

Para nadie mínimamente informado y con sensibilidad hacia las injusticias es una sorpresa que lo que sucede en Palestina es terrible. La cuestión es que pareciera haber ciertos cambios positivos recientemente. El freno del gobierno británico a las negociaciones con Israel para un acuerdo comercial es una muestra de ello. No tenemos noticias de algo similar desde 1948 y la creación misma del estado israelí. Sobre una cosa no nos debe quedar duda: si nos organizamos y alzamos la voz, las cosas se mueven.
La decisión del gobierno británico ha sido respaldada por otros miembros de la Unión Europea. La agresión hacia personal diplomático (incluido un representante mexicano) por parte de soldados israelíes y la condena internacional que provocó es otra de las piezas de esta historia en construcción. Así, pareciera que el cerco mediático se está rompiendo y la balanza se inclina un poco hacia la víctima: el pueblo palestino.
En el ámbito académico también hay señales alentadoras. Si bien ha habido un valiente y sistemático apoyo de académicas y académicos, la reciente recepción de una delegación de la embajada de Palestina en México por parte de autoridades de El Colegio de México es una muestra de ello. Públicamente no se trató el tema del genocidio, pero el mensaje político de solidaridad es claro. ¡Bien por las autoridades del Colmex!, aunque surge una pregunta inevitable: las demás instituciones, ¿para cuándo?
Vale la pena hacer un poco de historia: Daniel Kent, investigador de la UNAM y experto en la temática, señala que la idea de crear asentamientos judíos en territorio palestino viene desde, por lo menos, el siglo XIX; las primeras colonias se crearon desde entonces. La llegada de Hitler al poder en la década de 1930, con la consecuente expulsión de judíos de Alemania, intensificó el proceso.
Una coyuntura clave es, desde luego, 1948 y la creación del estado de Israel. A partir de esa fecha, la expansión territorial a través de las armas ha sido sistemática. Kent subraya que ha habido episodios de violencia extrema, incluida la ocupación de pueblos enteros a los que incluso se les cambió el nombre. Una suerte de intento de borrar todo indicio de memoria palestina en esas regiones. Desde el pueblo palestino, esto se recuerda como Nakba, palabra árabe que puede traducirse como “tragedia” o “catástrofe”.
Hoy estamos ante una nueva coyuntura. Desde 2023, la ofensiva israelí ha implicado un cambio demográfico brutal. No tenemos claro cuál es exactamente el objetivo final. Sin embargo, resulta evidente que se trata de una operación de profunda reingeniería social en la zona a partir de factores étnicos y terriblemente injustos.

No olvidemos que esta expansión a través de las armas ha contado con el apoyo constante de potencias occidentales, de ahí la relevancia de lo ocurrido recientemente con algunos miembros de la Unión Europea. Aun así, lo más relevante en ese sentido sería que Estados Unidos retire el apoyo a Netanyahu y deje de armar al ejército israelí, que es el bando agresor, el agente genocida de esta historia. Y eso se ve aún lejano.
Por eso y otras cosas, hagamos todo lo que está en nuestras manos para impedir que se consume una de las grandes tragedias de la era moderna. No normalicemos ni seamos indiferentes ante estas formas de violencia extrema. Si bien siempre ha sido buena idea solidarizarse con el pueblo palestino, creo que este es un momento estratégicamente propicio para hacerlo. Pase lo que pase, ¡no dejemos de hablar de Palestina!
* Doctor en Estudios del Desarrollo por el Instituto Mora

Imagen generada con IA, cortesía del autor.

