

A /Acuclillada
Amaranta sigue con las puntas de los dedos el perfil de la tinaja. Feria en Tonalá. Estridencia de altavoces y reclamos comerciales. Polvo con vocación de cielo. Todo lo quiere Amaranta: los cántaros y los platones, las vasijas y las macetas, las ollas y los candelabros. Todo lo toma, lo alza, lo mide, lo abraza, lo acaricia. Se arrebuja la amplia falda volandera entre las piernas para que no arrastre y va avanzando así, en cuclillas, entre molcajetes y alcancías, jarros y figuras, comales y ánforas. De pronto alza la mirada y me deslumbra. Vuelvo a saberlo: mujer de barro y luz, Amaranta.
B/ Siempre que una mujer llega
a un lugar donde se vende barro hay una fuerza descomunal que la llama desde su infancia y la devuelve al tiempo en que pasaba las tardes perdida con sus cazuelitas, sin que le importe entonces el precio de las cosas ni las arrugas en el espejo ni las guerras ni la globalización del comercio mundial ni que a la presidenta le gusten las rifas ni que el Sol se apreste a pasar del otro lado de la Tierra ni que las estrellas ni que las galaxias ni que los hoyos negros ni que la curvatura del tiempo-espacio…
C/ O quizá la memoria
de la especie tiene algo que ver con esto. La seguridad o la intuición de encontrar en la arcilla el origen más remoto, tantas veces repetida por los poetas. Dijo Miguel Hernández:

Me llamo barro aunque Miguel me llame.
Barro es mi profesión y mi destino
que mancha con su lengua cuanto lame.
Y en otra ocasión Hernández se llamó un camino «de apasionado barro», mientras el dolorido Vallejo se calificó como «este pobre barro pensativo». No está mal, pasión y pensamiento como programa de humanidad
Ramón López Velarde lo apuntó con cierta cómica solemnidad, como si fuera un requisito de filiación:
Tarde mojada, de hálitos labriegos,
en la cual reconozco estar hecho de barro,
Y al hablar de la mujer ideal, nardo y mirto a un tiempo, igualmente atenta al «violín del querubín y al manzano terrenal», afirma que
esforzará su celo en serme,
llanamente,
barro para mi barro y azul para mi cielo.
Uno y otra, finalmente, como en la primera versión del Génesis, modelados con la misma arcilla.
*Doctor honoris causa por El Colegio de Morelos. Catedrático en la UNAM. Miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.

Liberación. Escultura en terracota de Sara Palacios. www.sarapa.com

