto enfocado en nuestra historia individual, pero sí podría existir algún refugio para piezas selectas de nuestro tiempo y nuestra idiosincrasia; quizá se rescate y comparta algo que muestre lo que considerábamos bello; algunos rastros de las ideas que nos causaban desvelos; unas pocas reliquias de las creencias en las que depositábamos nuestra fe; trompetas de nuestras fiestas o cazuelas de nuestros almuerzos. Quizás alguien descubra en un museo su identidad, sentido, fuerza y dirección revitalizada.

Datos sobre museos morelenses, para que no te apantallen

El museo más visitado del estado: El Palacio de Cortés, con 10 mil visitantes cada mes.

El museo más ecológico de México: El museo de sitio de Xochicalco, sólo usa energía solar y tiene procesos de tratamiento, ahorro y reutilización del agua

Patrimonio de la humanidad: La ruta de los 14 conventos construidos en Morelos en el siglo XVI

El museo subterráneo: La Galería de arte moderno El Cubo, en el Museo Juan Soriano

El mural subacuático: La Diosa Gaia, realizado por Diego Rivera en el actual Museo Casa Gaia

La casa de un coleccionista: El domicilio de Robert Brady con obras de Khalo, Tamayo, Rivera, Lempicka y Guggenheim

La Jornada Morelos