

Por lo menos la mitad de los puentes peatonales de Cuernavaca deben sustituirse pues no resuelven el problema de seguridad para niños, adultos mayores y personas con discapacidad, la idea de construir un paso elevado sobre la avenida Emiliano Zapata en Tlaltenango es parte de la búsqueda de rescatar la ciudad para los peatones, aseguró a La Jornada Morelos, Demetrio Chavira de la Torre, secretario de Desarrollo Urbano y Obras Públicas de Cuernavaca en entrevista exclusiva con La Jornada Morelos.
Una historia de buena voluntad en la que todo salió mal
La charla comienza con el escándalo convertido en anécdota que provocó la maña construcción de una tope en la zona de referencia. El tope de Tlaltenango, nos explica, es una historia de buena voluntad en la que todo salió mal.
Una empresa donó la obra a la ciudad de Cuernavaca, se suponía que sería un paso peatonal elevado, entre la primaria 18 de marzo, una de las más concurridas de la ciudad, y la Iglesia de Tlaltenango, ubicada justo enfrente. La donante contrató a otra empresa para construir el paso, pero la constructora no cumplió con las especificaciones: las rampas de acceso no tenían la extensión especificada en lugar de 2 metros tenían solo 60 centímetros, y si bien la altura era la adecuada (al nivel de la banqueta), el escaso espacio de acceso provocaba daño a los vehículos. Frente a ello, después de la inspección a la obra donada, se determinó su demolición y sustituirla para que cumpla con su función adecuadamente.
Hay un puente peatonal ahí mismo… pero es inútil
La anécdota, sin embargo, logró abrir el debate público a algo mucho más importante; la recuperación de la ciudad para quienes por gusto u obligación deben caminarla, y con ello, la necesidad de sustituir la mitad de los doce puentes peatonales que resultan inoperantes en Cuernavaca y se han convertido en espacios solo “para colocar publicidad”, reconoce Demetrio Chavira.

En efecto, a solo unos metros de donde se proyectó el paso elevado de Tlaltenango hay una estructura muy notoria, aunque estrecha en las escaleras de ambas aceras que durante muchos años ha servido como una suerte de pizarrón publicitario, aunque se inauguró hace décadas como puente peatonal.
“Los puentes peatonales no son incluyentes… hay adultos mayores, hay niños con mochilas, hay personas con problemas de movilidad que no los pueden usar”, dice y probablemente uno de los mejores ejemplos de la incompetencia de los puentes vehiculares sea justo el de Tlaltenango, con muy estrechas e inclinadas escaleras, y un pasillo también muy delgado, así que la gente atraviesa la calle por el arroyo vehicular lo que, considerando la irresponsabilidad de decenas de automovilistas que circulan sin precaución y a una velocidad que no les permite frenar a tiempo, se vuelve un riesgo enorme para los peatones que suelen ser mayoría.
Así que el paso elevado en Tlaltenango es obligado para permitir que los vehículos no sufran daño, pero sí deban reducir la velocidad y que quienes transitan a pie puedan atravesar la avenida a salvo. Pues la obligación del Ayuntamiento es garantizar siempre la movilidad para todos en la ciudad, advierte.
Y hay otros que deben suplirse
En Cuernavaca hay alrededor de 12 puentes peatonales, cuatro de ellos federales que cumplen con las características necesarias de accesibilidad, “tienen hasta rampas”; por ejemplo, los tres del Paso Exprés. Pero otros deben sustituirse, por ejemplo, uno de los ubicados frente al hospital del Instituto Mexicano del Seguro Social de la avenida Plan de Ayala, que no permite el tránsito peatonal ni en silla de ruedas por las guarniciones que tiene; ahí también se debe sustituir con un paso peatonal, explica Chavira de la Torre.
Otro caso es el de Chipitlán, frente a la secundaria federal número cuatro, cuyas características también impiden el uso peatonal; por lo que tendrá que sustituirse.
De anécdota a ejemplo para la ciudad
Hoy lo que se atiende es rehacer el paso peatonal de Emiliano Zapata en Tlaltenango con los requerimientos técnicos que permitan su uso. “Y con ése estaremos evaluando la posibilidad de seguir buscando puntos en la ciudad en los que beneficiemos al peatón”.
La idea es que la ciudad tenga una infraestructura municipal correcta y rescatarla para quienes la caminan, explica.
Reconoce que el debate en torno a los puentes peatonales, que benefician a los automovilistas agilizando sus recorridos; y los pasos peatonales elevados, que favorecen el tránsito a pie, se presenta porque al momento la ciudad no tiene alternativas evidentes que permitan ver que los pasos elevados no generan tráfico ni afectaciones al tránsito vehicular, “por eso están un poco molestos; pero cuando terminemos este ejemplo y las rampas sean suavizadas para que los vehículos no tengan ningún daño, pero sí una reducción de velocidad, estarán entendiendo que podemos convivir todos en la ciudad”.
Y Chavira de la Torre tiene la esperanza de que la experiencia se repita en varios puntos de la ciudad, “es el planteamiento que estamos haciendo”.
Asegura que en adelante se explicarán puntualmente las obras que se realizan en Cuernavaca para demostrar que sí hay una planeación de la ciudad en coordinación con grupos civiles y empresas.
Explicó que hay más empresas interesadas en donar obras para reducir el impacto vial que tienen en la ciudad, en los que se incluyen los pasos peatonales, para hacer una ciudad más incluyente y transitable.

El puente peatonal de Tlaltenango. Foto: Google Maps

Un paso peatonal elevado adecuado en Culiacán. Foto: Mapasin

Proyecto de paso vial elevado en Portoviejo, Ecuador. Imagen: Cortesía

