

Red flags en Movilidad y Transporte
“No tengo oficina, pero aquí me encuentra todos los días, yo le hago su trámite” asegura el chaparrito a una señora que lo mira con sospecha. Todos deberían verlo como una aparición, porque los gestores en las oficinas de Movilidad y Transporte de Morelos ya no existen, o por lo menos eso prometía la autoridad así que el ejemplar ese, junto con otra decena de sujetos que ofrecen trámites de todo tipo como si se tratara de un tianguis (sólo les falta el “llévele, llévele”), deben ser alguna especie de monstruos mitológicos.
Pensando eso, uno puede hacer como que no están, por molestos e insistentes que resultan en la cantidad de vueltas que uno debe dar para completar los “agilizados” trámites en la dependencia. El terror viene unos segundos más tarde, cuando nuestra acompañante se queja de quienes uno creía alucinaciones.
Red flags por todas partes
Les cuento que tuve que ir a Movilidad y Transporte para el trámite de mi licencia de conductor. Por supuesto que lo quise adelantar para aprovechar el descuento que ofrece el gobierno del estado del 50% en los trámites de licencias. Como uno es ordenado (además de tener una vida como para hacer enormes filas y esperar trámites larguísimos acudí a la plataforma digital del gobierno del estado).
Uno tiene que sacar su Llave Mx, lo que es medio anticlimático, pero no lleva tanto tiempo. Sin perder el entusiasmo empecé el trámite de cita digital, para lo que me pidió hacer primero el pago. Primera desilusión, no hubo descuento, la plataforma digital de cobros del gobierno del estado no parece tener la opción para aprovechar los descuentos, así que pagué el total de la licencia por un año con la idea de después volverla permanente.

Junté mis papeles para no tener sobresaltos, copia del INE, CURP, comprobante de domicilio y copia del comprobante de pago que uno asumiría era el volante de la transferencia bancaria. Como en las casas normales no suele haber fotocopias pensé en sacarlas minutos antes en un local que había visto ya muchas veces antes a unos metros de la oficina de Movilidad y Transporte de Plaza Cristal.
El portal de trámites recomendaba estar 10 minutos antes, pero llegué con media hora de antelación, no fuera a ser que faltara algo. Fui al local para sacar las copias y lo primero que me llamó la atención no fue la cantidad de gente que había en el cuartito (aseguré bien mi cartera, no fuera siendo), sino dos letreros en que ofrecían licencias y permisos de circulación de Guerrero -esos que se suponen prohibidos en Morelos- ahí a unos metros de Movilidad y Transporte. Red flag, me dije mientras me entregaban copias de la documentación.
Para tramitar la licencia de conductor hay que entrar al estacionamiento oscuro de la plaza, sortear por lo menos un par de gestores (de los que no existen, pero ahí están), y llegar hasta donde una señora parcialmente amable pero muy difícil nos dice que dos de los documentos que uno lleva no sirven; el primero el comprobante de domicilio porque no está a mi nombre (yo que rento ¿de dónde saco uno?, le pregunto y me responde que entonces debo presentar la carátula de mi estado de cuenta bancario y con la inseguridad a todo lo que da, el miedo regresa); el segundo el comprobante de la transferencia no sirve, hay que sacar uno en la caja para que sea “oficial”, dice. Entonces hay que ir a dos partes en menos de cinco minutos que quedan para la cita, le digo si habrá problema y me responde que no, que atienden igual a cualquier hora. Red flag, ¿para qué hice cita si esto es un desmadre de todos modos?
Entonces vamos a reponer los documentos que llevamos, pero nos faltan (así de absurdo es esto). Descargo el estado de cuenta en el móvil y tacho mis miserias (porque también da pena que le noten a uno lo pobre) y otra vez al local de arriba que también ofrece impresiones. Luego a la hilera de gente que paga en efectivo (ellos sí con descuento) sus trámites de licencia para obtener el documento “oficial” del pago. ¿No le hicieron descuento? pregunta la parcialmente amable. El pago por plataforma no permite el descuento, respondo. Pues lo hubiera hecho en ventanilla. A lo mejor era un velado llamado a la desobediencia civil, con tantas recomendaciones de hacer trámites en línea del gobierno que le paga a la señora.
Por fin pasamos esa aduana de los papeles y nos mandan a una sala de espera larguísima y medio llena de gente, todos con cara de que atravesaron el mismo engorro que uno, o a lo mejor otros peores.
Mientras esperamos lo que se vuelve más de una hora, a pesar de la cita y la agilización de trámites, no queda sino pensar que a lo mejor los mitológicos monstruos de afuera podrían haber logrado más rápido los trámites que uno vino a hacer. Que eso de la modernización en transporte es, en el mejor de los casos un proceso inacabado o de plano absolutamente falso, que el cargar las molestias y los costos a quienes quieren cumplir las recomendaciones del gobierno del estado probablemente resulta contraproducente desde el corto plazo, y sobre todo que bien podrían haber puesto un módulo de comida, aguas, café o algo para hacer más cómoda la larga espera.
Hice examen para conducir, 100% de aciertos, un sujeto en la computadora a mi izquierda no pasó el examen así que deberá repetir el infierno; otro a mi derecha no sabía usar la computadora y fue asistido medio de mala gana por una muchacha funcionaria.
Salimos del lugar y de alguna forma mi pensamiento seguía estacionado en la larga espera, el engorro del trámite, la colección de espantosas señales de alerta y lo simpático que parece siempre en sus declaraciones el coordinador de Movilidad y Transporte, Jorge Barrera Toledo. El demonio que vive hace muchos años en mi mente me dice que a lo mejor si no se la pasara en eventos y dando declaraciones podría supervisar las oficinas donde despacha y darse cuenta de que sí hay gestores, los trámites son un pequeño infierno, venden permisos ilegales muy cerca de su oficina, y otras realidades que vuelven su discurso una pequeña colección de inexactitudes o de mentiras.
@martinellito
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