(Nuestras raíces)

Yuruparý, los pueblos indígenas y el proceso civilizatorio

Roberto Rodríguez Soriano[1]

Entre los pueblos originarios del noroeste del Amazonas existe un antiguo relato cosmogónico, asociado a múltiples prácticas culturales y sociales, que refiere a Yuruparý como figura central, héroe y creador.

Según el relato recopilado desde finales del siglo XIX, una epidemia atacó a los humanos. Solo sobrevivieron algunos ancianos y un payé (especialista religioso). Ante la posible extinción, las mujeres buscaron soluciones sin éxito. El payé sobreviviente las fecundó secretamente y una de ellas, Seucy, dio a luz a un niño semejante al sol: Yuruparý.

Con ayuda del Sol y su carácter divino, creció y se convirtió en líder, implantando leyes, ritos, cantos y mitos, y estableciendo una estricta división del trabajo basada en identidades sexo-genéricas, prohibiendo a las mujeres participar en ciertas funciones políticas y económicas.

Los rituales asociados a Yuruparý se siguen practicando, actualizando sus contenidos morales y simbólicos generación tras generación.

Desde las incursiones europeas con fines colonialistas en el siglo XIX, se interpretó a Yuruparý como demoníaco y a los pueblos del Vaupés como “salvajes”.

En 1880, llegaron tres franciscanos para evangelizar. Para 1882 ya habían fundado misiones entre tarianas y tukanos. Iluminato José Coppi, uno de esos franciscanos, combatió el culto de Yuruparý. En octubre de 1882, Ambrosio Piquita fue acusado de envenenar a un jefe local. Coppi negoció su libertad a cambio de la entrega de la máscara y los instrumentos sagrados del Yuruparý, cuyo acceso a estos estaban vedados para la comunidad; especialmente para las mujeres. Piquita entregó la máscara y los instrumentos, pero Coppi no cumplió y fue asesinado.

En su lucha contra la idolatría, Coppi decidió mostrarlos públicamente. El 21 de octubre de 1882 llevó a jóvenes y mujeres a la misión y les obligó a tocar la máscara “sagrada”. Al ver que no les causaba la muerte, muchas lloraron, expuestas a Yuruparý.

Al día siguiente, en la capilla y ante mujeres y niños, sostuvo la máscara en la mano izquierda y la cruz en la derecha, preguntando: “¿Cuál de las dos es verdadera?” y exclamando: “¡Es esta! ¡Es esta!” refiriéndose a la cruz.

Finalmente, los payés lo enfrentaron y lo hicieron huir. Sin embargo, el daño a la comunidad fue irreversible: el culto a Yuruparý, estructurante de la sociedad, se modificó profundamente.

La acción de Coppi ejemplifica la puesta en acción de los fundamentos ideológicos del colonialismo y de la intención civilizatoria occidental que los europeos desplegaron a lo largo y ancho del mundo: bajo el fundamento de la irracionalidad, la inferioridad y la falsedad; el atraso y el salvajismo de los pueblos indígenas. Persiguieron y exterminaron, con toda la violencia imaginable, costumbres y prácticas milenarias, bajo el principio de la verdad absoluta que asumían que representaba su propia cultura.

Hoy, las comunidades amazónicas enfrentan nuevas formas de dominación: extractivismo, mercantilización de territorios, imposición de modelos externos. Los rituales y la memoria de Yuruparý, que han sido declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, funcionan como resistencia cultural. Su historia ilumina cómo la memoria, la imaginación y la práctica ritual sostienen la identidad y la autonomía de los pueblos indígenas frente a siglos de violencia simbólica y material.

Chamanes Jaguares de Yuruparý, Departamento del Vaupés, Colombia. Fuente: https://especiales.semana.com/especiales/patrimonios-colombia-humanidad/chamanes-jaguares-de-yurupari.html

Posdoctorado, UAEM

  1. Posdoctorado, UAEM

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