

Resistencia a los antibióticos: El futuro que ya nos alcanzó
Etsel Piña Pérez*
Cuando no estudiamos medicina, ni áreas relacionadas con la salud o ciencias biológicas, desconocemos situaciones cotidianas que tienen un impacto profundo y, a menudo, imperceptible. Uno de los ejemplos más relevantes es el uso de antibióticos.
Punto clave: los antibióticos solo son efectivos contra bacterias
Desde el descubrimiento de la penicilina, estos medicamentos han salvado innumerables vidas. Sin embargo, como ocurre con muchas sustancias, también se les encontró otros usos, como en la industria ganadera, donde se emplean en bajas dosis como aditivos para estimular el crecimiento y mejorar la eficiencia alimenticia en animales como aves, cerdos y vacas.
Un avance importante, y de gran impacto a la Salud Pública, fue la modificación de leyes que restringió su venta a través de receta médica, lo cual representó un control significativo. No obstante, persisten prácticas inadecuadas en su uso, incluso dentro del ámbito médico.

En la población mexicana prevalece la idea errónea de que los antibióticos lo “curan todo”: diarrea, gripe y otros padecimientos, la mayoría de origen viral, que se resuelven espontáneamente. Esta creencia está tan arraigada que los pacientes suelen exigirlos. Hemos sido testigos del uso indebido de antibióticos como la ceftriaxona, una cefalosporina de tercera generación, para tratar simples cuadros gripales. Esta práctica es alarmante.
El riesgo de las bacterias resistentes
Para entender la magnitud del problema, hagamos una analogía: después del COVID-19, los humanos desarrollamos vacunas y aquellos inmunes o capaces de resistir la enfermedad sobrevivieron y transmitieron sus genes. Con el tiempo, generaciones futuras podrían percibir al COVID-19 como un resfriado común.
Algo similar sucede con las bacterias y los antibióticos. Durante la vida de un ser humano promedio, una bacteria como Escherichia coli, que se reproduce cada 20 minutos, puede generar más de 2 millones de generaciones. En este proceso, inevitablemente ocurren mutaciones; algunas de ellas le confieren características que permiten resistir a los antibióticos.
La evolución es simple: las bacterias con mayor resistencia sobreviven y se multiplican. En 2 millones de generaciones, las oportunidades para seleccionar las más resistentes son innumerables.
Ahora imagine que usted o un familiar llega al hospital con una infección grave. El cultivo y antibiograma (un estudio que determina la sensibilidad de las bacterias a los antibióticos) revela que la bacteria responsable es resistente a todos los medicamentos disponibles. No habría tratamiento posible. La muerte por una infección se convierte en una realidad inevitable.
Esto no es ciencia ficción: médicos de todo el mundo hemos visto cultivos bacterianos resistentes a todos los antibióticos existentes. La amenaza ya está aquí.
Conclusión: el cambio de paradigma
El uso indiscriminado de antibióticos, tanto en el ámbito médico como fuera de él, acelera la aparición de bacterias resistentes. Es imperativo que la población entienda que los antibióticos no son efectivos contra virus y que no deben utilizarse sin prescripción médica.
Cambiemos nuestra mentalidad. El futuro depende de un uso responsable de los antibióticos. No solo es un asunto de salud individual, sino una urgencia global.
*Médico especialista en Medicina Interna. Coordinación Clínica de Medicina HGRMF01. OOAD Morelos.

