Miguel A Izquierdo S

Por ambos lados de mis padres, provenientes del barrio popular de Santa Julia en el entonces D.F., con viviendas de múltiples familias campesinas avecindadas en la gran ciudad y tantas de ellas hacinadas, quienes alcanzaban a comprarse un radio -de esos gigantes con cubierta de madera y onda corta—, lo típico era escuchar “la W”, estación radial, o bien “la X”, y con ellas, los tangos arrabaleros originarios de Argentina y Uruguay. Quienes tomaron ese hábito, buscaban afanosamente sintonizar directamente vía onda corta, pegando la oreja al radio, alguna estación con tal género de canciones que tanto les significaban: “guapos” bandoleros, pleitos entre bandas, navajas en las bolsas, callejones oscuros, lodosos, que podían esconder en algún rincón a traicioneros ladrones, y por supuesto, mujeres de la vida galante que los desafiaban o bailaban con ellos.

Escuchar tango implicaba también esforzarse en encontrar sentido a la rica jerga tanguera de arrabal, cuya traducción al castellano hablado en México, no existía, tampoco en los diccionarios españoles.

En recientes días he visitado Montevideo y Buenos Aires, y era obligado hacerme la pregunta inicial, pues la familia hizo de mi infancia un ambiente parcialmente tanguero, y he seguido atento a movimientos musicales que le dan continuidad. Pero ¿cómo se vive el tango por allá? Está vivito y pujante, no sólo allá, sino en muchos países del mundo, como nos lo confirma Pablo Valdéz, un talentoso joven pianista y arreglista, conductor de la agrupación musical argentina denominada Siempre Tango, durante un concierto que tuvimos el privilegio de escuchar en Montevideo, en la famosa sala Alfredo Zitarrosa. En esa ocasión, aparte de hacer interpretaciones de tangos de los años cuarenta, acompañaron al cantante uruguayo Tabaré Leyton, y formaron parte del concierto/milonga, dos parejas de excelentes bailarines a quienes pueden observar en la foto.

El tango, junto con el candombe, fueron años atrás declarados Patrimonio de la Humanidad, y son parte fundamental, identitaria, de los pueblos uruguayos y argentinos. Se bailan e interpretan en barrios y bares, cafés (en milongueras, en tanguerías), casi diariamente, tanto en Uruguay como en Argentina. A lo largo de todo el año, operan varias academias de tango, como compañías que tienen preparados espacios y shows para turistas y fanáticos de tales ritmos, con o sin cena incluida, y suelen respetar la función sirviendo antes del evento.

Tuvimos enorme suerte en asistir a ese concierto: la terminal de cobro a tarjeta les falló, nosotros no contábamos con efectivo y gracias al productor, Andesi, quien nos entregó un par de cortesías, pudimos gozar de ese fabuloso concierto, que terminó con ovación con el público de pie, y agradecidos, nos deleitaron con tres piezas más. El público estaba encantado, por Siempre Tango como por Tabaré, músico local, muy amado, quien con gestos y palabras de reconocimiento a quienes lo formaron en Montevideo, entre ellas su tía, fue sonoramente aplaudido.

En México y en Morelos tenemos ecos vivos del tango, con la familia Potenza (hijos del difunto bandoneonista Cocó Potenza) y nietas del gran Enrique Santos Discépolo (Cambalache), hijas de Enrique Discépolo, programador finado en Radio Educación. El gran Piazzola debe despreocuparse en su tumba, tiene en estos jóvenes, Tabaré Leyton, y en Siempre Tango, herederos que enriquecen ese gran patrimonio que nos sigue llegando desde el Sur, ¡tan vivo!

Un grupo de personas en un escenario

El contenido generado por IA puede ser incorrecto.

Siempre Tango y Tabaré. Foto cortesía del autor

Miguel Á. Izquierdo S.