En artículo reciente, comenté sobre la transición del periodismo en general, y el cultural también, de la prensa escrita, hacia los medios digitales y hacia las plataformas de redes sociales. Esa tendencia sigue fortaleciéndose y no le veo límites, más allá de la cantidad de población con acceso a internet, y de los intereses específicos y restringidos, de los colectivos y agrupaciones de personas. Cualquiera con servicios de internet y acceso a alguna plataforma puede no sólo recibir informaciones, sino además, producir mensajes en variados formatos, y con ello convertirse potencialmente al menos, en creador de contenidos, que lanzados al espacio digital, puede encontrar sus destinatarios en cualquier parte del mundo. Por supuesto, ese proceso puede ir de ida y vuelta, generando auténticas comunicaciones.

Producir contenidos para un público amplio, incluso de millones de personas, es un hecho por parte de youtubers, mexicanos y del extranjero, algunos/as menores de veinte años, quienes en un lapso de uno o dos años, pasaron de unas decenas de seguidores a conseguir fans por todo el mundo. Eso ha sucedido en el campo informativo, periodístico, de la política y de las banalidades. Aquí quiero dejar claro que hay empresas culturales que operan en Morelos, que producen silenciosamente, para el mundo, sea programas radiofónicos o multimedia, incluso doblaje de películas, y películas animadas, y lo han hecho de manera independiente o con ayuda de algún fideicomiso para las artes. ¿Puede convertirse eso en una fuerte línea de impulso y desarrollo cultural con apoyo estatal y federal?

Imaginemos por un momento una política estatal y federal de formación y estímulo al desarrollo de empresas culturales morelenses, que agrupe a colectivos de talentos que viven y producen en esta entidad, para que pasen de producciones individuales, a colectivas. Ya lo hacen algunos grupos de danza, musicales y teatrales, pero no veo que la mayoría de sus propuestas sean audiovisuales, interdisciplinarias, de manera que no sólo su producto final sea un concierto o serie de conciertos musicales, una función de danza o de teatro o una serie de ellas, sino una serie de producciones audiovisuales de sus obras, para que lleguen a las televisoras y canales de youtube o de plataformas y redes sociales, con participación de videoastas, traductores, presentadores, en escenarios cerrados y abiertos, que muestren el patrimonio cultural extensivo de Morelos.

Insisto, en el caso de Francia, Italia, el Reino Unido, operan desde hace decenios, medios públicos que han transitado a multimedia y transmiten en varias lenguas, para el mundo. Pero habiendo nacido antes que internet cada una de ellas, les llevan ventaja las empresas de Disney, Netflix, entre otras, y en el caso de Suiza, hace ya cinco años se planteaba la urgente necesidad de lanzar producciones locales, para competir con esas empresas como Netflix, que dominan ya el mercado de empresas culturales en varias partes del mundo, con mínima exposición de los artistas locales. ¿Sería mucho pedir una iniciativa desde Morelos para dar esa batalla? Se puede, asociándose con otras entidades, y con el gobierno federal, de haber voluntad y acercamiento con jóvenes que destacan en el ámbito de los multimedia, las redes sociales y las grandes producciones para infantes y jóvenes.

México llegó a casi dominar el mercado mundial de las telenovelas, años atrás. Perdió mucho terreno, no actualizó literariamente su banco de obras, pues apostó a lo viejo, a lo seguro, a la mercancía probada. Pero perdió también la oportunidad de dar su lugar a los grandes escritores que tiene, incluso en Morelos, en calidad de novelistas, cuenteros, historiadores y cultivadores de las artes y de las humanidades. ¿Se imaginan que operen por acá, digamos unas cincuenta empresas con tales fines, y con destacadas/os jóvenes a la cabeza de esos proyectos? ¿Alguien que le entre a esta discusión?

Imagen cortesía del autor

Miguel Á. Izquierdo S.