

El espacio público que da cauce a la vida yace abandonado a su suerte frente a la voracidad de la lógica del capital, intoxicado por el canto de sirenas que, como el avance de un monstruo implacable desde las entrañas de las urbes modernas, las reduce a inversiones, cifras y dividendos, llevándolas hacia el abismo (Abgrund) por causa de un desarrollo sin medida. La referencia a Nietzsche es inmediata, pues la pérdida de fundamento y el encuentro con el abismo es propio de una humanidad que ha empeñado la potencia metafísica de su causa sui.
Bajo esta óptica, la noción del abandono y olvido del ser resultan pertinentes para hacer una crítica de nuestro tiempo, sobre todo, de un momento en el que una imagen del mundo se impone tiránicamente. Así como Heidegger reflexionó, desde la profundidad de la Selva Negra, acerca de la pertinencia de un instante de serenidad en medio de la furia dictada por la técnica, los herederos de Jean Robert han problematizado las condiciones de nuestro ser/habitar en el mundo, en el marco del tercer simposio la “libertad de los pobres para habitar”, como quien, buscando senderos del bosque, con la fuerza de los sueños que se sueñan despierto, atisbara un camino posible hacia la plenitud de Cuauhnáhuac.
De esta manera, casi podemos percibir otra calidad del aire y el agua cuando pensamos en Ecotepec, una iniciativa arquitectónica que nos muestra que, efectivamente, otra forma de habitar el mundo es posible, desde las virtudes del adobe y la defensa irrestricta del agua, el arquitecto César Añorve aterriza y da cauce al pensamiento de Jean Robert, como un arquitecto de a pie, para quien los espacios públicos deben estar dispuestos para la presencia de los pobres.
En tanto, José Luis Carlos Campos señaló como principal enemigo del desarrollo urbano al capital financiero. Recordó que no solamente es necesario ser rebelde, sino también ser creativos. En su conferencia “Arquitectura vernácula en la ciudad de los peatones” señaló que una opción es utilizar los materiales del medio, pues tal como indicó Jean Robert: la alternativa está en todas partes.
A su vez, Braulio Hornedo enfatizó la perspectiva humanista de la arquitectura, desde las coordenadas del recuerdo de Iván Illich y Jean Robert, delineó lo que puede entenderse como una poética arquitectónica, donde la fuerza de la poiesis clásica se conjuga con la capacidad de la utopía para plantearse un mundo más humano. En este sentido, enfatizó la necesidad de integrar la arquitectura con disciplinas como la estética, la antropología y la historia. Además, resaltó la importancia del movimiento del autogobierno de la facultad de arquitectura de la UAEM en la configuración de un horizonte crítico, desde el que la ciudad de Cuernavaca se convirtió en un referente intelectual a finales del siglo pasado. También, compartió con los presentes su visión del Centro Intercultural de Documentación CIDOC, como una plataforma para el pensamiento crítico e innovador, sobre todo para decolonizar nuestra mente bajo la consigna omnibus dubitandum.
Por su parte, Alfonso Valenzuela, resaltó la condición social e histórica del espacio. Además, enfatizó la rebeldía de Jean Robert como activista en la defensa del espacio público, destacando su crítica a esa manera de entender el desarrollo económico, donde la tecnología subordina la vida, por ejemplo, a través de la dictadura del automóvil, la obstaculización del paso a pie y la sacrificialidad del peatón.

De tal modo, en el marco de este tercer simposio, la sesión de la cátedra Jean Robert realizada en el Colegio de Morelos, nos ha delineado una de las aristas de su pensamiento, recordándonos la fuerza de la utopía, ubicándolo en una larga tradición de rebeldes como don Vasco de Quiroga, Karl Marx, Ernst Bloch, Iván Illich, entre otros.
*Nahuatlato, Profesor de Tiempo Completo en el Colegio de Morelos.


