La Secretaría de Educación de Morelos confirmó la existencia de 126 casos de virus Coxsackie en planteles escolares del estado, lo que ha encendido alertas entre madres, padres y personal docente. Pese al número, las autoridades estatales aseguran que la situación no representa un riesgo grave, ni ha requerido la suspensión de clases o el cierre de escuelas.

La secretaria de Educación, Karla Aline Herrera Alonso, dio a conocer esta cifra de manera oficial, al tiempo que subrayó que el brote está siendo monitoreado en coordinación con la Secretaría de Salud, con el objetivo de prevenir complicaciones y contener los contagios. Hasta ahora, se mantienen actividades escolares con normalidad, aunque con medidas de prevención reforzadas.

El virus Coxsackie, que afecta principalmente a menores de edad, es responsable de la llamada “enfermedad de manos, pies y boca”, cuyos síntomas incluyen fiebre, dolor de garganta, cabeza y cuerpo, así como lesiones en la piel. Aunque no suele generar complicaciones graves, su alta capacidad de contagio en ambientes escolares ha llevado a las autoridades a intensificar acciones informativas y preventivas.

En ese sentido, la funcionaria reiteró el llamado a los padres de familia para no enviar a sus hijos a clases si presentan síntomas, y atenderlos médicamente en casa. Esta medida —insistió— es fundamental para cortar la cadena de transmisión y proteger la salud colectiva dentro de las aulas.

El secretario de Salud, Mario Ocampo Ocampo, había informado hace dos semanas que los municipios donde se han detectado casos son Jojutla, Puente de Ixtla y Ayala, y señaló una disminución de contagios en comparación con el mismo periodo del año anterior, lo que para las autoridades representa un control efectivo, aunque no definitivo.

A pesar de que la situación no ha escalado a niveles críticos, la confirmación de estos casos evidencia la necesidad de reforzar la vigilancia epidemiológica en el entorno escolar y promover una cultura del autocuidado. El brote también revela la importancia de contar con protocolos claros y una comunicación efectiva entre escuelas, familias y autoridades.

Angélica Estrada