
Un llamado urgente a la vida
Las cifras son duras y estremecen: en Morelos, el número de suicidios se duplicó en apenas catorce años. En 2010, la tasa era de 2.5 casos por cada 100 mil habitantes; para 2024, subió a 5.8, mientras que el promedio mundial descendió a 9.1. Lo que antes parecía un fenómeno lejano, hoy se ha convertido en una realidad dolorosa que interpela a toda la sociedad. Así lo documenta Antimio Cruz en su reportaje que usted encontrará más adelante, donde se advierte que la mayoría de las personas que deciden terminar con su vida no padecían trastornos graves, sino que simplemente se sintieron atrapadas y solo encontraron una salida.
El impacto de este fenómeno en la juventud es especialmente alarmante. México ya tiene como tercera causa de muerte entre personas de 15 a 24 años al suicidio, y en Morelos se registran incluso casos de menores de 15. Es un golpe directo a la esperanza de futuro, a esas vidas que deberían estar llenas de posibilidades, no de desesperanza. Como señala el psicólogo Alejandro Ballesteros de la UAEM, los factores que detonan esta decisión abarcan desde la presión social y las rupturas emocionales hasta la soledad y el abandono en la vejez.
En este sentido, el artículo de Luis Marín, Guardianes para la Prevención del Suicidio, recuerda que cada 40 segundos alguien se quita la vida en el mundo. La Organización Panamericana de la Salud estima más de 703 mil muertes anuales. La mayoría de estos decesos está vinculada a cuadros depresivos, una enfermedad que sigue rodeada de estigma y silencio, como si hablar de ella fuera una invitación a la tragedia. Nada más falso, como lo demuestran los “Guardianes”: hablar salva vidas.
Prevenir el suicidio es posible, pero requiere una respuesta colectiva. No basta con los esfuerzos gubernamentales —aunque importantes— como los 25 Módulos de Salud Mental o los centros comunitarios que existen en Morelos. Se requiere construir una red de apoyo humano en la familia, la escuela y la comunidad. Todos podemos convertirnos en guardianes de vida: escuchar sin juzgar, tomar en serio las señales de alarma, preguntar con empatía y acompañar a quienes se sienten en riesgo y, todo eso con mayor razón si se detecta algún foco de alarma en la familia.
El entrenamiento de Guardianes para la Prevención del Suicidio es un paso en la dirección correcta. No exige ser experto, basta con estar dispuesto a ver, a escuchar y a tender la mano. Como explica la propia OMS, el objetivo es sencillo pero poderoso: iniciar una conversación, motivar a pedir ayuda y, cuando lo amerite, acercarse a personal especializado.

En Morelos, 115 personas se quitaron la vida en 2024. No son estadísticas frías, son ausencias que pesan en familias, amistades que quedan en puntos suspensivos, comunidades heridas. Son vidas que pudieron rescatarse si hubieran encontrado un oído atento, una palabra de aliento o un entorno menos hostil.
Este fenómeno nos interpela como sociedad porque refleja nuestras grietas y fracturas: violencia, exclusión, soledad, falta de sentido y oportunidades en la vida. Ante esa realidad, necesitamos crear entornos saludables, hogares donde no reine la violencia, escuelas que no sean espacios de presión sino de acompañamiento, comunidades que abracen en lugar de rechazar.
Hablar de suicidio no es peligroso; lo verdaderamente peligroso es callar. En el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, la voz de Antimio Cruz y Luis Marín nos recuerdan que cada vida perdida es una llamada de emergencia que ya no podemos seguir ignorando. Prevenir es posible, pero exige que asumamos juntos la tarea de cuidar la vida, porque el silencio, la indiferencia y el estigma son aliados de la muerte.

