
La tecnología agrícola y la prospectiva de largo plazo comienzan a reorientar el destino de un estado que busca reconstruir su tejido económico, ambiental y social.
Paradójicamente, es la tecnología la que vuelve a poner al campesino en el centro del futuro agrícola
El futuro nos demanda precisión, planeación y la valentía de corregir lo que no funciona

