

(Nuestras Raíces)
LA CELEBRACION DE MIKAILHUITL TODOS SANTOS, FIELES DIFUNTOS, EN OCOTEPEC MORELOS
In Mikailhuitl ipan Ocotepec, Morelos
(Sexta y última parte)
Isidro Rosales Bizarro*
Aunado a esta costumbre y tradición, está el compromiso de ser padrino de cruz de un finado, pues desafortunadamente, esta encomienda lamentable recae en algún familiar o amigo conocido de los dolientes, quienes buscan a la persona idónea para tal fin. Al responder afirmativamente, la persona que fungirá como padrino, toma la responsabilidad de comprar la cruz de madera tradicional y las flores (gladiolas, margaritas y claveles), estas últimas para formar un rosario.

Cuando todavía está acostada la cruz, se acompaña con las ceras, dos pequeñas velas, cuatro veladoras medianas, además de una escoba de anís, como se le conoce, una espátula, paños de algodón y agua bendita, esto último para recoger la cruz de cal que los dolientes ponen bajo la mesa, desde el momento que comienzan los rosarios del novenario, además de los restos de cera, flores y polvo que cae al suelo, pues todo esto se considera el alma del difunto o la esencia. A esto se le conoce como levantar la sombra. Previamente, el padrino ha preparado una caja de cartón forrada con papel blanco y una cruz amarilla, en señal de humildad, para echar todo en esta caja, que será enterrada en el panteón. Todo el polvo donde se ha amontonado y los residuos, se recogen minuciosamente empapando los paños con el agua bendita, para recoger todo perfectamente. Esto se realiza durante el rosario.
Mientras la cruz está todavía tendida, para levantar la sombra, en todo el tiempo que dura el rosario, los padrinos (cuando es un matrimonio) o el padrino, deben estar de rodillas y en cada misterio del rosario, simulan quitar los clavos, la corona y curar el costado herido de Jesús. Al terminar, se levanta la cruz por el o los padrinos y la sostienen para que los familiares y conocidos pasen a besar la cruz, como se acostumbra y es aquí donde muchas de las veces aflora el sentimiento, pues se cree que es la última vez que el alma del difunto está en su hogar. Después de haberse despedido todos de la cruz, en procesión se lleva esta hasta la parroquia del pueblo, donde previamente el padrino o los familiares han reservado una misa para pedir por el descanso eterno del finado. Al terminar esta, el sacerdote bendice la cruz y exhorta a los familiares a aceptar la voluntad de Dios y la pronta resignación. Nuevamente en procesión, se emprende el camino rumbo al panteón del pueblo, se coloca la cruz en el sepulcro con las flores y ceras ofrendadas y la caja que contiene los restos de la cruz levantada. Es desde este momento que el padrino, año con año, adornará con flores de cacaloxochitl (conocida como flor de mayo), los días dos de mayo, en un acto previo a la fiesta de la Santa Cruz (tres de mayo); el veintiocho de septiembre se adorna con flor de atli (pericón), previo a la fiesta de san Miguel Arcángel (veintinueve de septiembre). Al cabo de un año, el padrino nuevamente floreará la cruz, de manera previa a su habilitación (pintura o compostura si ha sufrido algún desperfecto). Después de poner la cruz, se le invita al padrino y a los que acompañaron a compartir el pan y la sal, en la casa de los dolientes y así pasan a ser compadres.
Los rezanderos en Ocotepec, son personas muy importantes en casi todas las cuestiones religiosas, y en estos eventos infortunados, y estos no cobran ningún peso para la realización de los rosarios durante los novenarios. Desde el momento en que los dolientes piden el favor a algún rezandero del pueblo, estos agradecen a los últimos, que también agradecerán con un convivio, al término de todo el compromiso.
Omitimos algunos criterios propios de estas costumbres y tradiciones, pues el sincretismo de las familias es muy extenso en el pueblo de Ocotepec.
Hace aproximadamente veinte años, en los tecorrales deshabitados de Ocotepec, a finales del mes de octubre, se podían ver muchas plantas de chilacayote, con el fruto ya maduro del tamaño de una sandía, y recuerdo que de niños teníamos gusto en recolectar algunos, para hacer las tradicionales calaveras que servían como faroles. Le quitábamos todo el bagazo hasta dejarlo hueco y le hacíamos los ojos nariz y boca y en el centro del lado de abajo hacíamos un agujero para poner una vela, así que la luz salía por las partes que le hacíamos para formar la cara. Era muy común en estos días ver a muchos niños con su calaverita de chilacayote, visitando con sus padres las ofrendas. Esta tradición se acostumbraba desde mucho antes, cuando aún no todas las calles estaban alumbradas, y estos faroles artesanales eran de mucha utilidad. El chilacayote que crecía casi silvestre en Ocotepec, es de un verde intenso y es grande; además, cuando está tierno, es muy rico en clemole que preparan en el pueblo. Invitamos a todas las personas del pueblo a que, si todavía conservan las plantas de chilacayote, siembren su semilla antes de las lluvias, para que no quede extinta esta legumbre, que crecía antes mucho y ahora se va terminando.
FIN
“SI NO CONVIVES CON EL SENTIR VIVENCIAL DE UNA COMUNIDAD, NUNCA ENTENDERAS SU CULTURA”
*Cronista, tecutli, guardián de las verdaderas costumbres y tradiciones del pueblo indígena de Ocotepec Morelos, México.

