Una persona puede ser moral cuando obra según las costumbres y valores establecidos -que bien pueden ser cuestionados por la Ética- pero no necesariamente ética pues no obedece a principios, no se compromete. La Ética propiamente comienza cuando los seres humanos procuran encontrar fundamentos racionales para las normas de conducta socialmente aceptadas. No acatan las reglas simplemente por estar sancionadas o aceptadas por esa colectividad, sino que se pregunta ¿Por qué? Y en esto radica precisamente el tránsito de lo moral a lo ético: de reglas de conducta socialmente aceptadas a una explicación racional de ellas.

La Ética cumple como disciplina las características de una Ciencia, elabora hipótesis y teorías sobre la moral, expone conceptos. Busca esos conceptos, hipótesis y teorías que certifiquen y justifiquen el quehacer de la sociedad en la historia. Se conoce también como Filosofía Moral: estudio y disciplina filosófica teórico-práctica normativa que tiene por objeto no sólo la descripción, análisis y fundamentación de los actos humanos en cuanto a su obrar consciente y libre sino también en cuanto a su regulación (Nuño, 2004).

La ética no tiene por objeto dirigir la vida de los hombres sino explicar el concepto de los actos morales. Tampoco determina lo que es correcto o incorrecto y mucho menos tiene por meta presentar una lista de derechos y obligaciones.” (Ibid. p. 9).

Ejemplifiquemos con una reflexión que nos ilustra en cuanto a sus contenidos esenciales. Erich Fromm, por ejemplo, en Ética Humanista[1] nos dice que la estructura del carácter de la personalidad integrada y madura –el carácter productivo- constituye la fuente y la base de la virtud. El vicio es la indiferencia hacia sí mismo y una mutilación de sí mismo.

Atrévete a saber, exhorta. Confía en tu conocimiento, anima. Los valores supremos en esta orientación serían el amor por uno mismo y la afirmación de su verdadero Yo humano. No debemos confundir amor a sí mismo con egoísmo. El egoísta, afirma, es aquel que no se quiere lo suficiente porque no se abre a la riqueza que le pueden brindar los demás.

Otro valor supremo es el paradigma socrático: conocerse a sí mismo y conocer la capacidad de su naturaleza para la bondad y la productividad. La naturaleza de toda vida consiste en preservar y afirmar su propia existencia. “Estar vivo” es el primer deber de un organismo y el fin de la vida del hombre es el despliegue de sus poderes de acuerdo con las leyes de su naturaleza.

En consecuencia, tenemos:

BUENO: Afirmación de la vida; despliegue de los poderes.

MALO: Mutilación de las potencias del hombre.

VIRTUD: Responsabilidad hacia la propia existencia.

VICIO: Irresponsabilidad hacia sí mismo.

En esta muy breve ejemplificación podemos advertir las implicaciones y los fundamentos de la Ética. Podrían deducirse lógicamente la importancia y la necesidad de la Ética para con la sociedad y con la naturaleza; su estrecha vinculación con las ciencias sociales, las llamadas ciencias exactas y las humanísticas; su relación con el cuidado planetario entendido como hogar común; sus planteamientos críticos a los sistemas económicos generadores de miseria y explotación así como, específicamente, con los objetivos esenciales de la Economía, el Derecho, el ejercicio de la Política, la Antropología e –incluso- la Religión.

Abundemos. El Estoicismo se definió como la entereza frente a la adversidad y el dolor. Zenón de Citio, su iniciador, se reunía en la Stoa, pórtico donde enseñaba los principios del Buen Vivir basado en la Sencillez, la Fortaleza Interior, la Modestia, el Dominio de Sí y la Indiferencia ante los bienes materiales.

Es un especial ejemplo de comportamiento ético.

  1. Cfr. Erich Fromm (1953) Ética y Psicoanálisis, México. Col. Breviarios, Ed. F.C.E. En la misma colección existe una edición traducida por Heriberto F. Morck y revisada por Ramón de la Fuente —2ª ed. – – México: FCE, 2016.

Hugo Carbajal Aguilar