Rosario Valdez Santiago, Luz Arenas Monreal, Erendira Marín Mendoza e Itxchel Galván Estrada*.

La OMS en 2021, reportó que aproximadamente 703,000 personas mueren por suicidio cada año a nivel global, afectando predominantemente a jóvenes de entre 15 y 29 años. Si bien los suicidios han mostrado una disminución del 36% globalmente, la Región de las Américas es una excepción preocupante, experimentando un aumento del 17%.

Investigaciones previas en México, analizaron información durante los últimos 50 años, revelaron que, mientras la prevalencia de conductas suicidas no cambió significativamente entre los adultos, la tasa de suicidio se disparó en un 275% entre los adolescentes de 15 a 17 años. Esto posiciona a la población joven como la de mayor riesgo de perder la vida por suicidio. Actualmente, el suicidio es la segunda causa de muerte en México para el grupo de edad de 15 a 29 años.

El comportamiento suicida es un patrón de conductas que abarca varias etapas. Inicia con la ideación suicida, caracterizada por pensamientos persistentes sobre el deseo de no seguir viviendo. Progresa a la elaboración de un plan, que incluye decidir el lugar, la hora y el método a utilizar. La fase culminante es el intento de suicidio en sí mismo, el cual puede o no lograr el objetivo de terminar con la vida, dependiendo en gran medida del método empleado y su letalidad. El estudio de este proceso es fundamental porque permite intervenciones oportunas, que van desde la orientación general hasta la consulta especializada. El intento de suicidio es el predictor más importante del suicidio consumado, lo que significa que una persona que ha intentado suicidarse y no ha recibido atención adecuada, es probable que lo intente de nuevo hasta lograr su objetivo.

Consciente de esta problemática, el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) ha recolectado información sobre el intento de suicidio a través de una sección de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición. En 2018, esta sección incorporó un par de preguntas adicionales para explorar la etapa previa al intento, es decir, la ideación suicida. Las preguntas clave sobre la conducta suicida son: a) «¿Alguna vez has pensado en suicidarte?»; y b) «¿Alguna vez a propósito te has herido, cortado, intoxicado o hecho daño con el fin de quitarte la vida?».

Además, se incorporaron preguntas sobre el Abuso Sexual en la Infancia (ASI), definido según la OCDE (2019)* como «cualquier contacto sexual, acto sexual completado o intentado, o explotación con fines sexuales de un(a) niño(a) por parte de un(a) cuidador(a), adulto(a) o niño(a) mayor». La pregunta para identificar casos de ASI fue: «¿A lo largo de tu vida, alguien te manoseó, tocó o acarició alguna parte de tu cuerpo o tuvo relaciones sexuales contigo cuando eras muy pequeño(a)?», considerando como afirmativos los casos que ocurrieron antes de los 12 años.

Recientemente documentamos que el intento de suicidio alguna vez en la vida se incrementó 3.4 veces en los adolescentes de México, y que los determinantes asociados son muy heterogeneos, por lo que debemos profundizar en la comprensión del problema.

Por esta razón, en la ENSANUT continua de los últimos cinco años, se identificó que el 6.8% de esta población había ideación suicida alguna vez en la vida, y el 5.5% había hecho el intento. Las mujeres mostraron una mayor prevalencia en comparación con los hombres. Un hallazgo crucial de este análisis es la relación entre la conducta suicida y el el Abuso Sexual en la Infancia: porque este antecedente, incrementó los pensamientos de ideación suicida 8 veces y los intentos de suicidio 6 veces.

Estos resultados son parte del estudio titulado “Relevancia del abuso sexual infantil en la conducta suicida adolescente: un análisis secundario de datos representativos a nivel nacional en México”, liderado por un equipo de investigación del INSP y recientemente galardonado con el Premio a la Investigación Médica Dr. Jorge Rosenkranz 2025 en la categoría de Epidemiología y Salud Pública.

Estos hallazgos refuerzan la imperiosa necesidad de priorizar la prevención del Abuso Sexual en la Infancia, aunado a diversas estrategias de intervención temprana, tal como lo propone el Programa Nacional de Prevención del Suicidio, que hace obligatorio que cada entidad cuente con acciones de prevención, especialmente para la población adolescente.

* Especialistas en Salud Pública invitadas por el Dr Eduardo C Lazcano Ponce

La Jornada Morelos