

ARTILUGIOS
“Ni se te ocurra olvidar el 26 de septiembre porque si no…” recordó Amelia con un tacto inusualmente básico, para no decir ausente, dirigiéndose a su novio, esperando asentimiento de su parte. La mujer solía recurrir a diversos artilugios para convencer a Fabricio de la importancia de las fechas conmemorativas, especialmente aquellas relacionadas con ellos. Desde una postura opuesta y asumida, festejar el aniversario de noviazgo resulta ser un acto que rebasa cualquier nivel de cursilería según los parámetros de Fabricio, quien se rehúsa año con año buscando pretextos cada vez más elaborados para que Amelia caiga redondita y, sobre todo, sin cuestionar nada “porque es cansado tener que justificarse”. Podríamos afirmar, de hecho, que fabricar pretextos es un arte en el que este hombre ha edificado su trayectoria profesional para evitar situaciones incomodas. Aquí es preferible no especificar ni el puesto ni la ocupación de Fabricio, A manera de evitar posibles repercusiones –la gente ha alcanzado tal grado de sensibilidad – en sus labores actuales y futuras. regresemos al tema de recordar, bueno, no nada más recordar, sino celebrar majestuosamente un día que tal vez el mismo Fabricio, acostumbrado a relaciones efímeras, prefería no apuntar en su agenda para no sentirse atado ni por una fecha. Sí quería a Amelia, aunque a su manera, cosa que ella no lograba entender al cabo de dos años de estar juntos – técnicamente en dos departamentos separados y en dos ciudades distintas- “para no estar encimados” en palabras de Fabricio. Qué tal si yo quiero cenar tacos y tú un pan dulce con leche. Ese era el argumento mayor, el que salía al rescate de cualquier enojo incipiente entre ambos. Para Amelia, dicho argumento no lograba conformarse como tal, sino como un vil intento mal intencionado de desviar la discusión. Cabe mencionar que el primer 6 de octubre, Fabricio estuvo a punto de no llegar al encuentro. Desde entonces, contaba con una serie de fotografías/pretextos: una cambiando una llanta que iba a usar hasta cambiar de modelo (de vehículo, no de novia). También tenía una de percance automovilístico sencillo, aunque en la foto luciera aparatoso; otra de una pierna lastimada (no rota, por las implicaciones largas y difíciles de manejar) poniendo cara de sufrimiento. Las demás tenían que ver con un piquete de alacrán, una borrachera fenomenal y finalmente la de una caída que no usaba mucho porque le preguntaban quien carajo había sacado la foto en ese preciso momento. En aquel primer día, Fabricio había recurrido a la clásica llanta ponchada; clásica mas no menos efectiva porque su toma cercana no permitía identificar con claridad el lugar del evento. Conforme se iba acercando peligrosamente la fecha mencionada, Fabricio simulaba estar involucrado en el festejo preguntando a Amelia si le gustaría empezar el día con un desayuno en el restaurante Colibrí –su preferido–, o bien si prefería esperar el mediodía para almorzar en un lugar más campestre. Incluso ofreció llevársela de viaje al mar en un fin de semana extendido. Era notorio que Amelia se iba regocijando anticipadamente con las preguntas de su novio. Sin embargo, el anuncio de huracán en la costa pacifica amenazaba con cambiar los planes de festejo al punto de cancelarlo. Amelia escogió el desayuno en un restaurante cerrado con tal de evitar que los efectos atmosféricos impactaran en sus planes. Sintió remordimientos pasajeros al saber que John había nuevamente destrozado Acapulco. Eso sucedió antes de recibir cierta foto en la víspera del festejo: el hombre vestido de short y chanclas se encontraba cambiando la llanta de su coche bajo un sol radiante. En la leyenda de la foto, Amelia leyó el siguiente mensaje: bebé, ve nada más lo que me ocurrió. No voy a poder llegar.
Nota: Los sucesos y personajes retratados en esta historia son ficticios. Cualquier parecido con personas vivas o muertas, o con hechos actuales, del pasado o del futuro es coincidencia, o tal vez no tanto. Lo único cierto es que no existe manera de saberlo y que además no tiene la menor importancia. Creer o no creer es responsabilidad de los lectores.
*Escritora, guionista y académica de la UAEM

