Antier, el excelente músico y escritor Andrés Uribe, reflexionaba nostálgicamente en su perfil de Fb, sobre la desaparición paulatina de espacios culturales en Cuernavaca, donde solía escucharse música en vivo. Es sin duda un doloroso proceso que nos afecta social y comunitariamente. 

Eso me lleva a revisar las características de un espacio semejante en Botafogo, Rio de Janeiro: samba y futbol, simultáneamente entremezclados, disfrutados, son dos componentes de una importante cantidad de restoranes-bares en esta ciudad, y es el caso de este espacio ubicado en un rincón de Botafogo, que denominan el cuadrilátero, por formarlo cuatro restoranes uno en contraesquina del otro. 

Coinciden los cuatro en tener encendidas cada uno, de 4 a seis grandes pantallas de TV, proyectando alguno de los cientos de partidos de futbol que ocurren a lo largo de todo el año, en algún lugar del mundo. 

En Morelos podríamos catalogar a Os cumpadres como un espacio cultural en tanto de manera regular tiene música en vivo, con grupos de sambistas ejecutando en *rodas”, o individualmente. Tocan y cantan canciones brasileñas, tradicionales y actuales, mientras sus audiencias, familias, adultos, jóvenes y algunos infantes, les corean o bien degustan platillos y bebidas. 

Por las tardes, ese restorán saca mesitas y sillas a la banqueta y a la calle, apenas circulan los autos, y es muy común que los asistentes estén parados, conviviendo y con-bebiendo. 

La gritería y el barullo se arman con los goles, y con piezas de samba que tanto les significan. 

Pese a estar en Botafogo, una mayoría de fans y turma, le van al Flamengo, equipo del barrio vecino, tanto, que visten aquí su playera rojinegra. 

Hemos podido atestiguar que jóvenes cuarentones se dan cita aquí para celebrar cumpleaños de alguno, sin tener que atender invitados en casa y recoger los rastros de la fiesta. 

El restorán contrata a grupos musicales regularmente para funciones de jueves a domingo, con extras en partidos especiales. Además, los jueves toca un grupo de aprendices de samba, con su maestro, y los alumnos tocan una percusión o el cavaquiño, esa guitarrita sambera. El alumnado es de adultas y adultos mayores. Una de ellas mayor de 90 años, que se paraba continuamente a dar pasitos de samba. Cuando llegó su hora de ir a dormir, pasó a despedirse dos veces de sus compañeros sambistas, mientras la jaloneaban sus dos cuidadoras. Ella no dejaba de sonreír, la muy pícara. 

El restorán aplica un cover como pago a los músicos, les tiene un muy buen equipo de sonido con operador, y suficientes micrófonos. Curiosamente, fut y samba conviven, nadie siente interferencia en su disfrute de la noche. Es un verdadero centro de encuentro vecinal, y transbarrial. Se sabe de más de 30 centros vecinales sambistas, en Río de Janeiro. 

Con la fuerte demanda de vivienda en la ciudad, centros como este, ubicados en casas antiguas, algunas que se caen, los inmobiliarios se encargan de sustituirlos por edificios de 100 y más apartamentos. Pese a esa tendencia, el samba-fut, encuentra sus resquicios para expresarse en vivo, coreado, con gran barullo. ¡Salve, centros mundiales independientes de convivencia!

Imagen cortesía del autor

Miguel Á. Izquierdo S.