

Ciclovías y movilidad, quimeras legislativas
Parte del diseño de leyes supone la búsqueda de los mejores futuros a través de la dotación del soporte jurídico para las políticas públicas que proponen y ejecutan otros entes del gobierno. En esta lógica la legislatura abandona la función correctiva y hasta revisionista del marco jurídico y se obliga a hacer prospectiva, planear otros mundos posibles. La clave, siempre estará en el adjetivo “posibles” supone que pueda suceder para lo que se requiere que se pueda ejecutar.
Aunque podría haber a quienes les caigan gordos los pretensiosos, en esta área del diseño institucional son indispensables los soñadores, esos que trascienden las cuadradas mentalidades fanatizadas por lo contable administrativo, la rigidez de la norma, el conservadurismo.
La esfera de diseño del Estado, igual que la sociedad requiere de esos a los que Apple les dedicó un pequeño homenaje en 1997 cuando sacó su campaña aquella de Think Different (piensa diferente), y que traducido decía más o menos así: “esto es para los locos, los inadaptados, los rebeldes, los problemáticos, los que van contra la corriente, los que ven las cosas en forma diferente… no tienen respeto por el estatus. Puedes estar en desacuerdo, citarlos, glorificarlos o maldecirlos; pero lo único que no puedes hacer es ignorarlos. Porque ellos cambian las cosas, ellos impulsan a la humanidad hacia adelante”.
Por cierto, ese comercial de la transnacional no nos impulsó a todos a comprar gadgets a sobreprecio, pero logró reforzar el espíritu de cambio que mueve a muchos de nosotros para hacer todos los días un mundo mejor, aunque sea desde la más provinciana esfera.
Viene esto a cuento porque sueños como esos que anhelamos para compartir y mejorar el mundo pueden confundirse con ilusiones causadas por el influjo de la prisa por imponer agendas de forma totalmente irresponsable.

Leyes, sueños y ocurrencias
Consideremos, por ejemplo, la Ley de Movilidad, Transporte y Seguridad Vial que recién entró en vigor. Es de aplaudirse, y mucho, que el Ejecutivo de Morelos como iniciador, y la LVI Legislatura del Congreso de Morelos como ente revisor y responsable de la aprobación del ordenamiento, hayan considerado importante iniciar el tránsito paulatino hacia formas alternativas de movilidad como las bicicletas de pedaleo asistido, los patines eléctricos y otras formas análogas de transporte personal poco contaminante a las que clasifican como micromovilidad.
El proyecto obliga a los ayuntamientos de Morelos y a la Coordinación de Movilidad y Transporte a proporcionar espacios para la micromovilidad con la construcción y habilitación de ciclopistas interconectadas que deben cumplir con los requisitos de comodidad, transitabilidad, conectividad y otros para volverlas viables y no se conviertan en enormes corredores para las actividades ilícitas.
Y con la mente abierta uno piensa en que ciudades como Cuernavaca, Jiutepec, Cuautla y Temixco, por lo menos, suponen un reto mayor que otras localidades en las que los pendientes serían la habilitación de carriles o calles exclusivas para la micromovilidad, la iluminación y otras adaptaciones que pueden considerarse menores.
En el caso por lo menos de las cuatro ciudades mencionadas, donde las calles son estrechas para el flujo vehicular que cargan, el transporte público de pasajeros es un desastre por la falta de observación y aplicación de la norma, y a veces no hay siquiera banquetas para los peatones; la aplicación de la nueva ley supondría inversiones multimillonarias en la construcción de vías alternas de micromovilidad que permitan a los usuarios, por ejemplo, transitar de la zona industrial de Jiutepec al centro de Cuernavaca sin preocuparse por ser arrollados, derribados, lesionados y hasta robados en el trayecto.
Si se considera que un kilómetro de ciclovía cuesta alrededor de 2.5 millones de pesos en condiciones óptimas de terreno (plano, abierto, espacioso); y la distancia en línea recta de Civac al centro de Cuernavaca es de siete kilómetros, y por el trayecto más corto en calles es de 13.8, sólo ese tramo costaría más de 34.5 millones de pesos; A lo que habría que sumar los costos de nivelaciones de terreno, liberación o creación de carriles destinados exclusivamente a la movilidad, señalización, seguridad, iluminación, y mantenimiento de la vía.
En general si se considera que esa vía tipo sería una de por lo menos 30 que deberían construirse en el estado en una primera etapa, el costo superaría fácilmente los 500 millones de pesos. Y no se trata de cuchilear el sueño de nadie, al contrario, a todos nos encanta soñar futuros posibles y estaría muy padre que el lugar se supersalarios para burocracia inútil, obras públicas municipales cuestionables, o corruptos desvíos de recursos, se dedicara una buena lana a alternativas viales que, además pueden servir como espacios para la integración familiar y comunitaria.
El problema está en que el dictamen aprobatorio de la Ley de Movilidad, Transporte y Seguridad Vial de Morelos asegura que la iniciativa no tendrá impacto presupuestal alguno porque se mantendrá la estructura burocrática de la Coordinación General de Movilidad y Transporte y no se crearán nuevas plazas ni despachos. Bien por ellos, pero que no nos cuenten. El impacto presupuestal no significa, necesariamente, la creación de plazas también está en la obra pública y otros recursos materiales que son necesarios para su aplicación. Las ciclovías no se crean pintando rayas en las calles (pregúntenle al ayuntamiento de Cuernavaca), requieren de estudios serios para que sean rutas verdaderamente útiles y transitables de forma que, verdaderamente sean alternativas a otros medios de transporte.
Uno tendría que asumir que las comisiones del Congreso que validaron el dictamen nio siquiera leyeron o imaginaron los alcances de la iniciativa y solo copiaron y pegaron la parte del impacto presupuestal de otros dictámenes, no fuera a ser que tuvieran que sumar algo y ya ven que los diputados y las matemáticas no necesariamente se llevan.
El problema es que la LVI Legislatura aprobó una ley que, a final de cuentas no se aplicará porque no se les ocurrió que la mayoría de las cosas en esta vida cuestan dinero, y construir una red de ciclovías es una de ellas. Entonces las muy buenas intenciones del iniciador, y hasta la probable brillantez que podría identificarse en una política pública disruptora, fue convertida por los diputados que la procesaron en una mera simulación, una químera legislativa.
@martinellito
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