

En el ámbito en que me desarrollo como editora de libros de filosofía y de literatura, una obra que ha marcado mi paso y a la que dedico tiempo para el análisis, la edición y la publicación es la del escritor Parménides García Saldaña. Contemporáneo y par de múltiples andanzas del también fallecido José Agustín, en conjunto con otros escritores, darían forma a lo que Margo Glantz bautizaría como literatura de la onda.
La obra de García Saldaña me ha interesado sobremanera por múltiples aspectos, de los cuales esta es perfecta ocasión para resaltar no solo su originalidad que revolucionó la forma de escribir literatura; ya es bien sabido que retó los cánones de su tiempo, sobre todo en lo que se había vuelto tradición, es decir, la literatura posrevolucionaria. Al tiempo que marcó la vanguardia y se convirtió en un fenómeno social tras escribir acerca de una identidad de la juventud de su época, aunque no solamente la de los años sesenta y setenta del siglo pasado: sus ideas sobre la vivencia de la juventud, la libertad y la rebeldía tienen influencia hasta nuestros días.
Lo interesante y hasta ahora poco explorado fueron las ideas políticas de García Saldaña. Muchos de los textos inéditos que estamos actualmente trabajando versan sobre un ideario alejado de dogmas, de rechazo al servicio del poder y de una férrea crítica a la izquierda, pero que reflejan la pugna por una política de avanzada.
Recordemos que al morir se le rindió tributo en el suplemento Diorama de Excélsior, un importante referente de literatura periodística de aquel entonces. Su relevancia iba más allá de la literatura; de los morbosos análisis de la propia personalidad, vida y conducta de García Saldaña. En dicho suplemento se publicó una fotografía donde se le muestra en su típica actitud desafiante, confrontadora ante los grupos políticos de simulación. Se trató de la asamblea del extinto PSUM (Partido Socialista Unificado de México), a su vez, origen de las actuales izquierdas; en aquella ocasión, a todo pulmón, con estridencia y enojo les gritaba “¡traidores!”. La fotografía muestra cómo lo sacan violentamente del recinto, a tirones.
Una de las vocaciones y talentos de Parménides fue su dedicación al estudio de la obra de Marx, así como de todo cuanto cayera en sus manos respecto de movimientos sociales de izquierda. Desde su icónica novela Pasto verde, hasta sus inéditos textos, manifiesta no solo su posición como escritor, sino también su compromiso social, filosófico y político, que fue parte esencial en el pensamiento, actuación y escena de la que se conformó como contracultura mundial; como el Mayo francés, la lucha interracial y de género en Estados Unidos, encabezada por voces como Angela Davis y Malcolm X, las Panteras negras, Eldridge Cleaver, las y los jóvenes manifestantes contra la guerra, con toda la lírica poética y no poética del rock y blues. Su apoyo a Cuba contra el imperialismo y contra el ataque mundial de Estados Unidos le convirtieron en una pluma a favor y en nombre de la libertad. Era una voz de la congruencia que escribió acerca de la injusticia, la opresión y que, gracias a su autenticidad, su nombre y legado han sobrevivido a través del tiempo y generaciones. El ir más allá de campos especializados, su vasto conocimiento social, político, filosófico y literario, y su incansable convicción, le permitieron trascender a su época. A su vez, su reclamo pertinaz a los paladines del poder marcó la diferencia de otros personajes del momento.
La historia siempre juzga y, como en la caverna de Platón, deja fuera a hombrecillos que, deslumbrados por su cercanía a los poderes en turno que engrandecen su propia sombra, quedan finalmente reducidos a eso: cenizas de la volátil presencia de actos soberbios y mezquinos.

Recordamos entonces a Parménides García Saldaña en el marco de la próxima conmemoración de su nacimiento, el 9 de febrero de 1944. Le bastaron 38 años de vida y de empecinada congruencia para ser parte del panteón de las figuras de la contracultura de su tiempo.
*Red Mexicana de Mujeres Filósofas

