El sistema penitenciario de Morelos vivirá un cambio con el regreso de la industria penitenciaria al estado, luego de años sin programas productivos formales en los centros de reclusión. En una primera etapa, serán 100 mujeres privadas de la libertad quienes se beneficiarán directamente con un proyecto de confección ligera, centrado en la elaboración de sábanas para hospitales públicos del país.

Eduardo Romero, coordinador del Sistema Estatal Penitenciario, dio a conocer que este nuevo modelo productivo —de carácter federal— se implementará en el nuevo penal femenil una vez que concluyan las adecuaciones necesarias. Se trata, dijo, de una iniciativa que no sólo busca reactivar la industria penitenciaria, sino generar oportunidades reales de trabajo, formación laboral y reinserción para las personas privadas de la libertad (PPL).

“Ya está por amarrarse el proyecto de confección ligera, que es la confección de sábanas. La puesta en marcha va a depender de que terminemos las adecuaciones en el nuevo penal. De manera directa se verán beneficiadas 100 internas, pero también se puede ampliar hacia afuera, con las familias”, explicó.

Eduardo Romero detalló que el modelo contempla una cadena de producción más amplia, en la que las piezas de tela llegan ya cortadas a las internas, quienes se encargan de coserlas, mientras que las familias podrían participar en el proceso de empaquetado, generando así una red de trabajo que trasciende los muros del penal.

“Es decir, es un programa integral”, subrayó el funcionario, al destacar que la producción está destinada a surtir a hospitales en distintos estados del país, bajo la coordinación del gobierno federal.

Este tipo de actividades agregó el funcionario, no existían en Morelos desde hace varios años. “Lo que les puedo decir es que este tipo de actividades no existían cuando nosotros llegamos al gobierno”, afirmó, al referirse a la ausencia de esquemas laborales funcionales al interior de los centros penitenciarios estatales.

Además del programa para mujeres, el funcionario adelantó que en el penal varonil también se está trabajando en un proyecto similar, aunque en menor escala. Actualmente, 15 hombres privados de la libertad participan en la confección de batas, y se prevé que este esfuerzo también se formalice en los próximos meses.

“Se va a llevar a través de unas tarjetas para que el que realmente trabaje reciba su remuneración como debe ser”, señaló, haciendo énfasis en que parte fundamental del modelo es garantizar el pago justo y transparente por el trabajo realizado dentro de los penales.

El regreso de la industria penitenciaria a Morelos no sólo representa una oportunidad para las personas en reclusión, sino que se enmarca en un enfoque más amplio de reinserción social, que apuesta por el trabajo y la capacitación como herramientas clave para reducir la reincidencia delictiva y mejorar la vida de quienes buscan reconstruir su camino.

Angélica Estrada