

Xoco: entre el asedio inmobiliario, la persecución política y la resistencia por seguir existiendo como pueblo.
Fernanda Isabel Lara Manríquez
La mayoría de los y las habitantes de Xoco son personas adultas mayores, principalmente mujeres que se debaten en seguir habitando su pueblo y los pagos excesivos de impuestos y servicios. Antes de 2022, año en el que se inauguró Mitikah, la población de Xoco había sido víctima constante del despojo de su territorio lo que ha incrementado el costo de la vida. Adi G, originaria de Xoco, comparte en entrevista que el impuesto predial ha aumentado un promedio de mil a mil quinientos pesos anuales desde que se inauguró el mayor emblema a la gentrificación en CDMX, pero lo aumentos ya se habían dado anteriormente desde que se erigieron los otros monumentos a la opresión y a la desigualdad: Las torres mejor conocidas como “City Tower”, la Cineteca Nacional y la Sociedad de Autores y Compositores. Entre 2008 y 2009 la población de Xoco pagaba un promedio de 2 400 pesos bimestrales sobre el impuesto predial, en 2022 pagaban entre 9 000 y 9 500, en 2023 la cifra aproximada fue de 10 000, para 2024 de 11 000 y, finalmente, para 2025 de 12 500. Pero el predial no es el único costo que debe pagar el pueblo originario de Xoco por vivir rodeado de asfalto y por estar permanentemente asediado en las diversas expresiones culturales que históricamente lo ha diferenciado de otros espacios de esta hiedra venenosa urbana. Los costos por el servicio de agua se han incrementado también de forma alarmante mientras el gobierno en todos sus niveles brilla por dejar en estado de indefensión a esa población. Para 2010 se identifican recibos bimestrales de agua por la cantidad promedio de 1 300, para 2025 ya es de 2 600. A pesar del alto costo que pagan por este servicio, se quedan sin agua diario. Así se ve la gentrificación y la edificación de un nuevo modelo de ciudad global que se quiere homogénea a las otras capitales del mundo, diseñadas al gusto de los turistas y a los “grandes hombres de negocios”, modelo de ciudad bajo el cual una urbe pluricultural con un pasado prehispánico estorba a los planes del gran cartel internacional que tiene varias ramas: el Estado encarnado en sus políticos (PAN, PRI, MORENA y todas sus versiones pequeñitas nefastas), el narcotráfico, el crimen organizado, el cartel inmobiliario y de los ingenuos e indiferentes que aún compran y se alimentan en Mitikah a pesar de los crímenes que se cometieron para su construcción.

Invitación a protestar. Asamblea Ciudadana del Pueblo de Xoco.
Ante esta situación, constantemente me pregunto cómo hacer para que el demonio de la indiferencia sufra un exorcismo, son tantas las injusticias que vemos diariamente en todos los ámbitos de la vida pública que hemos normalizado la desgracia y el sufrimiento ajeno, ¿cómo lograr conmover a la sociedad civil? ¿cómo pasar del individualismo encarnado a la construcción de la comunidad? Desde mi perspectiva uno de los casos más emblemáticos de injusticias constantes, discriminación e indiferencia ha sido la que han recibido los y las habitantes del pueblo de Xoco históricamente, indiferencia recrudecida en los últimos 15 años.
El caso de su lucha frente al conjunto de autosegregación espacial “Mitikah. Ciudad viva” se ha erigido en una situación surrealista y existencialista que hace dudar de los beneficios del contrato social que dio nacimiento al Estado, pues si algo se ve en Xoco es un cúmulo de leyes, de letras muertas, se ha convertido en un territorio anómico en el que sus habitantes pagan los crímenes de la clase política y la elite económica, cobijados estos últimos bajo una legislación y un aparato estatal que protege sus intereses mientras vulnera los derechos colectivos de sus pueblos originarios, pero también de toda su ciudadanía.

