Hormigas: agricultoras, pastoras, protectoras

 

10 años después volví a probar la carne. Había pasado poco más de una década desde que dejé de comer carne, aunque siempre comí queso y ocasionalmente huevos. La intensa sensación en la boca cuando vuelves a masticar la carne, a sentir su jugo, la grasa, la textura… es algo que jamás he vuelto a sentir. A inicios de la década de 2000 ser vegetariano no era tan frecuente como ahora. Había pocas opciones de restaurantes y en las reuniones siempre había “chistes” al respecto, el más frecuente era decirme: “pues ahí hay pasto para que comas”.

Aunque hubiera querido, no había forma de que comiera pasto. A diferencia de los animales rumiantes, la especie humana no puede digerir el pasto de manera eficiente. Nuestro sistema digestivo no produce las enzimas necesarias para descomponer la celulosa en carbohidratos simples para poder absorberlos. Las vacas, ovejas, jirafas, búfalos, venados, cabras y otros rumiantes tienen un sistema digestivo con bacterias simbiontes, que junto con las cuatro divisiones de su estómago les permiten aprovechar los nutrientes del pasto y otras plantas. Los segmentos tienen tejidos distintos; los vemos todo el tiempo en la pancita (o menudo): libro, panal, cuajo, callo, corresponden a los diferentes segmentos del sistema digestivo de las reses.

Cuando hablamos de animales herbívoros, solo el 0.1% de todos los vertebrados lo son, en contraste con el grupo de insectos, en el que 26% se alimentan de alguna estructura de las plantas, ya sean hojas, tallos, frutos, flores o raíces. Esa relación entre invertebrados y plantas es muy vieja. Los primeros registros fósiles datan de hace aproximadamente 400 millones de años, en el Devónico temprano (este periodo es re famoso por peces como Dunkleosteus o el Tiktaalik, un pez “intermedio” con características de tetrápodo).

Las adaptaciones de los animales para poder consumir las plantas son muy diversas. En el caso de los insectos, muchos de ellos se especializan en un tipo de planta, de modo que solo comen una familia botánica. Esto ocurre por diversas razones, una de ellas es que evolutivamente los insectos desarrollan mecanismos para tolerar las toxinas con las que se defienden las plantas para no ser comidas. Esto hace que, por un lado, puedan alimentarse de una planta específica; y por el otro, que no tengan la capacidad de hacerlo de otras, porque no tiene los mecanismos para tolerar otras toxinas. Es como si tuvieran una llave de cruz que funciona para cerraduras en cruz, pero que no serviría para cerraduras triangulares.

Que los animales se coman a las plantas se solía pensar como una relación antagonista, es decir, en la que los animales eran los únicos beneficiados. No obstante, ahora se sabe que no necesariamente es así, puede ser que no haya efecto negativo sobre la planta o incluso que haya un efecto positivo para ambas especies. Uno de los ejemplos que menciona Ek del Val en Ecología y evolución de las interacciones bióticas es el de algunas plantas que producen mayor follaje cuando los ápices (puntas) son comidos, ya que se activan tejidos latentes llamados meristemos. Este fenómeno explica por qué algunas personas recomiendan cortar las puntas de algunas plantas para que sean más frondosas.

La relación entre hormigas y acacias es uno de los ejemplos clásicos de cómo pueden beneficiarse tanto insectos como plantas. Hormigas del género Pseudomyrmex han evolucionado para hacer de las plantas de Acacia cornígera su hábitat. Estas hormigas viven en la acacia, comen de ella y también la protegen. Por su parte, esta fabácea espinosa parecida a un huizache ha evolucionado para dar alimento a las hormigas, a través de nectarios extraflorales y los llamados cuerpos de Belt, que son aprovechados únicamente por las hormigas; además la planta produce espinas huecas que son usadas por las hormigas para anidar. En esta relación las hormigas protegen a la planta tanto de herbívoros como de plantas parásitas, patrullando todo el tiempo sobre la planta. (Ingrid Sánchez tiene un hermoso artículo en tres partes sobre esta relación, llamado “La fuerza del amor en el Neotrópico”, disponible aquí: Parte 1, Parte 2, Parte 3). Los cactus (cactaceae) son otra familia de plantas que también producen néctar fuera de las flores para atraer hormigas y obtener protección de ellas, los géneros más frecuentes con nectarios son Coryphantha, Ferocactus, Opuntia, Stenocerus y Thelocactus, la mayoría ubicados en tallos asociados a espinas o glóquidios (o ahuates en los nopales).

Para seguir con las hormigas, en México tenemos la fortuna de tener varias especies de hormigas cortadoras o forrajeras de los géneros Atta y Acromyrmex: son esas hormigas rojitas que vemos en los jardines haciendo largas filas de cientos de individuos mientras acarrean trozos de hojas, pedazos de frutos y demás materia vegetal hacia sus nidos. Contrario a lo que puede parecer, toda esa materia vegetal que transportan no es para comerse, sino para cultivar, en concreto, para cultivar un hongo del que se alimentan. La relación es muy interesante. Las hormigas despedazan las hojas en pequeñas partes para luego masticarlas, mezclarlas con saliva, secreciones anales y después las inoculan con mechones de micelio del hongo, que empieza a crecer y forma unas pequeñas vejigas hinchadas ricas en glucógeno, algunas proteínas, aminoácidos y lípidos, que son alimento de las hormigas.

Luego de millones de años de coevolución, las hormigas han “domesticado” el hongo (como nosotros hemos domesticado al maíz y otras plantas), de modo que ya no es una especie silvestre; es más, este hongo ya no produce cuerpos fructíferos con esporas (las setas) y se reproduce por esquejes (o coditos como dirían las abuelas). De hecho, las reinas jóvenes que dejan el nido para formar sus propias colonias llevan trozos de ese hongo para recomenzar el cultivo en sus hormigueros.

Además de agricultoras, las hormigas también son “pastoras”. En México, se ha documentado una relación entre hormigas del género Camponotus y pulgones (o áfidos) de géneros Aphis o Hyalopterus. Las hormigas recolectan la melaza que los pulgones excretan luego de alimentarse de la savia de las plantas y a cambio las protegen de depredadores las catarinas; incluso pueden llevarlos a nuevas plantas cuando la fuente de alimento se agota.

Nota curiosa: en la película Bichos, el nombre de la princesa de las hormigas es Atta, como el género de hormigas cortadoras. Además, la reina tiene una mascota llamada Aphie, que es un pulgón, de esos que pastorean las hormigas para alimentarse.

*Comunicador de ciencia / Instagram: @Cacturante

Fotos tomadas de Internet / cortesía del autor

Gabriel Millán