

De los feminismos y el sufragio femenino
Morelos es reconocido como tierra zapatista, pero a menudo se olvida la genealogía feminista que lo ha sostenido en un tejido fino, casi invisible, a través de una larga historia de movimientos en defensa de los derechos de las mujeres, desde la lucha jaramillista (en 1938), hasta las primeras organizaciones de mujeres en este Estado que fueron fundadas en la segunda mitad de 1970. Acompañadas de otro tipo de actoras que también jugaron un papel importante en la historia por las reivindicaciones de género, mujeres de los sindicatos independientes y de los partidos políticos de izquierda, las activistas, las feministas y la nueva ola sostenida por las morras y su ternura radical. Una genealogía que sin duda es pieza clave para que Morelos haya decidido por una mujer gobernadora.
El feminismo como decisión política de vida, no tiene un solo rostro, de lejos parece una mujer de mil cabezas, una creatura hermosa, autónoma, sexuada; sus múltiples brazos, la alimentan, la abrigan, la fortalecen, la hacen libre. Me gusta imaginarlo como la posibilidad de cruzar todas las puertas, de ver desde los ojos de las otras lo que sucede en los reinados de las periferias, en las geografías de la invisibilidad, del olvido, del despojo, del silencio, imaginar cómo cada una de las mujeres que se vuelve un rostro más de los diversos feminismos armadas de adentro hacia afuera, con la palabra como bandera, con la urgente necesidad de transfórmalo todo, con la urgente tarea de habitar un mundo donde ser mujer no signifique peligro de muerte.
La idea de habitarse en otras me parece una de las razones más contundentes de vivirse feminista, el ejercicio de reconocer a las otras, de sumarse, de formar un capital simbólico de la memoria que nos habita. Por ello y en el marco del 71 aniversario del voto femenino, me parece esperanzador que en una nación como esta, misógina y heredera de una lógica machista en la que parece no doler que se cometan 11 feminicidios al día, hoy Morelos, un Estado que ha sido gobernado durante 155 años solo por varones, llegara a la gobernanza Margarita González Saravia, me parece también un gran paso que en una sesión solemne en el congreso del estado como un acto histórico, se conmemore en la casa del pueblo el aniversario del sufragio femenino.
Sabemos que cada decisión estará bajo la lupa, que existen personajes diciendo en tono de inquisidor que esperan que las mujeres que llegaron al poder “no se equivoquen” porque de hacerlo, como han amenazado, “no nos darán una segunda oportunidad”; como si ellos, los patriarcas, nos hubieran regalado el camino para llegar a esas posiciones y no fuera una consecuencia de la lucha histórica de más de 300 años para impulsar desde puesto de decisión caminos por la igualdad y la equidad.
Es recomendable, pues, saber, si no nadar, al menos flotar, para no naufragar en las distintos mares del feminismo, en la gobernanza con perspectiva de género, en las políticas públicas interseccionales, antirracistas, desde las necesidades de quienes durante sexenios y sexenios no han sido escuchados, no perder la brújula para no olvidar que se está adentrando a una cartografía de una nueva forma de ser y hacer gobierno, una forma colaborativa, colectiva y rizomática, con múltiples maneras de entretejerse. La apuesta de nombrar la política pública desde lo que ha sido excluido y borrado, desde una entraña izquierdista sí, pero arraigada en los feminismos, puede sin duda ser el piso que estamos deseando de una transformación donde quepan todos los mundos posibles que habitan y conviven en un mismo territorio

Con la primera gobernadora de Morelos, se reafirma el avance hacia una participación más equitativa en la política y la importancia de que las mujeres ocupen puestos de liderazgo. Este logro no solo es simbólico, sino que abre la puerta a políticas públicas más inclusivas y comprometidas con la defensa de los derechos de las mujeres y la justicia social. La gobernadora representa un ejemplo vivo de cómo el voto femenino ha transformado el escenario político y sigue siendo una herramienta poderosa para construir un futuro más igualitario.
Entre pues al estado de Morelos, a esta urdimbre zapatista y feminista y abandone su masculinidad frágil y patriarcalizada, para que sea parte de este nuevo capítulo en la historia de nuestro estado. Que vivan las mujeres que nos antecedieron, las que literal lucharon para que la que escribe y todas, tengamos voz y voto en las decisiones de un país, estamos construyendo una matria propia donde cada mujer de cada rincón sea una protagonista poderosa y libre de la nueva historia.

