

Las recientes redadas y arrestos masivos de inmigrantes en Minneapolis, Minnesota, han generado incertidumbre y temor entre la comunidad morelense radicada en el estado, quienes se han visto obligados a deshacerse de sus pertenencias ante la posibilidad de deportación.
Por primera vez en la historia, más de tres mil agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) se concentraron en Minnesota, principalmente en Minneapolis, para realizar operativos en comercios y lugares públicos, provocando un clima de alarma entre los residentes migrantes. En respuesta, miles de personas salieron a las calles el pasado viernes en la marcha “ICE OUT”, convocada por líderes religiosos y sindicatos, para exigir la salida de los agentes federales y la finalización de las deportaciones.
La manifestación reunió a una multitud que desafió bajas temperaturas y lluvia para concentrarse en el aeropuerto y el centro de la ciudad. Se pidió a los comerciantes cerrar sus negocios, a los estudiantes no acudir a la escuela y a los trabajadores suspender sus labores, como muestra de solidaridad y protesta contra los operativos migratorios.
Entre los afectados se encuentran miles de morelenses, quienes han visto cómo sus vidas y sus negocios se ven amenazados por la presencia de ICE. Claudia Fernanda, originaria de Cuernavaca y residente de Minneapolis desde hace 30 años, relató la difícil situación que enfrentan:
“Estamos muy preocupados por las redadas de ICE, han deportado a varios paisanos, hay mucho nerviosismo. Soy dueña de una tienda de ropa y lamentablemente varias amistades están vendiendo y malbaratando sus cosas, herramientas, bicicletas, motos, todo lo que puedan vender, con el fin de regresarse a Morelos. Algunos incluso consideran la opción de autodeportación que ofrece ICE y te dan dinero. No sabemos qué va a pasar. En Minnesota vivimos, creo, 180 mil morelenses que aportamos a la economía”.
El testimonio refleja la magnitud del impacto social y económico que los operativos federales han generado. Familias que llevan décadas establecidas se ven obligadas a desprenderse de sus bienes, cerrar negocios y planear su regreso a México, en medio de la incertidumbre y el miedo constante por las redadas.

La protesta “ICE OUT” no solo evidenció la resistencia de la comunidad migrante, sino también la solidaridad local, con cientos de personas que se unieron para exigir la protección de los derechos de los inmigrantes y detener la escalada de violencia y detenciones. Mientras tanto, la comunidad morelense en Minnesota enfrenta un panorama incierto, marcado por la posibilidad de separación familiar, pérdida de patrimonio y desarraigo.

