

TURBULENCIAS
Por decreto, es navidad en Venezuela desde el primero de octubre. Sin embargo, por más que le canten villancicos desde la presidencia, Santa Claus se hace de oídos sordos y simplemente decidió que no llegará sino hasta la fecha agendada anualmente por los países que celebran esa fiesta.
Por un reciente juicio penal histórico, el expresidente de Estados Unidos fue encontrado culpable de 34 cargos de los que se lo acusaba. El autodeclarado inocente de todas las acusaciones es a su vez candidato a las próximas elecciones de noviembre.
Mientras tanto, por el mundo y sin decreto alguno de por medio – a lo mejor hicieron falta- ocurren fenómenos naturales turbulentos, no respetuosos de la humanidad o bien intensificados por las activades humanas desconsideradas de la naturaleza. Adelina dejó la revista mensual sobre la mesa, exhausta, indignada, angustiada, sin saber cuál de las tres emociones la dominaban en EL preciso momento de dejar de leer los artículos que analizaban la situación bélica imperante en medio oriente y en otros países menos mediatizados.
Tomó un receso acompañado por un capuchino espolvoreado de cocoa y unas galletas de mantequilla. Se dedicó a sopear su bebida caliente escuchando el estrépito de los rayos definidamente empecinados en no querer concluir la temporada de lluvia.
Buscó las reseñas culturales para reposar la mente, pero como encontró el articulo dedicado a la nueva premio nobel de literatura, recordó su lectura tormentosa de su obra La vegetariana: Yeonghye, la protagonista, está perdiendo su voz: “No quiero”, “no como carne por mis sueños” son las palabras que brotan de su cuerpo en plena metamorfosis de vegetalización (según ella), de regresión infantil (según su hermana), de locura (según su esposo) y de cambio corporal con potencial erótico (según su cuñado). Las tres voces convierten a la protagonista, definitivamente incomprendida, en objeto de rechazo, de culto artístico o de fantasma como si fuera su condena.

Adelina recordó que si Borges nunca recibió el Nobel pero Dylan sí, podían seguir sucediendo decisiones insólitas en el medio literario también.
Adelina decidió ese domingo aprender a tejer gancho para relajarse del mundo estresante de las noticias. Se inscribió a un curso en internet para aprender las bases e iniciar un primer proyecto. Realizó una búsqueda intensiva de plantillas para escoger un modelo que fuera accesible a su nivel de principiante. Encontró murciélagos, arañas, vampiros, brujas y demás personajes del mundo sobrenatural por estar a unos días de Halloween. Decidió posponer su tarea y esperar el ambiente navideño más propicio al descanso, pero este tema la remitió enseguida a la primera noticia relacionada con Venezuela.
Cabe destacar que este texto fue escrito en el transporte público. No contiene final porque la ruta llegó a su destino antes de terminarlo, así como sucede con las películas en el autobús. En ambos casos, es de todos sabido lo acrobático que resulta escribir bajando los escalones y luego arriesgado sosteniéndose con una sola mano en el metro. Además, las noticias mencionadas antes son tan increíbles que la pregunta que el autor se puede hacer al respecto es entonces ¿para qué esmerarse a seguir escribiendo ficción? La respuesta podrá ser revelada en las siguientes semanas o no.
Nota: Los sucesos y personajes retratados en esta historia son ficticios. Cualquier parecido con personas vivas o muertas, o con hechos actuales, del pasado o del futuro es coincidencia, o tal vez no tanto. Lo único cierto es que no existe manera de saberlo y que además no tiene la menor importancia. Creer o no creer es responsabilidad de los lectores.
*Escritora, guionista y académica de la UAEM

