VIOLENCIA HUMANA: ¿HERENCIA BIOLÓGICA O ELECCIÓN SOCIAL?

 

A través de los medios y las redes todos los días, a todas horas nos enteramos de eventos violentos que van desde las atrocidades de las guerras hasta la violencia familiar, pasando por conflictos entre comunidades o el de grupos criminales que se han empoderado de amplias zonas del país.

La inteligencia artificial reporta que actualmente hay más de 30 conflictos armados en el mundo. Los más graves se concentran en regiones como la de Ucrania y Rusia, de Medio Oriente, en África en países como sudan, Somalia entre otros.

Me llamó la atención que la IA cita dos conflictos bélicos en América Latina, uno en Haití que enfrenta inestabilidad política y social y otro en México por la lucha contra el narcotráfico y la violencia de grupos criminales.

Las prácticas criminales emplean formas cada vez más violentas con una crueldad extrema que tiene el propósito de infundir terror en los grupos contrarios y en las comunidades. La violencia extrema incluye asesinatos masivos y métodos de tortura extrema y actos públicos de sadismo, como descuartizamientos o la publicación de videos explícitos de sus actos.

​Los medios nos informan que grupos criminales reclutan a adolescentes a los que entrenan en el uso de la tortura y la brutalidad como una forma de ganarse un lugar dentro de la organización, normalizando comportamientos patológicos que los desensibiliza del sufrimiento ajeno.

Se sabe que grupos criminales en algunas regiones del país manipulan y controlan comunidades enteras, donde se vive en una cultura de miedo y trauma psicológico profundo. Esta escalada de violencia refleja una patología social que daña el tejido social de las comunidades manteniendo un círculo vicioso de violencia que deshumaniza y destruye.

La violencia se ha vuelto tan cotidiana que casi deja de impactar a la sociedad, a menos que alcance a alguno de los miembros cercanos al interior de comunidades religiosas, científicas, o bien de familiares cada vez más cercanos.

La violencia extrema tiene causas múltiples y complejas, entre las que se destacan factores sociales, económicos, psicológicos y culturales. Una de estas causas es la normalización de la violencia. La exposición constante a escenarios violentos lleva a una insensibilización, donde la crueldad se convierte en algo rutinario​.

Algunos estudios consideran que un factor importante de la violencia es la desigualdad y falta de oportunidades que impulsan a los jóvenes a unirse a grupos delictivos o a cometer actos violentos como un medio de supervivencia o ascenso social.

Otro factor que citan los estudios es la impunidad. Cuando el sistema de justicia es ineficaz o está colapsado, propicia la impunidad y la repetición de actos de violencia y violencia extrema. Si no hay consecuencias los criminales tienen vía libre para perpetuar y escalar la brutalidad.

Los estudiosos de este fenómeno social citan otras causas más que actúan sinérgicamente creando un círculo vicioso que alimenta la violencia extrema. Estos estudios advierten que la brutalidad se convierte en un elemento de identidad y poder dentro de ciertos grupos, y se arraiga como una forma de vida.

Desde una perspectiva biológica y evolutiva algunos psicólogos y antropólogos consideran que el comportamiento violento tiene raíces evolutivas y que en sus orígenes sirvió como mecanismo de supervivencia ayudando a los humanos a defenderse y a protegerse.​

Desde el enfoque sociocultural estudios en psicología y antropología social sugieren que la violencia humana está determinada en buena medida por el contexto cultural y social. Es decir, los seres humanos tienen la capacidad de la violencia pero la socialización y las instituciones forman individuos que gestionan los conflictos sin acudir a la violencia.

Antropólogos como Margaret Mead aseveran que la violencia es una construcción social, no una necesidad inherente. La ética y la moral también son construcciones humanas que dan rumbo al actuar individual y colectivo. Entre los principios de estos constructos humanos está el del libre albedrío que es una práctica de nuestra libertad que subordina a la violencia a la racionalidad en el ámbito de la convivencia con los demás humanos.

En síntesis, la violencia tiene explicaciones múltiples y complejas, pero al igual que otros caracteres heredables como el temperamento no son deterministas, en el proceso de humanización se generaron mecanismos como la moral que los regulan. La violencia no es un fenómeno determinista y se puede manejar a través del ejercicio de nuestra libertad y del proceso de la educación el cual tiene como finalidad aprender a vivir juntos y el aprender a ser.

José Antonio Gómez Espinoza