Hace 31 años en Belém Do Pará, Brasil, se llevó a cabo la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer conocida como «Convención de Belem Do Para». Este encuentro se considera un hito en el camino de la defensa de los derechos humanos de las mujeres por el reconocimiento de la violencia contra las mujeres en razón de género y por orientar a los Estados parte de la Organización de los Estados Americanos a tomar acciones para erradicarla.

Esta convención afirma que la violencia contra la mujer constituye una violación de los derechos humanos y las libertades fundamentales y limita total o parcialmente a la mujer el reconocimiento, goce y ejercicio de tales derechos y libertades. En su artículo 1 define que la violencia contra la mujer es cualquier acción o conducta, basada en su género, que cause muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico a la mujer, tanto en el ámbito público como en el privado.

Construir marcos normativos específicos para erradicar la violencia contra las mujeres, en razón de género, habla de las estructuras patriarcales que han cimentado por siglos el poder público y nuestras sociedades, sociedades en las que las mujeres no podíamos solicitar el divorcio, no podíamos tener una cuenta de banco o una propiedad sin la firma de un esposo, en las que no podíamos solicitar la ligadura de las trompas uterinas si ya no deseábamos más hijos o no pudimos por siglos, elegir a nuestros gobiernos. La ciudadanía de las mujeres es muy joven, y la conquista de derechos que poco a poco va disminuyendo las brechas de desigualdad sigue caminando, en las calles y en las instituciones.

Hoy muchas mujeres feministas están en cargos públicos diseñando, capacitando o atendiendo políticas públicas para eliminar las violencias que vivimos las mujeres a diario. Podemos identificar grandes e importantes avances en materia legislativa, políticas públicas y acciones desde el Estado para prevenir, atender, sancionar y erradicar esas violencias, sin embargo, pese a que existen mecanismos para el adelanto de las mujeres (comisiones, institutos, secretarías) y acciones transversales como la Norma 025 en Igualdad Laboral y No Discriminación, los Centros de Justicia para las Mujeres por parte de las Fiscalías en todo el país, Centros que brindan acompañamiento psicológico y legal a mujeres en situación de violencias, leyes de todo tipo que reconocen y sancionan los muy diversos modos y tipos de violencia patriarcal (laboral, sexual, institucional, vicaria), todos los días confirmamos que no es suficiente.

Llevar a la práctica todo lo que está escrito en leyes, reglamentos, tratados, acuerdos o normas, necesita de un profundo trabajo cultural que lo haga posible. Las y los funcionarios responsables de aplicar todos estos marcos normativos están capacitados, en teoría, es una tarea permanente, pero, ¿entienden y les atraviesa en el cuerpo la dimensión de la violencia patriarcal? ¿Por qué se sigue re victimizando y justificando la violencia contra las mujeres? ¿Por qué nos siguen matando? Una de las abogadas más destacadas de este país por su participación en la sentencia del Campo Algodonero, Karla Michel Salas, lo decía en una ponencia: porque pueden. Sí, vivimos en un contexto donde la vida ha ido perdiendo su valor, y los cuerpos de las mujeres, como diría Rita Segato, son un campo de batalla simbólico y territorial.

La palabra conmemoración, proviene del latín conmemoratio, que significa «acción y efecto de recordar”, y este 25 de noviembre es relevante en el caminar feminista porque el Día Internacional para la eliminación de las violencias contra las mujeres se designó en honor al camino de las activistas dominicanas Minerva, Patria y Teresa, Las Hermanas Mirabal, cruelmente asesinadas por instrucción del entonces presidente, el dictador Rafael Leónidas Trujillo.

Muchas instituciones se pintarán de naranja, algunas hacen honor a ese compromiso, otras nada más cumplen con el colorido protocolo. En tanto, en Cuernavaca, la colectiva Vida para todas nos convoca este martes 25 de noviembre a las 10 de la mañana a una Marcha por nuestras hijas víctimas de feminicidio. La cita es la Ayudantía de Tlaltenango donde se develará un Mural Colectivo.

La activista feminista Andrea Acevedo García informó que Vida para Todas es una colectiva de mamás víctimas indirectas de feminicidio, y que desde las colectivas Existimos porque resistimos y Divulvadoras, están acompañando el proceso de creación de un mural colectivo con los rostros de sus hijas como un acto de reparación simbólica.

“Estamos acompañando este proceso, desde la rabia, la sed de justicia y por supuesto el amor y profundo respeto que tenemos hacia cada una de ellas. Es importante salir a las calles, es esencial, necesario, porque es la forma de recordar la herida abierta que tiene esta país y este estado: los feminicidios”

#JusticiaParaMafer

#VidaParaTodas

La Jornada Morelos