Los cuatro pecados capitales de la política local

 

Lo que había parecido una inquietantemente tersa dentro del Congreso de Morelos y hacia fuera, con el Ejecutivo estatal comienza a deteriorarse rápidamente. Aun con los mensajes conciliadores y siempre dialoguistas de la gobernadora, Margarita González Saravia; los operadores políticos y los responsables en las oficinas gubernamentales, de la relación con la LVI Legislatura empiezan a complicar la tarea por una combinación de pecados capitales que incluiría la soberbia, la envidia, la ira y hasta la pereza; que, a diferencia de otras pasiones y vicios, en política suelen cobrarse muy caros.

El problema central parece estar (árbol que crece torcido) en una errónea percepción de una suerte de poder omnímodo que algunos insensatos consideran proviene más de la parafernalia envolvente de la alta burocracia, que de alguna suerte de voluntad popular. Para quienes caen en la tentación autoritaria, aliados y hasta adversarios no son sino herramientas bien pagadas que deben hacer lo que al poderoso se le antoje. Desde esa perspectiva.

Si bien la gobernadora tiene bastante claro que las voces a las que Lévinas, Hegel, Husserl y hasta Sartre identificaron como la otredad, suelen enriquecer con sus ideas y propuestas, pero también con sus críticas, las políticas públicas (hasta las más pesimistas advertencias de desastres terribles han servido para matizar políticas públicas); en muchos de los despachos gubernamentales parece verse a la otredad desde la lógica autoritaria. Como un profundo estorbo a las decisiones y la marcha gubernamental.

Ahí inicia el problema pues las voces disímbolas existen siempre y, cuando no encuentran canales para transmitirse suelen primero alejarse de sus interlocutores en el estado y después radicalizarse en formas muy diversas, desde el voto en contra hasta la toma de las calles. Así que la idea de desarticular la oposición, ahuyentar la crítica, deshabilitar los espacios de propuesta, negar la negociación y el diálogo, resulta especialmente peligrosa para cualquier gobierno.

En todo caso, convendría a quienes se meten a la política olvidarse de su perspectiva leviatánica, centrada metódicamente en la proclividad humana a pecar; y recordar que, el poder obliga a la generosidad que es vidente en las siete virtudes celestiales: las tres teologales, fe, esperanza y caridad; y las cuatro cardinales, prudencia, justicia, fortaleza y templanza. Contrapuestas a los pecados capitales y guías para enfrentar las tentaciones y construir una vida mejor.

En el caso de la política, la prudencia, justicia, fortaleza y templanza, suelen ser en extremo útiles, pero también dolorosamente escasas: resultado de la insistente tentación autoritaria de quien, trepado en un tabique piensa que es mucho más que los demás.

El riesgo de la ruptura que viene

El problema que se avecina en Morelos es la probable ruptura de la buena relación que se tenía entre los poderes Ejecutivo y Legislativo, derivada de la falta de prudencia y templanza de los operadores del primero; y de la reacción obvia de los grupos que integran el segundo.

Se trata de un asunto delicado porque éste es el último periodo ordinario de sesiones en que el Ejecutivo podría tener una influencia relevante en el Congreso para el impulso de reformas y para el paquete económico.

A partir de febrero entrante, las fuerzas políticas del Legislativo entrarán en otra dinámica como preparativos a las elecciones intermedias; habrá quienes busquen reelegirse, otros buscarán otros espacios en ayuntamientos o el Congreso de la Unión y ello les planteará la necesidad de posiciones mucho más llamativas de las que ahora tienen como un bloque integrado de legisladoras y legisladores.

Ya algunas diputadas y diputados han empezado a marcar cierta distancia. Las posturas del PAN, PT y MC en las recientes comparecencias del fiscal general, Édgar Maldonado Ceballos, y el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Miguel Ángel Urrutia, fueron un primer esbozo.

Otro es la insistencia del PRI y PAN por citar a comparecer al secretario de Salud; y la idea que empieza a configurarse entre los diputados de que muchos de los funcionarios del gobierno estatal acudan a explicar sus necesidades presupuestales, lo que implica también una evaluación del gasto y los resultados que han tenido en su primer año de gestión.

Por cierto, cuando la gobernadora participó en el inicio de este periodo ordinario de sesiones fue ella misma quien habló de la importancia del diálogo y la disposición a que los funcionarios comparezcan ante los diputados (y la sociedad) para explicar logros y proyectos. La oposición tomó entonces la convicción de la gobernadora como una muestra de que podría haber mayor coordinación entre poderes para volver mucho más eficiente el trabajo a favor de los morelenses.

Hoy, una de las cosas que molestan a los autoritarios ubicados en lugares estratégicos del gobierno estatal es justamente que se verifique la posibilidad de esas comparecencias. Para ellos resultan una exhibición innecesaria de los funcionarios (especialmente algunos de sospechoso bajo perfil) a la soberanía popular que ellos conciben apenas como un grupo de diputadas y diputados en busca de fama y de desprestigiar al gobierno.

Y habrá que advertir que no hay motivos para considerarlo así, las comparecencias de los responsables de la seguridad pública y la procuración de justicia, salvo uno que otro exabrupto, resultaron en información y aportes muy positivos para avanzar en políticas públicas más efectivas.

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Tanto chisme por un video… A Cuauhtémoc Blanco le tomaron una foto con mandos criminales, fue autentificada, publicada en miles de medios de comunicación, reproducida hasta el cansancio, reconocida por el propio mandatario, y allá sigue sin que haya pasado nada.

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Daniel Martínez Castellanos