

Junto con varios colegas de La Jornada Morelos y desde sus inicios, hemos puesto a debate políticas culturales que en parte, como en el sexenio pasado, fueron sometidas con calzador, a prioridades turísticas, por una absurda concepción dominante de que invertir en turismo, apoyar a hoteleros, produciría importantes efectos en el sector cultural de la economía. Veamos otra perspectiva desde el estado de Río de Janeiro en Brasil.
Junto a las calzadas y avenidas que van paralelas a las famosísimas playas de Ipanema, Copacabana y Leblon, no, no hay portentosos espectaculares o pantallas gigantes, hay en cambio, respeto por el paisaje de playa, marino. Existen cada 400 mts, sanitarios públicos, gratuitos para mayores de sesenta años, y vigilancia policial. Los edificios de departamentos y de hoteles, no se comieron las playas ni las privatizaron, están a unos 150 metros de ellas.
Las playas cuentan con cientos de canchas de voleibol y de futivol, ese invento deportivo carioca, gratuitas e iluminadas por las noches. El acceso a las playas es también gratuito a todo lo largo de ellas.
¿Viene los turistas a estas playas por sus hoteles, sus bares y comidas? Algunos lo hacen, pero las estadísticas oficiales muestran claras de preferencias por aspectos culturales de las mismas.
Una fuerte motivación operante de sus turistas es recorrer el espacio visualizado, soñado, imaginado, o como usted guste, por el amado poeta Vinicius de Moraes y musicalizado por Tom Jobim con la canción La Chica de Ipanema.
Esa playa es contigua a la de Copacabana, son destinos de playa prioritarios para los extranjeros. Tal empuje ha dado esa canción a Río de Janeiro, que se rindió homenaje a Jobim con un lindo monumento sobre la playa. Más recientemente amerito un monumento Gilberto Gil, ojo, no un político o gobernador o diputado pasajero, o desarrollador de mafia inmobiliaria.

Como lo revelan las estadísticas del Laboratorio de Turismo de Río, son los espacios culturales los de mayor interés para sus visitantes: museos, rodas de samba por todos sus barrios, y por supuesto, sus carnavales.
Cuando escribo esto, se discute en redes quién de sus artistas y músicos o cantantes, merece el siguiente monumento. Bendiciones para ellas y ellos por enriquecer los espacios públicos y auditivos de este mundo.

Jobim. Fotografía cortesía del autor