Ni Clara Brugada, ni Claudia Sheinbaum, ni Miguel Ángel Mancera han podido demostrar que el Estado en verdad existe para proteger los derechos de su ciudadanía. Todos los gobiernos, todos, de cualquier partido político se han encargado de dejar en el peor estado de vulnerabilidad al pueblo de Xoco. SEDEMA, SACMEX, SEPI, el gobierno de la alcaldía, el gobierno de la Ciudad de México (en toda su historia), y el gobierno federal han sido claros en ignorar a Xoco en sus derechos, pero en demostrar interés por el valor de su suelo y las ganancias que la especulación financiera genera para los políticos que trabajan para el capitalismo/imperialismo y no para el pueblo.
Si bien, el despojo y la gentrificación afecta a las clases más desfavorecidas económicamente pues impide el acceso a la compra de vivienda o si quiera al pago de una renta cercana a sus lugares de trabajo, la expansión espacial del capital (casi siempre extranjero) profundiza sus amenazas cuando pensamos en ese México Profundo del que hablaba Bonfil Batalla y que aún resiste en Ciudad de México, a saber, a sus más de 100 pueblos originarios que desde la invasión española han vivido la desigualdad y el desplazamiento de forma constante, colonialismo interno, le han llamado algunos.
Cambios y permanencias es lo que estudia la Historia, eso dicen las y los historiadores (aunque yo soy simplemente una socióloga), ahora gracias a tantas investigaciones que se han realizado en torno a esta lucha social del pueblo de Xoco podemos apreciar que el mayor cambio en el modo de vida de este pueblo está asociado primero a la invasión española, a la que resistieron por cierto, luego sobrevivieron al proceso de urbanización cuyas consecuencias se profundizaron entre mediados y finales del siglo pasado, transformando a las y a los campesinos de Xoco en comerciantes sin tierras, para finalmente llegar a la etapa actual en la que la gentrificación les representa el mayor miedo, tal como lo señaló Adi G en entrevista: “tenemos miedo constante en Xoco, sobre todo el miedo a que nos desplacen, a los desalojos”.
Aunque, y es algo con lo que no cuentan los poderosos: Xoco, como todos los pueblos originarios, tiene un Santo Patrón, San Sebastián. Y toda la lucha de Xoco, los cuetes y la fiesta son por él, porque siga teniendo un territorio y una población que cuide ese espacio, por eso, aunque el miedo impera, hay esperanza, porque las y los habitantes de Xoco que están en pie de lucha desde 2009 saben que San Sebastián siempre los va a ayudar.
Hoy hay convocatoria a protestar en defensa de Xoco y en defensa de todos los habitantes de la Ciudad de México porque la gentrificación está representando un nuevo proceso de colonización interna en el que, en muchas ocasiones, sólo los extranjeros portadores de dólares y euros pueden pagar, erigiendo una ciudad en la que sólo importa que los y las que no nacieron ahí tengan una vida plena rodeada de las comodidades que requieren, mientras una vez más, se desplaza y se despoja a la población originaria, tal como ocurrió en el siglo XVI.

Papel picado con el logo de Mitikah, identificado y fotografiado por Adi G., habitante de Xoco.
Mientras la población de Xoco, a pesar de ser dueños de sus viviendas, pagan entre 14 mil y 15 mil pesos bimestrales de predial y agua, como si fuera una renta de vivienda mensual en promedio de 7 mil pesos, se sabe, gracias a las investigaciones realizadas por la Asamblea Ciudadana de Xoco que Mitikah, City Towers Grand Park, City Towers Grand y City Tower Coyoacán cuentan en conjunto con un subsidio al impuesto predial cercano a 1, 300,000.00 pesos, subsidio que legalmente sólo se debería otorgar a los y las habitantes de los pueblos originarios de Ciudad de México, letra muerta al fin, el subsidio se concentra en un promedio de 58% al capital privado, nombrado en la lucha social como cartel inmobiliario. Esta realidad amenaza a todos y a todas las habitantes de Ciudad de México, no es sólo un riesgo para Xoco, ¿Cuándo vamos a reaccionar como sociedad civil? Queda claro que la sociedad política no va a reaccionar, de ahí la necesidad de simular una transformación, cuando una revolución debe surgir abajo y a la izquierda, más no arriba y a la derecha. Tenemos mucho por hacer como sociedad, comenzando por desinformarnos de las mañaneras que sólo buscan adoctrinarnos.

