

Dignidad laboral y educación de calidad. Son dos elementos que no pueden ir disociados: para que el profesorado y el personal de una institución cumpla con su función y eleve la calidad de sus trabajos, tanto en los contenidos que imparte como en las labores que realiza, se necesita trabajar en un ambiente que como mínimo ofrezca una aceptable estabilidad.
Y al respecto debo destacar mi admiración por muchos de los miembros de la comunidad, pues para nadie es desconocida la reciente crisis vivida en la institución; de la cual pudimos salir avante sin perjudicar las clases ni las actividades para que la escuela siguiera en pie. Entre paréntesis, resalto que la comunidad de El Colegio de Morelos, muchas veces olvidada, está compuesta por: exalumnas/os tanto del extinto CIDHEM y del ColMor que siguen en contacto; alumnas/os cursando posgrados y licenciaturas; egresadas/os; personal administrativo de difusión, docencia y servicios generales; profesoras y profesores en activo y algunos otros ya fuera pero que mantienen vínculos propios de la naturaleza educativa y de investigación. Para cualquier administración en turno debe ser fundamental conocer a los actores participantes de esta comunidad en particular. A su vez, creo imprescindible que para la toma de decisiones debe de consultársele, pues es la que sabe y conoce perfectamente cuáles son sus necesidades más apremiantes.
A título personal escribo las presentes líneas como miembro legítimo de esa comunidad y dado que no he tenido la oportunidad de presentarme de manera más amplia, y no solo de manera parcial, ante los integrantes de la nueva administración. Cierto que a fines de octubre se brindó un convite a modo de presentación inicial entre profesorado y administración (hasta fotografía hubo); en donde si bien se tocaron puntos importantes, no así ha podido generarse el vínculo de comunicación y su consecuente retroalimentación, más que necesaria en este contexto. Así, si me permito escribir este modesto posicionamiento es con la legitimidad de la voz y la pluma que me otorgan tanto mis esfuerzos profesionales como el empeño conjunto con otros profesores, y personal en general de El Colegio, con que procuramos forjar el compromiso con la comunidad estudiantil; pese al inenarrable y adverso escenario de la administración saliente. Se podrá objetar que es un trabajo y “para ello nos pagan”, pero no hay sueldo (y menos el de El Colegio) que pague el estrés, las vejaciones y el remar semestre a semestre contra corriente.
Someramente me presento: en este 2025 cumpliré el tercer año de dar clases en el ColMor. Soy Socióloga, Maestra en Filosofía por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y próximamente Doctora en Humanidades en la línea de Filosofía Moral y Política por la UAM-I. Entre mis publicaciones hay una docena de artículos científicos y de divulgación acerca de filosofía feminista, de género; subjetividades y cambio tecnológico, y sobre educación; además de una ya nutrida serie de columnas de opinión en este prestigioso medio, que he escrito con la firme convicción de difundir el conocimiento subyacente de mis investigaciones a estratos diversos de la sociedad. Dentro del pedregoso camino para publicar en el ColMor, el mes pasado salió a la luz un libro colectivo en donde colaboré como autora y coordinadora; gracias a las mujeres que trabajan en el área de difusión. Actualmente escribo diversos artículos y mi segundo libro; además de coordinar un par de publicaciones en conjunto con la Red Mexicana de Mujeres Filósofas; y ser parte de la Revista de Filosofía de la UNAM Reflexiones Marginales, entre otros proyectos y actividades.
No han sido menores los obstáculos en el ColMor. La severa crisis mencionada quedó en este medio documentada hace poco. Se hicieron del conocimiento público nefastas prácticas. Lo único que me hizo continuar fue, precisamente, la comunidad (que no se crea en unas horas desde una fanpage y con buenos deseos). Desde luego como una respuesta y compromiso frente al entusiasmo del estudiantado por el conocimiento, por la filosofía, por cuestionarse y contribuir a ampliar sus perspectivas y generar una mayor consciencia. Ese fue y ha sido el aliciente para ejercer la labor docente y de investigación en medio de tribulaciones, situaciones y personajes surreales y fellinescos; donde predominó la práctica de diversas formas violentas.
