

La escritura en Mesoamérica
(In Mesoamérica tlacuillotilli)
Tatiana Valdez Bubnova*
Parece de sentido común dar por hecho que los documentos escritos son fundamentales para el estudio de la cultura e historia de un pueblo y que, por lo tanto, es correcto que se haya, en ocasiones, denominado a las “sociedades ágrafas” como poblaciones sin historia. Hasta hace poco tiempo se dudaba de la existencia de sistemas de escritura en la antigua Mesoamérica y aun actualmente se transmiten mensajes en los que se hace referencia a las culturas prehispánicas como a “la prehistoria de América”.
Estudiosos de la escritura como Ignacio Gelb publicaban en la década de los cincuenta del siglo pasado, obras en torno a la historia de la escritura en el mundo, en las cuales explicaba el estatus de “precedentes de la escritura” de las inscripciones en distintos medios, de las culturas maya y “azteca”. De más está comentar que afirmaciones como estas, expresadas antes del estudio atento de las características de los textos mesoamericanos y por parte de una autoridad en la teoría de las escrituras antiguas, no impulsaron en su momento, el desciframiento de las antiguas escrituras mesoamericanas, las cuales durante mucho tiempo se consideraron como del dominio de la iconografía, es decir de la comunicación por medio de imágenes que no son escritura. Sin embargo, desde hace varias décadas, los especialistas en el desciframiento de la escritura maya antigua revelan, día con día, narraciones con detalles y sutilezas insospechadas acerca de esa antigua civilización.
Por otra parte, la escritura náhuatl o azteca se conoce por los códices de tradición mesoamericana elaborados en el periodo colonial temprano y actualmente hay una comunidad de especialistas dedicados a su desciframiento sistemático. En cuanto a la escritura del centro de México más antigua, la del periodo Clásico, y que se desarrolló en los primeros seis siglos de nuestra era, el panorama es algo distinto. Los vestigios arqueológicos constituyen una de las fuentes principales para el conocimiento de sociedades que fueron clave para la dinámica del área del México central en dicho periodo, entre estas se encuentra la importante civilización teotihuacana, de la cual se desconoce actualmente cual fue el idioma principal con el que se comunicaban sus integrantes y que antecedió por varios siglos a la civilización azteca cuyo idioma, como se sabe, fue el náhuatl. Entre los restos arqueológicos teotihuacanos, las imágenes visuales constituyen un rico acervo para la interpretación de su universo cultural y no resulta sorprendente que se hayan generado múltiples estudios de estas desde distintas disciplinas, ya que no se ha logrado aún descifrar su escritura; esperemos que la civilización teotihuacana no permanecerá por mucho tiempo más siendo considerada como “ágrafa”.

Desde una publicación a inicios del siglo XX del erudito Eduard Seler, quien también dudaba de la presencia de escritura fonética en Mesoamérica, se han editado varios trabajos en torno a la existencia de sistemas de comunicación gráfica en Teotihuacan. En tiempos recientes han aumentado los estudios relativos a un posible sistema de escritura desarrollado en este centro urbano. James Langley publicó un importante trabajo donde propuso una distinción entre signos glíficos y otros motivos simbólicos teotihuacanos; los primeros fueron definidos como parte de un sistema de comunicación simbólico, el cual, según ese autor, no necesariamente constituye un sistema de escritura. Langley distinguió entre glifos y signos de notación teotihuacanos, mediante criterios elaborados con base en la observación de asociaciones entre signos visuales y contextos gráficos. En el año 2000 aparece un trabajo en el cual Karl Taube argumenta a favor de la existencia, entre las imágenes del arte teotihuacano de signos que representaban elementos de una lengua y por tanto correspondían a un sistema de escritura, definida como la representación gráfica de un idioma. Taube afirma que dicha escritura trascendió los límites de Teotihuacan hasta regiones tan lejanas como Guatemala. El descubrimiento de un piso pintado con glifos, en un rancho llamado La Ventilla, proporcionó nuevos materiales que contribuyeron a la controversia en torno a la escritura teotihuacana. Los glifos de La Ventilla proporcionaron un rico material para la comparación con otros glifos teotihuacanos y fueron estudiados por algunos autores, entre ellos por quien suscribe este texto.
*Profesora investigadora del Tiempo Completo de El Colegio de Morelos

