

Gonzalo Lira Galván
Hay escrituras que no se proponen explicar el mundo sino desbaratarlo, ponerlo en duda, torcerle el cuello a las palabras hasta que digan algo más honesto. La de Camila Sosa Villada es una de esas escrituras: un testimonio que no busca redención sino presencia, una voz que ha aprendido a hacerse oír entre los escombros del silencio.
Hay una dualidad que recorre todo el universo de Camila Sosa Villada: entre lo visible y lo silenciado, entre el desborde y la normalización, entre la furia y la ternura. Esa tensión es quizá el motor de su escritura, y se hace aún más potente cuando se traslada del papel a la pantalla. En su novela Tesis sobre una domesticación (2019, reeditada en 2023) y en su adaptación cinematográfica homónima (2024–25), esa tensión se expresa como resistencia, como interrogación de lo que aceptamos como “doméstico”, “normal”, “dócil”.
Tesis sobre una domesticación es, en apariencia, un libro sobre la violencia que normaliza el amor, sobre la docilidad aprendida, sobre el cuerpo como campo de entrenamiento para la obediencia. Pero debajo de esa piel late otra cosa: una ternura feroz, una forma de escribir que no pide permiso. Es un texto que no solo denuncia —porque la denuncia siempre corre el riesgo de volverse costumbre—, sino que encarna la resistencia en su forma, en su respiración, en su modo de decir “yo” cuando el mundo insiste en borrarla.
Camila escribe desde el margen, pero no para pedir entrada al centro. Su literatura no suplica pertenencia: inventa un territorio propio, un lugar donde la vulnerabilidad se convierte en política. En Tesis sobre una domesticación, la casa —ese espacio donde se supone que aprendemos a amar— aparece como laboratorio del miedo y del mandato, pero también como el sitio donde se ensaya la fuga. La domesticación no se cumple del todo; hay siempre un gesto de escape, una mirada que se resiste a ser dócil.
“Tanto la novela como la película honran a un personaje repulsivo como es esta actriz”, explica la escritora y actriz. “Lo que le da esa libertad no es habérselo ganado. Lo que le permite a ella ser como quiere ser es su éxito y su dinero. Aunque eso no la exime de ciertos peligros: el amor es un peligro, la maternidad es un peligro, ser hija es un peligro también”, continúa la argentina.

Leer a Camila es asistir a una especie de desmantelamiento emocional. Sosa Villada no escribe “sobre” la violencia: la vuelve experiencia estética, la atraviesa con una sintaxis que se quiebra, que respira entre sollozos. Lo político, entonces, no está solo en lo que dice, sino en cómo lo dice: en la fragilidad que exhibe sin vergüenza, en la ferocidad que brota de esa fragilidad.
Hay en su obra una lección que no tiene que ver con la teoría ni con el feminismo académico, sino con algo más básico y más difícil: la posibilidad de habitarse sin pedir perdón. Tesis sobre una domesticación es un texto que no busca domesticar al lector, sino contagiarle la incomodidad. Nos obliga a pensar qué parte de nosotros ya se acostumbró a la jaula, y si aún queda algo salvaje dentro.
En Tesis sobre una domesticación, la protagonista —una actriz trans que ha alcanzado éxito, matrimonio, adopción— parece haber “ganado” la partida según los términos que impone la sociedad, pero Sosa Villada interroga ese supuesto triunfo: ¿qué significa realmente “vivir tranquila”, “hacer casa”, “ser parte”? ¿En qué momento ese éxito se convierte en coartada, en domesticación de los deseos y del cuerpo?
Sosa Villada expone la fragilidad de los vínculos, los acuerdos invisibles que sostienen el matrimonio, la pareja, la adopción. Y lo hace no desde la víctima sino desde la que sigue viva, la que se resiste.
“Las artistas no debemos pensar si el público está listo o no para el arte que hacemos”, explica Camila. “No es mi deber preocuparme si la gente que verá la película está preparada para ver a una mujer trans desnuda o para ver a una mujer trans cogiendo. Pero sobre no debo preocuparme si están listos para ver a una mujer como esta ser desagradable. Esa no es mi tarea ni la de la gente que hace cine. De eso solo se preocupa quien hace negocio de las emociones ajenas”, puntualiza con la agudeza que caracteriza sus ideas.
La adaptación al cine de Tesis Sobre Una Domesticación, dirigida por Javier van de Couter y protagonizada por la propia Sosa Villada, no es un mero reflejo de la novela sino una reelaboración de sus resonancias. La película ya se presentó en festivales internacionales, por ejemplo Chicago International Film Festival 60ª edición en 2024 y el Festival de Morelia, y es producida por La Corriente del Golfo de Gael García Bernal y Diego Luna.
El proceso de guion duró dos años con Sosa Villada involucrada directamente. “Tenerla involucrada en la adaptación me dio tranquilidad”, dijo el director van de Couter.
En la novela, la actriz protagonista parece tenerlo todo. El matrimonio. El hijo. La visibilidad. Pero algo no cuadra: el cuento del éxito está domesticado. La apuesta radical que hizo Sosa Villada es preguntar qué queda cuando el combate ya fue ganado -o así lo parece-. ¿Se acaba la tensión? ¿O empieza otro tipo de cautiverio?
En la película, ese cuestionamiento se intensifica: el lenguaje del cine permite que lo doméstico sea también imagen, montaje, cuerpo, brillo, silencio. La actriz en su camerino, la casa que se ilumina al entrar el hijo, la ciudad de apariencia neutra: todo habla de una domesticación que no es amable. Como dice Sosa Villada, el cine tiene una deuda: con estos cuerpos, con estos deseos, con esta potencia que no pide permiso.
“Yo me estaba haciendo una crítica a mí misma. A mi propia heterosexualidad y a mi forma de tomarme las cosas, que no es la misma que era antes”, explica Sosa Villada. “He cambiado en los últimos cinco o seis años. Porque además el libro lo reescribí. No es la misma versión ahora que en 2019. Y esto lo hice a partir de la experiencia de filmar la película. Yo volvía del set y me sentaba a escribir con toda esa experiencia fresca todavía”, narra la autora.
Con Tesis Sobre Una Domesticación no estamos simplemente ante una historia trans que pide inclusión. Estamos ante una escritura y una película que exigen ambición, deseo, glamour, contradicción. Exige que las personas trans no sólo “sobrevivan”, sino que tengan derecho a lo que históricamente se les negó: éxito, estabilidad, placer y ¿por qué no también el derecho a ser malas? Que esa obtención no las convierta en objeto de domesticación.
En un mundo que se jacta de “visibilizar” lo trans, Sosa Villada nos advierte: cuidado con lo que llamamos victoria. Porque muchas veces se celebra la incorporación al sistema, pero no se interroga la transformación que esa incorporación impone al cuerpo, al deseo, al lenguaje. La normalización como objetivo, pero nunca como destino final.

