Las reformas, Terrazas y Gordillo

 

La madrugada del martes se había construido ya el acuerdo por el que el Congreso está en proceso de aprobar todo un paquete de reformas pendientes antes de concluir el año legislativo y en los que se incluyen las aprobadas la noche del viernes en materia electoral y la extinción del Instituto de la Mujer para el estado de Morelos. Nadie podía llamarse sorprendido salvo, quizás porque las negociaciones para construir los acuerdos evidenciaron el tamaño de alguna ambición e iniciaron las que pueden considerarse las primeras fracturas serias al interior del Congreso, cuarteaduras crecientes conforme se acerquen los tiempos electorales.

Quizá gran parte de la prisa de los diputados del régimen y los que han constituido una colaborativa oposición por aprobar las reformas antes de que concluya el año legislativo se funda en la necesidad de sacar la mayor parte de los temas de eminente cálculo político para permitir a legisladores y legisladoras dedicarse a asuntos que resultan mucho más técnicos, como las reformas secundarias del Poder Judicial local y, por supuesto, el presupuesto de egresos para el 2025.

De cómo el Impepac mató al Instituto de la Mujer

Por supuesto que no era su intención, pero cuando las consejeras y consejeros electorales del Impepac aprobaron el acuerdo con el que pretendían garantizar la paridad en el acceso a las presidencias municipales de al menos 19 municipios reservando el registro de candidaturas exclusivamente a mujeres, pocos podrían imaginar que el efecto colateral sería la extinción del Instituto de la Mujer para el estado de Morelos por 16 de los 20 votos posibles en la LVI Legislatura.

En el acuerdo, tomado en cumplimiento de una sentencia del Tribunal Electoral para el Estado de Morelos, el Impepac incluyó a Cuernavaca, capital del estado y uno de los municipios que jamás ha tenido una presidenta municipal electa por el voto popular. Las y los consejeros no tomaron en cuenta (no están obligados a hacerlo) que la medida afectaría directamente los intereses del coordinador parlamentario del Partido Acción Nacional, Daniel Martínez Terrazas, quien ha venido preparando su candidatura a la alcaldía de la ciudad desde hace muchos meses.

La veda a candidaturas de hombres para Cuernavaca dio a Morena y sus aliados el medio ideal para negociar con Martínez Terrazas, quien en algún momento se había pronunciado en contra de la extinción del Instituto de la Mujer, y cambiar su voto y el de los diputados hombres de su partido para que el viernes apoyaran la desaparición del órgano autónomo, algo que algunos grupos feministas les reclamaron sin preocupar mucho al también dirigente del PAN estatal, de por sí no eran votos con los que contara.

El ciclo de Martínez Terrazas y el Instituto de la Mujer

Tampoco era que Daniel Martínez Terrazas fuera un abierto defensor del Instituto de la Mujer, en sus primeras declaraciones sobre la intención de extinguirlo, el coordinador parlamentario de Acción Nacional había expuesto la necesidad de revisar la iniciativa para que las mujeres no quedaran desprotegidas y considerar la mayor conveniencia para ellas. Su postura cambió después probablemente por uno de cuatro factores o la combinación de ellos: primero, el llamado de su dirigencia nacional a defender los órganos autónomos; segundo las declaraciones dubitativas de la todavía presidenta de la Mesa Directiva, Jazmín Solano López, respecto a la extinción del Instituto que hacía sospechar una inexistente falta de acuerdos sobre el particular; tercero alguna promesa de alianza con grupos de mujeres que eventualmente le podrían significar una base electoral; y cuarto, la posibilidad de usar la negativa como una herramienta de negociación política con el régimen y la mayoría morenista en el Congreso.

En la negociación obtuvo lo que más le interesaba (levantar la reserva de candidaturas en Cuernavaca); los grupos feministas que podrían haberlo apoyado prefirieron, obviamente, respaldar a cualquier mujer antes que al diputado; la línea se endureció en Morena diluyendo cualquier viso de controversia en el tema; y la excelente relación de Martínez Terrazas con su dirigente nacional permitió convencerlo de la conveniencia de ceder en la defensa del Instituto de la Mujer. No había ya razón para mantener el rechazo, aunque eso le costara la molestia de su mejor cuadro en el Congreso, la diputada Andrea Gordillo Vega.

El futuro de Andy Gordillo

Andrea Gordillo Vega era la opción natural para la candidatura del PAN a la alcaldía Cuernavaca. Una joven inteligente, entusiasta, trabajadora, fresona, que representa a una buena parte de la sociedad tradicional local. Andy, como le gusta que le digan, se estaba preparando para ser alcaldesa, o por lo menos así lo parecía por la presencia muy constante, desde hace más de tres años, en las giras y actos públicos del alcalde, José Luis Urióstegui Salgado.

Gordillo Vega estuvo enojada en la sesión del Congreso del viernes y voto en contra de las dos reformas que, a su juicio, afectarán a las mujeres de Morelos. Lo de ella no era un sencillo berrinche por ver que la reserva que le habría permitido el acceso a la candidatura de Acción Nacional a la alcaldía se diluía en manos de quien se supone su compañero de partido, coordinador parlamentario y a veces hasta líder. No, Andrea realmente es una feminista activa y no iba a traicionar a sus compas de toda la vida.

El problema es que a Andy sí la traicionaron. Ni siquiera la corrieron la cortesía de avisarle que iban a desmantelar dos preceptos que ella defendía, la autonomía del Instituto de la Mujer y el acceso paritario a los ayuntamientos.

Gordillo Vega no tiene mucha cancha en Acción Nacional, para la próxima elección podría buscar solo una diputación federal, o resignarse a, si le dieran chance, ser síndica municipal o regidora, lo que sería un evidente retroceso. A lo mejor las oportunidades están en otro lado y parece que Movimiento Ciudadano ya le tiende la mano. Por cierto, parece muy fácil que la falta de Andy Gordillo haga perder al PAN y le abone a otro partido.

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Daniel Martínez Castellanos