
Morelos y su turismo: recobrar el esplendor
Históricamente nuestro estado ha sido uno de los destinos turísticos más emblemáticos de México. Sus aguas, su clima benigno, su cercanía con la Ciudad de México, su enorme legado cultural y su espíritu hospitalario lo convirtieron en un edén que atrajo durante décadas a turistas nacionales y extranjeros. Sin embargo, como bien lo retratan los textos de, Roberto Abe Camil, Meggie Salgado, Francisco Guerrero y desde luego la profunda entrevista de Daniel Martínez Castellanos -que encontrará usted un poco más adelante- ese esplendor sufrió un descenso prolongado por factores estructurales como la inseguridad, el abandono institucional, la falta de promoción y una pérdida general de rumbo; el descuido mató a la gallina de los huevos de oro y, durante muy largos sexenios, se asumió que ya teníamos comprada la bonanza.
Hoy, ese panorama comienza a transformarse. Con la llegada de una nueva administración estatal encabezada por Margarita González Saravia, se ha trazado una ruta ambiciosa: reconciliar al sector turístico, comenzar la recuperación de segmentos históricos como el turismo cultural y educativo, y diversificar las experiencias a través de, ni más ni menos, 18 líneas de desarrollo. Daniel Altafi Valladares, titular de la Secretaría de Turismo, no solo reconoce los rezagos, sino que apuesta a dejar atrás las “ocurrencias” para construir un verdadero plan rector a largo plazo que consolide un nuevo modelo de turismo en beneficio de las comunidades y, desde luego, de la economía estatal en su conjunto.
Como la mayoría de las administraciones pasadas, el gobierno de González Saravia adoptó un nuevo lema para relanzar la imagen del estado: “La primavera de México”, para reposicionar a Morelos como destino deseado por millones de visitantes, no se puede desdeñar el que, tenemos a más de 35 millones de potenciales turistas a una distancia que les permitiría un viaje redondo en el mismo día.
Pero esta vez no se trata solo de slogans o campañas, sino de estructura. Se han echado a andar dos proyectos fundamentales: el Observatorio Turístico Sostenible, para obtener datos precisos sobre los flujos y gustos de los visitantes; y los foros consultivos, en donde se escuchan directamente las necesidades del sector para construir políticas públicas eficaces.
Turismo cultural y educativo, eso ya lo tuvimos… alguna vez

Como bien advierte Roberto Abe Camil, Morelos ha desaprovechado su riqueza cultural por falta de planeación y visión. Sus rutas históricas —la Ruta de los Conventos, la de Zapata, las haciendas, las zonas arqueológicas— tienen el potencial de relanzar el turismo cultural como un motor renovado de la economía local. Pero es indispensable mejorar aspectos tan sencillos como la señalética, y otros cuyo manejo es más complicado, como el de la seguridad y los servicios.
La inseguridad ya nos ha pasado factura en esta materia, como recuerda Francisco Guerrero, el célebre sistema “Cuernavaca” de enseñanza, nacido del CIDOC de Iván Illich, atrajo a miles de estudiantes de todo el mundo, generando una derrama económica formidable y una red de vínculos culturales internacionales, tanto así que en la segunda mitad del siglo XX, Cuernavaca fue la capital mundial del español como segunda lengua.
Ese segmento colapsó con la inseguridad, pero no ha muerto. Hoy, se trabaja desde la Secretaría de Turismo para recuperar parte del terreno perdido, con campañas promocionales dirigidas y garantías mínimas de seguridad. Si se logra consolidar una nueva etapa del turismo educativo, será una muestra clara de que Morelos puede reinventarse sin renunciar a lo que lo hizo grande. Como lo expone Altafi, la idea no es centralizar el turismo, sino socializarlo y democratizarlo, hacerlo accesible para todos, con un enfoque comunitario que beneficie a las localidades y fortalezca la identidad.
No obstante, también se requiere que los morelenses pongan de su parte, como señala Meggie Salgado: no basta con atraer turistas, hay que saber recibirlos. La capacitación, la hospitalidad, la inversión en infraestructura hotelera y gastronómica, y la recuperación de espacios públicos son tareas ineludibles si Morelos quiere ser competitivo. Necesitamos ofrecer experiencias a la altura de las expectativas contemporáneas, nacionales e internacionales.
La apuesta del gobierno estatal por segmentos como el turismo de bodas, el turismo médico y de bienestar, el agroturismo, el ecoturismo y el turismo de reuniones muestra una comprensión integral del fenómeno y no se puede tachar de excesivo: se trata no de competir en un solo rubro, sino de articular una oferta diversificada que responda a diferentes públicos y necesidades.
El turismo aporta el 18% del Producto Interno Bruto estatal, da empleo a más de 11 mil empresas, y representa una vía directa para combatir la desigualdad mediante la corresponsabilidad entre todos los niveles de gobierno y sectores de la sociedad. Morelos tiene con qué: tiene historia, tiene cultura, tiene belleza natural, tiene ubicación, tiene talento humano. Quizá solo falta creérnosla de nuevo.

