

El domingo pasado, La Jornada Morelos, compartió una entrevista con Juan Pablo Plata, también conocido como el “Doctor Árbol”. El experto dio de nueva cuenta la voz de alarma con respecto a la falta de espacios verdes en Cuernavaca. Un solo dato aportado por Plata es demoledor y resume la tempestad ambiental que se avecina en la ciudad: los habitantes de la capital del estado, en su mayoría, disponen de menos de un metro cuadrado de áreas verdes por persona.
Lo anterior es asombroso, sobre todo tomando en consideración que el valle de Cuernavaca constituyó el territorio histórico de Tamoanchan, el paraíso terrenal de la mitología precortesiana. De igual forma al Baron von Humboldt, se le atribuye haber bautizado a la entonces apacible villa como un sitio “donde la primavera es eterna”. Las huertas de Cuernavaca también fueron afamadas, y las de Acapatzingo vieron pasar a Hernán Cortés, Maximiliano de Habsburgo y al General Porfirio Díaz. Los ojos de agua de Gualupita se transformaron en el parque Carmen Romero Rubio, hoy Melchor Ocampo, el cual a pesar de mutilaciones urbanas aún subsiste como testimonio del paraíso que no hemos sabido cuidar. Hoy vemos antiguas casonas de amplios jardines que son derruidas para ser convertidas en locales comerciales o tiendas de conveniencia, aunado a que plazas públicas como la del “Morelotes,” fueron arrebatadas a las familias cuernavacenses para satisfacer el chantaje y la anarquía del comercio informal. Las redes sociales, también publican reiteradamente cómo grandes árboles son derribados o secados intencionalmente. En suma, el concreto se impone al paisaje verde que debería ser el buque insignia de Cuernavaca.
Es aquí donde entonces surge la propuesta para dotar a la capital morelense de un pulmón que satisfaga no solo las necesidades ambientales de la ciudad, sino las de esparcimiento, cultura, así como la calidad de vida de sus habitantes y visitantes. En cuanto a estos últimos, es importante recordar lo declarado por la Gobernadora del Estado en fechas recientes, al expresar que el turismo también es un Derecho.
En el centro de la ciudad se puede constituir una superficie que forme un gran parque público arbolado y que abarque los siguientes predios y fracciones de calles: el actual ayuntamiento en el edificio del antiguo hotel Papagayo, la fracción de la calle Motolinía entre Nezahualcóyotl y Morelos, la Casa de la Chica, la terminal centro de Pullman de Morelos, los edificios sobre la calle de Abasolo entre Nezahualcóyotl y Morelos, así como la fracción de calle correspondiente entre dichos inmuebles y el parque Revolución, y finalmente el mencionado parque. Al unir todos esos predios así como los dos tramos de calles en cuestión en una sola unidad, se podrá conformar un parque público de enormes dimensiones que sea no solo el pulmón de árboles que la ciudad clama a gritos, sino un sitio de recreo y contacto con la naturaleza, al menos con dos albercas públicas: la del parque Revolución y la del edificio municipal y finalmente, un recinto cultural en la Casa de la Chica, que no solo preserve la arquitectura del Cuernavaca de los años veinte y treinta del siglo pasado, sino que albergue un museo o centro comunitario. Con respecto a la afamada Casa de la Chica, se cuenta también con el referente de la casa del General Cárdenas en Palmira, hace poco inaugurada como espacio cultural.
Las ventajas adicionales estriban en que se pueden reubicar las terminales de autobuses, no solo la de Pullman, fuera del centro de la ciudad con todo el beneficio que ello conlleva. Este gran parque a su vez enriquecerá el circuito de museos y monumentos existentes, impulsando el desarrollo económico y la oferta turística de la ciudad. Con respecto a los predios particulares se cuenta con la ventaja de emplear los mecanismos legales para resarcir a los propietarios y no afectar su patrimonio, tales como la compra, la permuta, o la expropiación por causas de utilidad pública y en beneficio de la colectividad. El momento es oportuno, ya que existe el antecedente reciente de la permuta del predio de Los Venados en Jiutepec, lo que hasta hace poco parecía imposible y que hoy es un pulmón para el municipio vecino, a lo anterior se añade, la magnífica coordinación entre el Gobierno del Estado y el municipio de Cuernavaca. El proyecto es enorme y muy ambicioso en el mejor sentido del término, pero como reza el viejo refrán español: a grandes males, grandes remedios. La iniciativa, por su gran envergadura, debería ser un esfuerzo conjunto entre los tres órdenes de gobierno, pero sin duda, sería una obra para la posteridad y que marcaría un antes y un después en la historia de Morelos. Dicen que se vale soñar, que ello es gratis, pero también se dice que lo que se puede soñar, también puede ser posible. Sin ser ilusos, soñemos entonces qué Cuernavaca pueda contar con un gran parque que nos permita volver a aquella Eterna Primavera que asombró a Humboldt en 1803.
*Escritor y cronista morelense.


Acceso al Parque Revolución. Foto: Municipio de Cuernavaca.

