

Día de Reyes (Teyacani Tlatoqueh Tecuilhuitl)
*D.H.C. Manuel Gómez Vázquez
Mucho antes de que nos impusieran a los Reyes Magos, antes del papel brillante, antes de los relatos implantados al tiempo y de las palabras que renombraron los ciclos, en los pueblos del Anáhuac ya se escondían pequeños juguetes de barro para que los niños salieran a buscarlos.
No era un juego.
No era distracción.
🌽 𝐄𝐫𝐚 𝐫𝐢𝐭𝐨.

🌧️ 𝐄𝐫𝐚 𝐞𝐧𝐬𝐞ñ𝐚𝐧𝐳𝐚 𝐜𝐞𝐫𝐞𝐦𝐨𝐧𝐢𝐚𝐥.
El barro no era un material cualquiera, era tierra mezclada con agua, era la unión de dos fuerzas fundamentales de la vida, era la materia del origen.
Con ese barro se modelaban pequeñas figuras: Animalitos, silbatos, figuras del mundo cotidiano, objetos simples, pero cargados de sentido.
No se entregaban directamente… Se ocultaban. Eran colocados entre la tierra, entre las plantas, entre los espacios donde la humedad habita.
Porque en la visión ancestral, la vida no llega envuelta, la vida se busca.
Los niños salían entonces a encontrarlos, no como consumidores, sino como aprendices del ciclo natural, buscar el juguete era aprender a reconocer el don, encontrarlo era comprender que la tierra responde, recibirlo era aceptar que nada se posee todo se agradece. Estos actos estaban ligados a las ceremonias relacionadas con Tlaloc, no como “dios”, sino como principio vivo del agua, de la lluvia, de la fertilidad y del sustento.
𝐄𝐥 𝐛𝐚𝐫𝐫𝐨 𝐫𝐞𝐩𝐫𝐞𝐬𝐞𝐧𝐭𝐚𝐛𝐚 𝐥𝐚 𝐭𝐢𝐞𝐫𝐫𝐚 𝐟é𝐫𝐭𝐢𝐥.
𝐋𝐚 𝐛ú𝐬𝐪𝐮𝐞𝐝𝐚 𝐬𝐢𝐦𝐛𝐨𝐥𝐢𝐳𝐚𝐛𝐚 𝐥𝐚 𝐞𝐬𝐩𝐞𝐫𝐚 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐥𝐥𝐮𝐯𝐢𝐚.
El encuentro enseñaba que la abundancia llega cuando hay respeto, paciencia y equilibrio, los niños participaban porque eran considerados semillas humanas, portadores del futuro del pueblo; a ellos se les enseñaba, desde el juego ritual, que la vida se construye en relación con la naturaleza, no por encima de ella.
𝐄𝐥 𝐣𝐮𝐠𝐮𝐞𝐭𝐞 𝐧𝐨 𝐞𝐫𝐚 𝐩𝐫𝐞𝐦𝐢𝐨, e𝐫𝐚 𝐦𝐞𝐧𝐬𝐚𝐣𝐞, e𝐫𝐚 𝐦𝐞𝐦𝐨𝐫𝐢𝐚, e𝐫𝐚 𝐥𝐞𝐧𝐠𝐮𝐚𝐣𝐞 𝐬𝐢𝐦𝐛ó𝐥𝐢𝐜𝐨…
Con el paso del tiempo, este acto no desapareció, fue cubierto por otras narrativas, fue nombrado de otra forma. Los juguetes siguieron escondiéndose, los niños siguieron despertando con ilusión. La fecha siguió siendo especial…
🎁 Antes: dones nacidos de la tierra húmeda y la lluvia.
🎁 Después: regalos traídos por reyes del oriente.
Eso es el sincretismo: la continuidad de un símbolo antiguo bajo un relato nuevo.
🌞 Por eso, el 6 de enero no es solo una tradición importada… Es un eco profundo, es la memoria de un tiempo donde regalar no era consumo, sino acto sagrado de transmisión del conocimiento.
Hoy, recordar esto, no busca negar ninguna celebración. Busca honrar la raíz, despertar la memoria, reconocer que nuestras tradiciones siguen vivas, aunque no siempre sepamos de dónde vienen.
Xipaki ika ti yoltika – Se feliz porque vives.
*Gobernador Superior Indígena y Pluricultural en Morelos, Coordinador General de la O.N.O. (Organización Mundial de las Naciones Originarias) en México.
**Créditos a quien corresponda (tomado de la red).**

