Dos momentos en Tabachines, Cuauhtémoc Blanco y Margarita

 

Los aficionados a subtitular lo obvio aseguran que el grupo del exgobernador Cuauhtémoc Blanco Bravo debe estar muy molesto con la gobernadora Margarita González Saravia y su equipo de colaboradores por hacer públicas la cantidad de carpetas de investigación que la Contraloría de Morelos tiene sobre los procesos de entrega-recepción de la administración estatal, y algunas otras.

Seguramente los exfuncionarios señalados ya abiertamente y los que están por descubrirse, alegarían algún daño en su imagen, como si fuera posible afectar a cosas tan deterioradas; aunque el fondo del asunto parece ser la depuración que la gobernadora ha iniciado en la mayoría de las áreas de la administración pública estatal (por lo pronto ya dio de baja a dos funcionarios porque según ella misma dijo “les ganó la tentación”) y el efecto que ello tiene en los espacios de poder que aún presumían algunos de los excolaboradores del exfutbolista, exalcalde, exgobernador y ahora cuestionadísimo diputado federal aún en las filas de Morena, el partido que le dio un tercer refugio político (primero fueron el Social Demócrata de Morelos y Encuentro Social) y lo postuló al Congreso de la Unión.

Básicamente el problema es que, a diferencia de los gobiernos anteriores, en que la alternancia entre los grupos de poder fue evidente, en el caso de este cambio de gobierno, los que se tendrían que haber retirado decidieron de alguna forma no hacerlo y buscar mantener espacios desde donde podrían mantener cierta influencia política y muchos negocios particulares más allá del proyecto de gobierno de Margarita González Saravia y su equipo. Las denuncias y probables sanciones administrativas y penales hacen peligrar no solo la legitimidad (bastante dudosa) que tenían esos liderazgos, sino también la influencia y coyuntura que les permitirían actuar sin rendir las obligadas cuentas.

Así que el enojo de los exfuncionarios resulta bastante obvio y, aunque no lo parezca por la aparente indolencia del exgobernador cuyas más virales apariciones públicas han sido destrozando la crónica deportiva en partidos de la liga MX de futbol profesional; alcanza también a Cuauhtémoc Blanco quien el fin de semana habrá tenido otro motivo para hacer coraje.

La gobernadora decidió visitar a la asociación de colonos del Fraccionamiento Tabachines, una de las zonas residenciales exclusivas de Cuernavaca. Los colonos la recibieron con singular alegría y le prometieron apoyo mientras ella exponía proyectos de inversión y desarrollo para el estado, junto a los secretarios de Desarrollo Económico y Trabajo, Víctor Sánchez Trujillo, y de Turismo, Daniel Altafi Valladares. Y a lo mejor en otras latitudes esa podría verse como una reunión poco relevante, pero para los morelenses, resulta un recargón más a la figura del exgobernador quien resulta ser vecino de ese fraccionamiento. En efecto, Cuauhtémoc Blanco jugó muchas veces golf mientras el estado se incendiaba en el mismo campo que sirvió de fondo a la reunión de la gobernadora González Saravia.

Otro político residente en el mismo fraccionamiento, por cierto, es el otrora aliado y desde hace algunos años acérrimo crítico del gobernador, Hugo Eric Flores Cervantes, hoy también diputado federal por Morena quien en el 2022 aún defendía al entonces gobernador y unos meses después, ya en el 2023 lo acusaba de ser el principal generador de violencia en Morelos, tomar decisiones borracho, y apenas el viernes pasado lo señaló como el cabecilla de un grupo dedicado “a saquear las arcas públicas” de Morelos.

Por cierto, ¿alguien más tiene cierta curiosidad antropológica por ver cómo se comportan los diputados federales de Morena vinculados con Morelos? Hagamos una revisión superficial; Cuauhtémoc Blanco, quien no necesita presentación; Hugo Eric Flores, enemigo evidente del exgobernador; Sandra Anaya, aliada política del exgobernador y aficionada a la compra de terrenos a bajo precio; Ariadna Barrera, antes morenista de cepa, luego aliada incondicional del gobernador y ahora extraviada entre 500 legisladores; Agustín Alonso Gutiérrez, enemigo político del exgobernador pero sospechoso eterno de conductas similares; Juan Ángel Flores Bustamante, aspirante a la gubernatura en la eterna búsqueda de apoyos políticos; Meggie Salgado Ponce, sin duda la más cercana a la gobernadora, Margarita González Saravia, y la única que parece no tener una agenda para beneficios personales exclusivos o preponderantes; ¿se reunirán a veces para platicar sobre el estado?

Por lo pronto parece que, si bien la idea era solamente identificar los eventos de probable corrupción en la administración estatal anterior para recuperar los recursos y patrimonio públicos que se pueda, sancionar ejemplarmente a los responsables e identificar las necesidades de mejora en los esquemas administrativos para procurar que hechos de corrupción no se repitan tan fácilmente; el efecto es mucho mayor al que se había proyectado y pasa por la erradicación de (o por lo menos la mayor disminución posible de la influencia que tienen) un grupo específico de la política local; el que trabajó con y facilitó la aparente proliferación de esquemas de corrupción durante la administración de Cuauhtémoc Blanco; y en él hay desde funcionarios menores hasta representantes populares locales y federales.

En todo caso el problema es que, como en cualquier erradicación, las plagas suelen defenderse, en todo caso, tendría que esperarse que los políticos de la administración de Margarita González Saravia estén preparados sin importar el tamaño del coletazo que, para muchos inició con la movilización de taxistas de la semana pasada, pero aparentemente tendría una magnitud mayor según presumen quienes aún protestan cierta lealtad al exgobernador o, por lo menos, buscan protegerse a sí mismos.

Por lo pronto, la presencia de la gobernadora en Tabachines es un símbolo mayor, para quienes quisieran entenderlo.

@martinellito / martinellito@outlook.com

Daniel Martínez Castellanos