¿Cómo afecta el trabajo mi salud mental? 

Gabriela Mendizábal Bermúdez y Antonio de Jesús Guevara Mendoza * 

Los riesgos que hoy amenazan la salud mental en el ámbito laboral no siempre se ven, no siempre dejan huellas físicas inmediatas, pero erosionan silenciosamente la vida de miles de personas trabajadoras. Se trata de los llamados riesgos psicosociales. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) es una categoría que nombra aquello que muchas veces se normaliza: cargas excesivas de trabajo, jornadas interminables, presión constante por resultados, falta de reconocimiento, incertidumbre laboral, ausencia de oportunidades reales de crecimiento y sobre todo trabajar en ambientes hostiles o inclusive sufrir violencia laboral. 

No son problemas menores, ni exageraciones generacionales. Son condiciones estructurales que se gestan en la organización misma del trabajo: en cómo se distribuyen las tareas, en cómo se mide la productividad, en cómo se ejerce el poder dentro de los centros laborales y en cómo se administra el tiempo… ese tiempo que debería permitir no solo trabajar, sino también vivir. 

Los riesgos psicosociales no solo incomodan: enferman. Incrementan la probabilidad de sufrir daños físicos, sociales y psicológicos que pueden volverse crónicos. El estrés laboral constante, el síndrome de burnout o agotamiento profesional, la violencia en el trabajo, el acoso laboral y la presión desmedida por cumplir metas inalcanzables no son fenómenos aislados; son expresiones de un modelo que, en demasiadas ocasiones, privilegia la productividad por encima de la dignidad humana. 

Cuando una persona trabajadora vive bajo tensión permanente, cuando siente miedo de perder el empleo, cuando es humillada o invisibilizada, cuando el descanso se convierte en culpa y no en derecho, estamos frente a una vulneración profunda. No se trata solo de condiciones laborales deficientes: se trata de una afectación directa al derecho a la salud, al trabajo digno y a una vida con equilibrio. 

La OMS (2025) señala que más de mil millones de personas padecen trastornos de salud mental como la ansiedad y depresión. El informe Health on Demand 2025, de Mercer Marsh Benefits, señala que el 43% de los encuestados de México se sienten estresados la mayoría de los días de trabajo (Mercer Marsh Benefits, 2025). 

En México, la Norma Oficial Mexicana NOM-035-STPS-2018 representó un paso importante al reconocer la obligación de los centros de trabajo de identificar, prevenir y atender los factores de riesgo psicosocial, colocando la salud mental en la agenda laboral. No obstante, fue hasta el 4 de diciembre de 2023 cuando, tras más de cincuenta años sin cambios sustanciales, se publicó en el Diario Oficial de la Federación la reforma a la Ley Federal del Trabajo que actualizó la tabla de enfermedades profesionales, permitiendo tramitar incapacidades por trastornos relacionados con estrés, depresión, ansiedad y alteraciones no orgánicas del sueño. 

Si bien diversos cambios normativos, como la denominada “Ley Silla”, exigible a partir del 15 de diciembre de 2025 o la implementación gradual de la jornada laboral de 40 horas, buscan generar mejores condiciones para que las personas trabajadoras desarrollen sus actividades, estos avances deben entenderse también como parte de una política integral de seguridad social. No basta con mejorar las condiciones físicas o reducir el tiempo de trabajo si no se garantiza, al mismo tiempo, la protección efectiva de la salud, incluida la salud mental, mediante mecanismos de prevención, atención e incapacidades reconocidas. De lo contrario, seguirán normalizándose prácticas que perpetúan los riesgos psicosociales y vulneran no solo la salud, sino el derecho a una protección social plena y digna. Se vulnera el derecho a la seguridad social para la vida. 

* Profesora Investigadora de Tiempo Completo y Doctorante en Derecho y Globalización en la FDyCS de la UAEM. 

La Jornada Morelos