Aproximadamente hace un par de lustros, un distinguido embajador británico en México, cuyo abuelo y padre también sirvieron en la Legación del Reino Unido en nuestro país, compartió una extraordinaria anécdota con respecto al combate a la impunidad en su país. La historia giró alrededor de un influyente Ministro de la Corona, que a la par de una ascendente y prometedora carrera política, tenía un talón de Aquiles: disfrutaba conducir su automóvil de alta gama a velocidades no permitidas por las calles de Londres. Como si lo anterior no fuera suficiente, tenía también particular predilección por saltarse los semáforos en rojo, lo cual evidentemente, lo hizo acreedor a no pocas infracciones de tránsito, que fueron documentadas por medio de cámaras de seguridad, fotografiando las placas del coche.

Así las cosas, un buen día, no respetó una vez más la luz roja del semáforo, pero en esta ocasión la nueva multa, significó la suspensión definitiva del carnet de conducir, por lo que mañosamente pidió a su esposa que se “echara la culpa” y el asunto quedó zanjado. Pero como reza el dicho, no hay crímenes perfectos, y a los pocos meses el ministro y esposa protagonizaron un pleito de perros y gatos que terminó en divorcio. La señora despechada, acudió a las autoridades y confesó todo con respecto a la última infracción de tránsito, al final el ministro fue separado del cargo, se quedó sin cartera, sin licencia de manejo y la señora compurgo un par de meses en prisión por mentir a las autoridades. En suma, el Derecho sajón castigó con mayor dureza el perjurio de la señora, que al ministro saltándose un semáforo en rojo, aunque haber perdido su carrera política, no fue cosa menor.

Las comparaciones son odiosas, pero lo anterior nos muestra que en todas partes se cuecen habas, pero no en todas se tolera la impunidad. Morelos tiene una cuenta pendiente en la materia y desafortunadamente la inmunidad que priva en no pocos miembros de la clase política local es un cáncer enquistado en la Res pública y a la cual parece haberse resignado una sociedad no muy entusiasta. Atrás han quedado los escándalos y el nepotismo que fueron acento en las administraciones pasadas, es del dominio público que la actual mandataria estatal a diferencia de sus dos antecesores inmediatos cuenta con arraigo, es decente y ajena a los excesos, pero persiste el reto de dejar atrás lastres que lesionan a la ciudadanía y que desafortunadamente aún encontramos en muchos lugares.

La impunidad detiene el crecimiento de Morelos en todos los campos, fomenta a su vez que no haya una genuina vocación que derive en un servicio civil de carrera, sino en personas que ven en la administración pública el billete premiado de lotería que les permitirá consolidar su patrimonio personal. Es entonces donde vemos que las máximas que fueron insignias del antiguo régimen como aquella del Tlacuache Garizurieta que sostenía que : “ vivir fuera del presupuesto es vivir en el error” o la otra que aseguraba que: “¡el tren de la revolución solo pasa una vez en la vida!” Siguen vigentes.

Lo anterior se refuerza ante la inminente llegada del año electoral, surgirán entonces nuevos partidos, que seguramente estarán satisfechos con solo obtener prerrogativas económicas y alguna regiduría o curul. De la misma forma vemos a un congreso apático ante una Entidad Superior de Auditoría y Fiscalización, cuyo titular ha omitido informar en su declaración patrimonial, sus múltiples negocios, socios y actividades empresariales, de conformidad con lo publicado en la prensa nacional en días pasados.

De la misma suerte, ocurre lo mismo con los políticos que compraron lotes en Tequesquitengo a precio de risa, servidores públicos en funciones, exfuncionarios, ayuntamientos, organismos desconcentrados y partidos políticos con registro entre otros. De aquí se desprende que el reto de vencer a la impunidad en Morelos no se debe postergar al 2030 o al final de la presente administración estatal, sino debe hacerse de cara a las elecciones intermedias de 2027, momento que puede definir el anhelado y obligado cambio que Morelos necesita, o bien continuar con los vicios ancestralmente heredados y que tanto daño nos causan.

*Escritor y cronista morelense.

Imagen cortesía del autor

Roberto Abe Camil