

En días pasados compartía con apreciados músicos y artistas de Morelos, su enojo (por decirlo suavemente) por las micromigajas que les otorgan, cuando eso ocurre, las plataformas como Spotify, entre otras, al distribuir y tocar en línea sus composiciones de individuos o grupos. Varios expresan que en ánimo de que se les conozca, de que se escuchen sus interpretaciones, pagan ese altísimo costo de exposición, sin esperanza de que se suavice el yugo sobre su trabajo y actividad creativa, por parte de las empresas que los tienen encadenados. Eso por lo que toca a quienes andan en busca de públicos, en especial de quienes se van incorporando a las profesiones musicales y de letristas.
Pero en el otro polo, repasemos un poco lo que ha sucedido a quienes se han ganado cierto nombre en ese sector cultural, en calidad de compositores y con derecho a regalías, siendo asociados de gremios que se supone están para defenderlos y representarlos ante quienes hacen uso de sus letras y composiciones, sea en vivo o materializadas en discos y otros formatos. Para ejemplificar, les invito a conocer al poeta y compositor queretano Mario Arturo Ramos, quien murió en este mes de diciembre, casi al cumplir los 75 años, y contaba con una rica trayectoria de poeta y letrista de famosas canciones, al grado de que se vendieron millones de discos con cientos de interpretaciones que hicieron de ellas cantantes nacionales y extranjeros (José José, Pavarotti, Luis Miguel, Gualberto Castro…).
En los años setenta y ochenta, él participó en varias luchas de su gremio, contra líderes sindicales y de asociaciones como la Sociedad de Autores y Compositores de México (SACM), los que administraban las regalías provenientes de la venta de sus discos, composiciones, letras, o bien por las interpretaciones hechas en medios como radio y TV, o ambientando en hotelería y restaurantes. Sus luchas tenían por meta democratizar los gremios y deponer a líderes que se apropiaban abusivamente las regalías, además de cobrar altísimos porcentajes para gastos de representación por negociar los montos de las regalías a aplicar. Entre los impugnados por ordeñar las regalías estuvieron Gómez Barrera y Roberto Cantoral, directivos de la SACM.
Eran tiempos del poder absoluto del PRI, que participaba en la magna corrupción de líderes, como del vitalicio Fidel Velázquez en la CTM, o Venustiano Reyes en el sindicato de músicos, con la vigilancia y el acompañamiento de las “fuerzas de seguridad”, de la Dirección Federal, y como evidencia de ello acompaño una ficha de la DFS, tomada del repositorio respectivo del Archivo General de la Nación.
Mario Arturo Ramos se unió a Cantoral para deponer a Gómez Barrera para ello Mario vendió gustoso su gran biblioteca de poesía, tal era su convicción por difundir esa justa lucha. Más adelante, al seguir Cantoral la misma ruta de su antecesor, Mario se alió en el movimiento 2 de Junio a Guadalupe Trigo, denunciando a la directiva que no dejaba de vivir a costa del gremio, lo que le valió amenazas, contrademandas, juicios y más, al punto de que tras años de lucha, decidió trasladar sus registros de obra al extranjero para poder disfrutar de regalías. Víctor Roura, en artículo sobre Mario Arturo, se pregunta si la muerte de Guadalupe Trigo en Temixco, Morelos, tuvo o no que ver con esas demandas contra la directiva charra de la SACM. En palabras de Mario Arturo: «Toda lucha por la justicia, la equidad y la libertad creativa, te lleva a enfrentar a los dictadorcillos. Lo hice, me siento muy a gusto con la lucha, sin embargo, después de muchos años de batalla, comprendí que al gremio de autores y compositores, a la mayoría, lo que les interesa es la fama, el aplauso, los otros objetivos le están lejanos. Emigré con mi obra a una sociedad autoral extranjera, al inicio del tercer milenio, dejando en el recuerdo la anterior etapa. Debo añadir que si todos los integrantes de la SACM, Sociedad de Amigos de los Cantoral y Manzanero, vinieran a pedirme que regresara, les diría que no, por cu…» (final de la entrevista a MAR, por el periodista Luis Carlos Pichardo, 2022).

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