

Brevísimo anecdotario sobre la salvaguardia de la memoria archivística morelense
“¿Dónde están los documentos?”, pregunté al sacristán del templo de San Esteban Tetelpa, en Zacatepec. Se trataba de una docena de carteles antiguos que encontré y reservé del archivo, cuya sacristía había servido también como ayudantía. Dos de los carteles eran de la campaña presidencial de Plutarco Elías Calles. “Los seminaristas los quemaron en Semana Santa. Dijeron que no podía haber aquí una imagen de ese señor”, respondió apenado.
Habiendo sido vicaría fija de la parroquia de San Juan Evangelista de Xochitepec, el templo de Tetelpa integra un archivo con registros de bautismos, matrimonios y defunciones entre los siglos XVII y XIX, de San Felipe Xoxocotla, las haciendas de San Nicolás Obispo y Nuestra Señora de Guadalupe, de San Gerónimo Metla, San Juan Panchimalco y Santa María Tlatenchi, así como documentos del cuartel de Ejército Libertador del Sur, en Tlaltizapán.
“Mire, don Jesús, el acta de matrimonio de mis abuelos”, me dijo un amigo mostrándome documentos originales antiguos. Al preguntarle el origen, respondió: “En el bote de la basura de la parroquia de San Miguel Arcángel”. Al llegar al lugar, un matrimonio de pepenadores se había llevado ya la “basura”. Les ofrecí comprar las tres cajas de documentos. Eran los registros de solicitudes de matrimonio de fines del siglo XIX y principios del XX en Jojutla.
El descuido y la destrucción de acervos eclesiásticos y civiles, públicos y privados, es parte de la cotidianidad archivística. La ignorancia es el terreno fértil para que ello suceda. Tanto clérigos como civiles son responsables, por acción o por omisión, de la pérdida de invaluables documentos y archivos morelenses. Y las instituciones morelenses carecen de instrumentos y políticas para la salvaguardia y difusión del patrimonio documental de la entidad.
“¡Vienen por usted!”, dijo, lívido, mi abogado, justo cuando una amiga reportera me advertía, vía telefónica, que el subsecretario de Gobierno me acusaba, en una rueda de prensa por el presunto “robo” de un manifiesto con la firma autógrafa de Emiliano Zapata Salazar. Cinco días antes yo había solicitado, por escrito, se designase a la persona que lo recibiría. La respuesta fue la infundada y dolosa acusación. Cinco años después, la justicia me dio la razón.

El Instituto Estatal de Documentación de Morelos (IEDM) se encuentra en la obsolescencia. En su origen se pretendió fuese un centro académico de formación e investigación y terminó como bodega de documentos. El estado y los municipios carecen de instrumentos legales actualizados y de personal capacitado para la gestión y la administración de archivos. La creación del Archivo General del Estado de Morelos es una acción impostergable.

Imagen: Documentación electoral (fragmento);
Cuernavaca, Morelos; 1930. Archivo Jesús Zavaleta Castro.

