

Pide un deseo
Cynthya Maya*
En estas últimas semanas una idea ha rondado por mi cabeza: quiero jubilarme.
Las jornadas laborales extenuantes, el caos citadino (que se acrecienta en temporada de lluvias) y el poco tiempo para dedicar a mi salud, entablar vínculos y realizar actividades recreativas, me hace anhelar lo que ya muy pocas personas en el país pueden gozar, una pensión.
En México, el sistema de pensiones inició con la creación del IMSS en 1943 y se consolidó en 1973. Para que las personas con empleos formales pudieran beneficiarse de una pensión, debían trabajar aproximadamente 10 años y tener mínimo 60 o 65 años. En este sistema de pensiones (de reparto), los trabajadores activos financiaban, con impuestos y cuotas patronales, las pensiones de los jubilados, y el Estado tenía la función de garantizar esos fondos; sin embargo, las cuotas de los trabajadores se utilizaron para otros fines (infraestructura y gasto corriente), sin que ese dinero se repusiera, además que comenzó a incrementarse el envejecimiento poblacional, por lo que este sistema dejó de ser sustentable y fue inviable financiar y universalizar las pensiones.
En julio de 1997 se reformó la Ley del Seguro Social y se reemplazó el sistema solidario por uno individualizado donde cada trabajador(a) debe financiar su propia pensión a través de las AFORES (Administradoras de Fondos para el Retiro). El dinero que se deposita en las AFORES se invierte en el mercado financiero, por lo que dependerá de cómo se comporte el mercado para saber qué rendimientos se tendrá.

Este modelo redujo los montos de las pensiones y pasó la responsabilidad del Estado a las personas y lo dejó en manos de la iniciativa privada. En este esquema, para poder tener una pensión, se necesitan casi 24 años laborando en un empleo formal y tener los montos suficientes.
Pero ¿cuántas personas pueden trabajar por 24 años en un empleo formal? Según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, actualmente (2025) más del 50% de la población económicamente activa trabaja en la informalidad y por lo tanto no cotiza ni al IMSS ni al ISSSSTE (además que el salario promedio mensual es de menos de $5,000).
Adicionalmente, existen otras condiciones desfavorables que no suman a nuestro ahorro para el retiro, por ejemplo:
- Honorarios profesionales: en este régimen se contrata a la persona para realizar un trabajo específico de manera independiente, esto es, con total autonomía de la forma como lo realiza, aunque en la realidad no es así, ya que en muchos lugares se establecen horarios fijos y se pide acudir presencialmente. Este régimen evita dar prestaciones laborales (seguridad social) y no reconoce antigüedad.
- Contratos por tiempo limitado (antes de cumplir un año): esto también es un clásico para no reconocer tu antigüedad. Renovarte contrato cada cierto tiempo, 3 meses, 6 meses, hace que no puedas gozar de ciertos derechos como: vacaciones, aguinaldo, reparto de utilidades o indemnizaciones, pero también puede dificultar que puedas acceder a créditos, seguros o programas sociales donde se requiere que se tenga un contrato formal.
- Dar de alta en el IMSS con un salario menor: esta práctica indebida reduce tus aportaciones a la AFORE, lo cual afecta tu pensión. Los empleadores no aportan el dinero que deberían por el salario y trabajo que haces. Es una práctica muy mezquina que sigue enriqueciendo a las clases altas y empobrece todavía más a los sectores más vulnerados.
Estas condiciones laborales afectan nuestra salud en diversas formas: incertidumbre por no tener un trabajo estable y por consiguiente no poder planear a largo plazo, ya sea una compra, la renta del siguiente mes, vacaciones, inclusive el considerar procrear o no; frustración y desmotivación al no contar con prestaciones; sensación de injusticia y enojo por no tener mejores sueldos y condiciones laborales; además de impotencia por dedicar la mayor parte de nuestra vida a trabajar y no tener tiempo para realizar otras actividades.
Aunque pareciera que con la modificación del sistema de pensiones en 2020 (reducir las semanas requeridas para pensionarse), la eliminación del outsourcing en 2021 y la creación del Fondo de Pensiones para el Bienestar en 2024 (para complementar las pensiones de trabajadoras y trabajadores con ingresos bajos), el panorama de pensiones y otros derechos mejora de manera sustancial, es innegable que uno de los pasos más importantes para lograr un cambio significativo es integrar a más personas al mercado formal de trabajo, y no solo eso, también regular los sueldos, horarios y condiciones laborales.
No me queda duda de que ese escenario está muy lejos de alcanzarse, y quizá por eso, a pesar de que disfruto mi trabajo y estoy rodeada de gente muy valiosa, inteligente y agradable, pasar casi todo el día encerrada en la oficina hace que mi deseo más profundo en estos momentos sea jubilarme.
*Comunicóloga, salubrista y godín en el sistema de salud. / c.maya.hdz@gmail.com


