

(Nuestra raíz)
LA FLOR DE PERICÓN Y LAS OFRENDAS
Manuel P. Gómez Vázquez (Mixcóatl Mikistónal)*
Panolti Niknehuan (Hola mis hermanos):
El domingo 22 de septiembre a las 14:44 horas se terminó el verano y comenzó la estación de otoño. Si somos observadores, al salir al campo, nos daremos cuenta el cambio que nos obsequia nuestra Madre Tierra; empiezan a surgir unas hermosas flores que alfombran el paisaje cubriéndolo de un intenso color amarillo, es un verdadero milagro de la vida como esa delicada florecilla que no necesita ser sembrada, ni cuidada, solita nace, adornando y perfumando esta bella época del año.
Esa flor que en la actualidad la conocemos por el nombre de “Pericón”, es muy común por estas fechas; antiguamente se llamaba Yautli, que en náhuatl significa “niebla u obscuridad”, pero también se conocía por Xacayauhtli, Yaoxochitl o Yauhtlixochitl, dependiendo de la región y la variante del idioma.

A la flor de pericón se le daban muchos usos, pues tiene propiedades curativas o medicinales, los abuelos la utilizaban para aliviar trastornos digestivos, calmar cólicos estomacales, diarrea y disentería, empacho, tifoidea y vómito. Pero además los Tlahuicas Xolmecas y muchos otros pueblos, la usaban para cuestiones religiosas, porque con ellas ponían ofrendas a XILONEN, la Diosa del Maíz tierno, debido a que ésta flor nacía al mismo tiempo que la milpa. Cuando las plantas empezaban a dar sus primeros elotes (tiernos), era el momento de colocar la flor de pericón en forma de Rosa de los vientos, con ello se trataba de evitar la furia de Ehécatl (Dios del viento), quien se pensaba que desataba su maldad de fuertes ventarrones sobre los pueblos y los campos en la madrugada del día 29 de septiembre.
En algunas regiones de la Huasteca (hoy los Estados de Hidalgo, Veracrúz y San Luis Potosí), esta fecha coincide también con la primera ofrenda al Mictlán y el ritual del “elotlamanaliztli”, para anunciar la fiesta más importante: El Xantolo Mijkailjuitl o “Día de Muertos”, a partir de este día los señores del mundo de los muertos Mictlantecuhtli y Mictecacihuátl, abren las puertas del inframundo, para permitir que las almas de los muertos, puedan visitar el Yolixtli (el mundo de los vivos), es en este momento donde los vivos y los muertos conviven en un mismo lugar, por ello se pone la primera ofrenda para empezar las festividades, donde los vivos esperan con gran regocijo, la llegada de sus fieles difuntos, preparando todo para finalmente poner las grandes ofrendas que conocemos en la fiesta más importante de nuestro México antigüo. Si han tenido la oportunidad de ver la película “Coco” de Walt Disney, pueden darse una idea de lo que nuestras tradiciones dicen al respecto en esta bonita época. Esta primera ofrenda es dedicada a la Madre Tierra, al maíz y a las siembras, para que en el año se tengan buenas cosechas. Por otra parte también se pone la ofrenda al “Elotlamanaliztli, o del Maíz nuevo, que se les ofrece a las deidades, especialmente a Chicomexóchitl, por haber concedido la buena producción del alimento vital de la vida de nuestros pueblos originarios.
El maíz es el producto más importante de nuestra civilización, no solo lo concebíamos como el alimento base, sino que nos considerábamos que éramos parte de él, proveníamos de él, es por eso que existían tres tipos de color del maíz que nuestros antepasados identificaban como parte de nuestro cuerpo: el maíz negro, era nuestro pelo, el blanco nuestros huesos y el amarillo nuestra piel; por ello el día 29 de septiembre se ha conmemorado como el “Día Nacional del Maíz”, mientras en la tradición católica se festeja a San Miguel Arcángel, que demarca como ya dijimos, el inicio de una de una de las tradiciones más arraigadas y hermosas de nuestro país: las festividades del Día de Muertos.
Todavía en la actualidad se conserva en algunos lugares como en el pueblo de Ocotepec, en Cuernavaca, esa bonita tradición ancestral de poner esas hermosas ofrendas en los campos de milpa, cuando empiezan a aparecer los elotes tiernos, para calmar la furia del temporal y permitir que esos elotitos se puedan convertir en maduras mazorcas para nuestro alimento; algunos perpetuadores de ese antiguo ritual como mi amigo Isidro Rosales, Maestro, guardián de la tradición y cronista de Ocotepec, siguen luchando por continuarlo y lo llaman “Ofrenda a los vientecitos”, en algunos otros lugares lo conocen por Huencle. Si alguna vez tienen oportunidad de acudir a este tipo de festividades no se lo pierdan, además de conocer nuestras viejas costumbres y fortalecer nuestra identidad, podrán degustar de un rico y tierno elote hervido o asado, preparado en el lugar mismo donde se cultiva, en verdad en una festividad más allá de un bonito día de campo que fomenta la unión familiar.
A la llegada de los españoles y la mezcla de las dos grandes culturas, la Rosa de los vientos elaborada con las flores de pericón y que era puesta como ya hemos dicho en las ofrendas y altares, pasó a convertirse en la tradicional “Cruz de pericón” que actualmente conocemos. Esta se coloca para ahuyentar al demonio y evitar desgracias, según la tradición, en las casas, cultivos, huertas, negocios, puertas, ventanas, vehículos. Etc. Disfrutemos esta hermosa y colorida tradición ancestral.
Ma Toteotzi mizpalehui miak, huan nimizcuitlahui nochipa. Tlazohcamati miak (Que Dios les ayude mucho y les cuide siempre. Muchas gracias).
*Mto. Y D.H.C. Gobernador Superior Indígena y pluricultural en Morelos.

Xilonen Imagen: flickr.com