Fue alrededor del mes de septiembre de 2024 cuando, algunos profesores, precisamente a los que me refiero en cuanto a compromiso y esmero (aunque hicieron falta algunas personas) recibimos una atenta y gentil invitación para intercambiar puntos de vista con la entonces gobernadora electa Margarita González Saravia. De trato afable y cálida sencillez, tuvo a bien escucharnos y canalizarnos con algunas personas de su gabinete para dialogar respecto de las necesidades perentorias que observamos. Dimos seguimiento al ofrecimiento de canalizarnos con personas de ciertos encargos, particularmente el de la Secretaría de Educación. No obstante, hemos postergado dicha reunión porque hemos esperado el intercambio de impresiones y perspectivas con la nueva administración. Al día de hoy ha imperado la expectativa.

Los intentos de diálogo no han sido exitosos y por ello me permito reafirmar en este espacio, como en aquella amigable y cálida primera reunión, que la comunidad de trabajadores y estudiantes de El Colegio de Morelos deseamos que la calidad de la educación se eleve por encima de prácticas a modo o a discreción. Además, que es indispensable la autonomía, sí, pero siempre pensando en que hay detrás de cada decisión una comunidad que está observando con lupa si se atiende o no a sus demandas; que por el tiempo y lo acontecido, ahora ya son muchas y con el debido sustento. Como dijera un extraordinario y admirable colega, por el simple hecho de que este centro educativo opera con recursos públicos, y en tanto organismo público, está sometido al principio de publicidad kantiano de todo agente en posesión de recursos de esta naturaleza. Las instituciones educativas no son un botín; son comunidades legítimas formadas en el seno de una sociedad que avanza y espera resultados. Finalmente y muy importante: estamos a la espera de que se cumpla con la respectiva cuota de género en los puestos de mando. Tenemos el gusto de conocer de vista y trato superficial a los miembros de la nueva administración, la mayoría varones; pero sería una noticia bien recibida por la comunidad el que se cumpla con los objetivos presidenciales de integrar a mujeres en los cargos importantes. Claro, si se trata de ir conforme al verdadero humanismo y al progreso.
Sé que estamos bastante a tiempo de lograrlo; de toda experiencia se puede extraer siempre algo positivo. Confío y me uno en voluntad en que se busca construir una institución fortalecida y sólida para la sociedad morelense y no solo para posicionar bandos ni grupúsculos; el alumnado tiene la legítima exigencia de aprender con base en contenidos bien trabajados, con minuciosidad y rigurosidad de análisis y reflexión. Si persiste en el tiempo la añoranza del extinto CIDHEM es precisamente debido a esa demanda. El otro tema inaplazable en este marco es el de la dignidad laboral: lo no negociable es seguir en una lógica neoliberal de aplastamiento de la dignidad y los derechos laborales. Al menos, ese ha sido también el mensaje de hace algunos días por parte de nuestra presidenta Claudia Sheinbaum, y estoy segura de que también comparte nuestra gobernadora Margarita González Saravia. Añado las necesidades que han surgido en este breve tramo: la de la escucha y el diálogo; y la de la obligación de guardar congruencia entre lo que se hace público y se dice a los cuatro vientos, y lo que discurre en la toma interna de decisiones. De lo contrario, el olvido de las experiencias pasadas nos llevará de nueva cuenta a un bucle repetitivo en cada término de administración. La consecuencia para un centro educativo en ese sentido es desastrosa: carencia de solidez y olvido de su objeto social.
Finalmente, aprovecho este espacio para agradecer a mis lectores y alumnado por su retroalimentación y empuje. Que sirva este también como un acto de petición para que Morelos tenga a una institución a la altura de las necesidades de sus alumnas/os y de su sociedad. Agradezco de igual modo a este indispensable y profesional espacio que han formado las y los escritores jornaleros. Por un 2025 de pensamiento crítico, autocrítico y consciente.
*El Colegio de Morelos / Red Mexicana de Mujeres Filósofas

